
Mike Amigorena: "Pienso como un niño grande"
Con una tira en el prime time de la tevé y un disco recién grabado, a los 44 años se define como un entretenedor. Dice que es “un Romeo que les canta a las mujeres”, y admite que lo impacta la reiteración de casos de violencia de género. “Por eso –afirma– no creo en el hombre ni en la Justicia”
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En una época buscaba llamar la atención, ya no me sale –reconoce Mike Amigorena, el hombre que alguna vez se calzó una pollera y buscó provocar con cada uno de sus dichos–. Ahora, en todo lo que hago queda expuesta mi naturaleza. Estoy más quieto, más satisfecho.”
¿Más reflexivo?
Siempre fui reflexivo. Hoy estoy [hace una pausa] más satisfecho conmigo, menos demandante, más pleno. Me permito disfrutar de la plenitud, mi presente es plenitud. Estoy enteramente abocado a Quiero a vivir a tu lado [Canal 13] y al disco [Amántico], y estoy bien. No necesito nada, y eso para mí es tener éxito. Hacer lo que tu corazón te diga es éxito, y yo lo tengo.
Adónde está ese lugar que alguna vez nos hizo hablar/ Mi corazón vacío está/ Es mi condena/ Mirando atrás hay sólo huellas/ Las que marcaron nuestro amor..., canta Mike en A veces, una de las once canciones que integra Amántico [editado por Sony Music]. “Es melódico, romántico, es otra cosa [con respecto] a lo que venía haciendo”, aclara.
Es tu primer disco solista, luego de tu trabajo con Ambulancia y Mox.
Es la carta del cantante natural, crudo. Sentí la necesidad de cantar en castellano como las canciones que me acompañaron toda mi vida. Aquellas que escuchaban mi madre, mis hermanas. Es un disco maduro, genuino, espontáneo, sofisticado. Son canciones que hablan de amor, desde el corazón. Algunas son mías y otras de Luis Cardoso.
¿Le gustó a tu mamá?
Sí, lo escucha todo el tiempo. Cuando me extraña, dice que lo pone. Me muero que diga eso. Cuando voy a Mendoza me recibe con el disco puesto. Soy el más chico, el malcriado.
Las fotos que Nora Lezano hizo para el disco te muestran elegante, seductor…
Soy un Romeo que le canta a la mujer, me gusta pensar en la mujer con vida recorrida, con historia. Es el público que me gusta, mujeres de 40 para arriba, hermosas, seguras de sí mismas.

Las mujeres siempre ocuparon un lugar importante en tu vida. Fuiste criado entre ellas y con el tiempo supiste cómo explorar tu costado femenino.
Amo a las mujeres, su universo, tan único. Yo no sabía que a la mujer se le pegaba tanto.
¿No lo sabías?
No, no sabía que las mujeres eran sometidas y que era tan frecuente que sufrieran maltratos por sus parejas. Uno podía escuchar o enterarse de uno o dos casos, como algo aislado, pero nunca imaginé que fuera tan habitual. Qué bárbaro. Esta es otra de las razones por las que no creo en el hombre, tampoco creo en la Justicia, nadie tiene la capacidad de cuidarlas, protegerlas. Nadie va preso. No existe la gente con peso que vaya presa. Te matan y no pasa nada. Cuando era joven, en el Mundial del 86, pensé que esto iba a ser un paraíso, que no iba a haber hambre, jamás imaginé que la gente tuviera que tirar una manta para salir a vender. Me molesta ver un tipo con la manta, que no tengas lugar por dónde pasar, pero por otro lado decís lo tiene que hacer. No creo en el hombre.
¿A qué te referís?
Todo está gobernado por malos, por egoístas, por ambiciosos. La gente buena, que es la imprescindible, está guardada, es la que finalmente va a salvar al mundo, pero por ahora sale siempre a flote lo malo. A lo largo del tiempo, el hombre ha perdido palabra, ha perdido certeza. No se ocupa de lo que siente, sólo se preocupa de ser número uno. Ya no hay franqueza. Yo no quiero convivir con eso, al contrario quiero vivir con gente sencilla, pura, gente que hable de nimiedades. Ser o no ser, estoy como Hamlet, fue mi última obra. Después de 2011…fue un tsunami. Se murió mi papá, se cayó todo [con las manos simula un barrido, una fichas de dominó que caen, una tras otra, y que hace referencia también a su separación de Mónica Antonópulos]. Hay momentos en que no me gusta ser y otros que sí. Que Donald Trump sea presidente, por ejemplo. No hay que explicar demasiado. Nosotros hicimos posible que una persona como Trump llegue ahí. Sé que no está todo perdido, pero hoy el mundo es de los malos. Me vuelve loco, me hace remal ver tanta violencia. La violencia me aterra. Una vez me preguntaron qué haría si tuviera impunidad, respondí que mataría.
¿Seguís pensando lo mismo?
Es algo tan subjetivo. Depende de la situación, pero no dudaría en quitar una vida. Pero no me pasa, porque no me vinculo con la inseguridad, no me vinculo con la violencia. No sabría qué hacer, no sé pelear, no soy un tipo que se tope con la violencia. Me duele mucho ver que la gente se pelee, los políticos, la política.
No solés hablar de política.
De qué partido podría ser más que el de la integridad, de ser tolerante, comprensivo. Ese es el mejor partido. Soy reconsciente de lo que sucede a mi alrededor, de lo que sucede en el mundo. Soy consciente de que no vamos a buen puerto, que algo va a pasar, alguna purga, nos vamos a matar entre nosotros.
¿Qué te inspira?
Miro muchos documentales, de naturaleza, de experiencias de vida. Inspiraciones, como son la historia de Usain Bolt o la vida de una persona que tuvo un ACV y se recuperó. Me sacude ver a una persona con ACV que alguna vez fue una eminencia y que ahora ni siquiera puede hablar. Esas historias de superación me hacen valorar lo que tengo, a mí que no me duele nada, que amanezco todos los días y que hago lo que quiero, lo que me gusta. Soy un tipo que vive en el éxito. Toda mi vida fue así, desde que mi mamá me concibió procuré vivir en el éxito, y eso que cuando era chico lo deseaba todo. Mi mamá me acompañó para que pueda ser un satélite que no dependa del otro. Era chiquito y jugaba solo, imaginaba mi propio mundo. Viví en constante apego con mi familia, con mis hermanas. Vivía entre los árboles. Así me crié, esa es mi matriz, ese soy yo con mis apegos, con el vínculo que armé con la naturaleza.
¿Por eso compraste con unos amigos un campo en Calamuchita, para volver a la esencia?
No quiero estar acá [hace referencia a la ciudad de Buenos Aires], porque la horda te lleva a que pienses como ellos. Estás en un semáforo, se pone verde, no avanzás porque tenés un auto adelante. El de atrás te toca bocina, te grita, te dice dale pelotudo, y vos respondes también a los gritos boludo, me voy a quedar en el medio de la calle. Sentís que te empujan y vos te quedás en el medio de la calle y obstruís el paso de un colectivo. Se genera un embudo. Todos gritan. Eso somos. No está bueno, por lo menos para mí. Entonces hago lo que puedo, no peleo, me pongo en el lugar del otro. Calamuchita es mi cable a tierra. Sé que voy a terminar en el campo, criando animales, me gusta esa vida. Vivir en la naturaleza, venir acá para hacer películas, teatro. Quiero que mi permanencia sea en el campo, en Calamuchita. Lo compramos con dos amigos, queremos armar una especie de colonia, sembrar y vivir de lo que plantamos. Me parece que la salida a estos tiempos modernos, violentos es la vuelta a la naturaleza, lejos de lo material.

¿No querer más?
Exacto. No querer más. La vida no pasa por tener el último celular. Nos estamos matando, hay que resguardarse con gente querida, con gente que uno ama, ése es el único oasis, el que nos va a permitir conservar nuestro espíritu intacto, sin la contaminación de lo que sucede a nuestro alrededor. Lo que estamos viviendo no está bueno.
¿El desafío es encontrarse con uno mismo?
Vivo conmigo mismo. No me siento con nadie como conmigo mismo. Está buenísimo, claro que tiene sus garrones, pero elijo estar bien conmigo mismo para poder estar bien para el otro.
Sos un defensor de la soledad al punto tal que estás convencido de que no podés vivir en pareja.
Hoy puedo decirte que me siento bien estando solo, paso mucho tiempo solo. Uno tiene que estar bien con uno mismo para poder hacerlo, porque si no podés transformarte en tu peor pesadilla. Está bueno extrañarte. Me agota pensar que me querés ver todos los días y que yo tengo que verte todos los días. Qué puedo decirte, qué puedo ofrecerte. El verte tiene que ser un programa. Con esto no quiere decir que no quiero formar una familia, tener hijos.
¿Soñás con tener hijos?
La familia es algo precioso y los hijos son lo mejor que puede sucederle a uno. Sé que viviría para y por mis hijos. Me veo en Calamuchita con una gran familia. Imagino que van a un colegio de por ahí, que comen huevos, corderito. Que no vamos a tener la necesidad de comprar, de tener y de querer tener más, de tocar la bocina. Nada de eso nos va a contaminar.

Escucharlo hablar tan relajado, tan instrospectivo se contrapone con aquel Amigorena que buscaba llamar la atención, que provocaba todo el tiempo y que con sus dichos le valió el mote de rarito. “Son búsquedas del momento. Cuando era chico me escudaba en esa rareza, en esa sofisticación, pero no se me acercaba nadie –reconoce–. Con el tiempo comencé a ser menos raro, a acercarme a ser yo mismo. No quiero decirlo, pero estoy más grande. Voy a cumplir 45 años, y hay algo en mi cabeza que hace que ya no me abatate, que tome decisiones claras. Tengo energía y experiencia. Siento que vivo más liviano, porque necesito menos para vivir. Si todo el mundo supiera lo que significa eso. Es cierto, no todo el mundo tiene el privilegio que tengo yo, de hacer lo que quiero, que me chupe un huevo todo, no me debo a nada ni a nadie. Todo lo que quise lo hice y lo que no, por algo será.”
¿Te hacés cargo de lo bueno y de lo malo?
No culpo a nadie, todo es gracias a mí y a mi culpa. Me hago cargo si me va bien y también si me va mal. No culpo al otro. Me gusta dialogar, que me muestren mis errores, eso me ayuda a crecer, ver lo que me hace bien y lo que me hace mal, y eso lo suelto.
¿Hacés terapia?
Ya no. Hice durante mucho tiempo. Estoy en un break. A mí me sirvió mucho ir semanalmente, pero era otra etapa de mi vida, ahora creo que no me hace falta, y eso que me encanta ir a terapia. En una época llegué a tener dos terapeutas. Me gusta hacer todo lo que pueda servir para estar bien, para mejorar.
¿Qué es lo que más te gusta hacer?
Nada me gusta tanto como no hacer nada. ¿Qué hago hoy? Me fumo un porrito, voy al gimnasio, vuelvo a casa y si me dan ganas, me hago un asadito. Eso es un premio. Disfruto comer. Toda la plata me la como. Me gusta salir a comer, también tengo a una persona, Caro, que me prepara unas viandas exquisitas. Me gusta ir a comer solo. Sentarme, repasar la lista, pedir unos calamaretis con radicheta y ajo de entrada y una copita de champán. Ese es el placer más grande, que ni siquiera se compara con las caricias. Por ahora no superan el placer de estar solo. Por ahora, pero todo puede cambiar.
EN TODOS LOS FRENTES
Tras el éxito de Guapas, en 2014, Mike volvió a la televisión con la comedia Quiero vivir a tu lado, sacó un disco solista y espera estrenar su primer protagónico en cine. Mario on tour es el título de la película que rodó con dirección de Pablo Stigliani.
Un personaje hecho a tu medida.
En abril se va a cumplir ya un año de aquel rodaje en el Partido de La Costa. Una historia hermosa la de Mario, este hombre que se gana la vida cantando canciones de Sandro en cumpleaños, casamientos. Un cantor que rinde tributo a Sandro, que tras el reencuentro con su hijo encontrará el éxito que siempre esperó. Me movilizó tanto este contacto con Sandro. Mi mamá lo escuchaba a él, a Armando Manzanero, a Tom Jones, a Paul Anka, a Camilo Sesto, bueno, mi disco tiene todo esto, porque me empapé de todos ellos cuando era chico y apareció en mí ahora.

¿Cómo el piano?
Toda mi vida quise tocar el piano, tomé la decisión y hace un año y medio empecé con las clases. Tengo mi teclado en casa, ahora paré por las grabaciones de la novela, pero ya volveré. Estuve a punto de comprarme un piano, ya lo voy a hacer. Es una gran compañía. En cuanto a berretines me falta bailar tap y malambo. Más adelante voy a cantar folclore, la idea es que sea un cantor, que salga a escena y cante canciones de amor de Barry White, algunas mías y una chacarera de Carabajal. Falta para eso, pero quiero hacerlo.
Se interrumpe la charla. En el comedor de los estudios Baires, en Don Torcuato, le avisan a Mike que tiene que volver a grabar una escena de Quiero vivir a tu lado. Pide disculpas. A la media hora vuelve. Se lo ve cansado. “Pero feliz –aclara–. La estoy pasando muy bien. Nos divertimos mucho, es un elenco con el que me conozco de toda la vida [Muriel Santa Ana, Paola Krum, Flor Peña, Alberto Ajaka]. La pasamos muy bien, yo la paso bien, para mí fue fundamental tomarme un tiempo de la tele, porque me permite hoy mostrar algo diferente. A mí me atrae la impermanencia. El tiempo, además, te permite encarar otras búsquedas, como centrarme en la música. Varios capítulos van a estar musicalizados con mis canciones. La música siempre está vinculada con lo que hago.”
¿Seguís definiéndote como un entretenedor?
Totalmente. Entretenedor para no ser solemne. Soy un tipo que entretiene, te voy a cautivar para hacerte pasar un buen momento, ya sea cantando o actuando. No pienso como actor ni como cantante, no sostengo esos roles, pienso como niño grande, un niño maduro. En realidad yo soy un niño y también un tipo grande, al que todo le molesta. Peleo constantemente entre ese niño y el tipo grande. A veces gana el viejo y otras, el pendejo. Además, soy un mediador entre ellos dos.
Un eterno aprendizaje.
Exacto. Todo es un aprendizaje, yo aprendí y sigo aprendiendo. Ya no pido más nada, vivo pleno todo el tiempo. Hay veces que también me quiero morir, porque no me quiero, pero son horas, después me regocijo en el presente, en la realidad que me toca vivir. Y en esos momentos sale el costado creativo, pinto, escribo canciones, no puedo estar sin hacer nada, pese a que no me gusta trabajar. Y para no trabajar, tengo que trabajar mucho, como ahora. Hasta que digo basta y por decir basta me perdí de buenas posibilidades, de buena plata. Igual, sé que puedo hacer cualquier cosa, estoy capacitado para hacerlo, porque ya lo he hecho. Me adapto, me adecuo a lo que sea necesario para llegar a esa felicidad. Por suerte nunca me toca nada feo, no es que tengo que adecuarme a una enfermedad, a la cárcel, al maltrato, a situaciones extremas. No sé qué es eso. Entonces valoro el buen trato, la salud, la sinceridad. Son pocas las personas sinceras que te rodean, las valoro cuando encuentro a esa gente que no habla pelotudeces, que no habla de uno mismo, que no está todo el tiempo pensando en el yo. Por eso creo que un gran éxito es el de poder respetarte, el de bancarte la pelusa, porque no todo es alegría y sol. Saber escucharte y respetar lo que escuchás es muy importante. Si no me hago caso, la paso mal. Siempre me digo: violín en bolsa.

1972
Nace en Maipú, Mendoza, el 30 de mayo. Tiene dos hermanas mayores: Graciela y Lilet
1992
Llega a Buenos Aires dispuesto a ser actor. Antes, trabaja de repartidor de pizzas, telemarketer, cadete, promotor y modelo
2005
Llama la atención con la comedia Una familia especial. En 2008 se consagra con Los exitosos Pells y gana el Martín Fierro
2014
Protagoniza Guapas en Canal 13. Consigue su primera nominación a los Premios Gardel con su banda Mox, algo que se repite en 2016
2017
Vuelve a la televisión con la comedia Quiero vivir a tu lado, junto con Paola Krum, Florencia Peña y Alberto Ajaka
El futuro
“Tengo que empezar a mostrar mi disco. Ya van a sonar algunas canciones en la novela. Se va estrenar Mario on tour y para TBS presenté un piloto de humor junto con Martín Garabal”






