“Nadie lo sabía, pero yo odiaba mi vida”, luego de una crisis, se armó un plan para transformar su energía
Una ruptura amorosa le hizo abrir los ojos, advirtió que el foco de su atención estaba equivocado y buscó el camino para encontrarse.
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Durante la mayor parte de su vida se había sentido observada, e incómoda con ella misma. Pensó que era su peso corporal el que le generaba problemas. Eso, sumado al hecho de que también percibía que sus pechos no tenían un tamaño con el que se sintiera cómoda, esa visión de ella misma fue un obstáculo difícil de sortear en sus primeros años de juventud. “El tamaño de mis pechos me producía bastantes conflictos: sentía que tanto hombres como mujeres fijaban la atención en esa zona de mi cuerpo. Decidí entonces hacerme una reducción mamaria. Tenía la esperanza de que aquella intervención resolviera el malestar con el que venía lidiando hacía ya varios años”, recuerda Carolina Cofre.
Sin embargo, contrario a lo que había imaginado, después de la cirugía comenzó a tener dificultades para vincularse con otras personas. Su autoestima fue cayendo cada vez más, hasta que sintió que había tocado fondo y necesitaba un cambio para poder vivir la vida con la que siempre había soñado.

“Vi mi reflejo en el televisor y fue traumático”
Criada en la localidad de Coronel Dorrego, en la provincia de Buenos Aires, cuando su madre falleció, se mudó junto a su padre a Chile, hasta que decidió regresar al país para completar sus estudios en comunicación social. En esos años también conoció a un novio de ese momento y padre de su primer hijo. “Ambos éramos muy jóvenes y, si bien no pudimos encontrarnos como pareja, mantenemos un lindo lazo como padres al día de hoy”.
Cuatro años más tarde, logró formar una nueva pareja y al poco tiempo contrajo matrimonio. Fruto del amor, nació su segunda hija. Pero, lejos de poder disfrutar de su nueva realidad como madre, todo se desmoronó cuando, una vez más, el vínculo con el padre de la niña llegó a su fin.

Se sentía triste, angustiada, sin ganas de ver a nadie más que a sus pequeños. “No sé en qué momento o por qué subí tanto de peso, lo único que recuerdo es haber visto mi reflejo en el televisor de 55 pulgadas que tenía en casa y fue traumático. Para colmo, mi familia siempre encontraba el momento para darme uno que otro consejito para bajar de peso. Yo sufría en silencio. Tenía ganas de estar tirada en el sillón o en la cama. Nadie lo sabía, pero odiaba mi vida y, como reflejo, la de los demás. Así que ahí estaba yo mirándome horrorizada frente al televisor. Y tomé la decisión de buscar un cambio. Quería probar hasta dónde podía llegar”.
Se dedicó a hacer actividades que la hicieran sentirse bien. Daba pequeños pasos, pero sentía que caminaba en el sentido correcto. Tanto que quiso animarse a una segunda oportunidad con su pareja anterior y volvieron a encontrarse. Ella se comprometió emocionalmente. Pero había sido víctima de su propio engaño. La realidad era que Carolina no estaba todavía lista para una relación. Y lo confirmó cuando su pareja puso fin al vínculo y la dejó sin rumbo ni posibilidad de reacción.
“Sentía que todos estaban en mi contra”
“Fue suficiente para que yo tocara fondo. Había engordado de nuevo en esos meses donde todo parecía estar bien. Pero la ruptura fue la gota que rebasó el vaso. Tomé conciencia del estado de victimismo en el que vivía: sentía que todos estaban en mi contra, no tenía control sobre mi vida. Eso era lo que creía”. Se aferró a lecturas que le abrieron los ojos: espiritualidad, metafísica, psicología, crecimiento personal, todo lo que caía en sus manos lo leía con pasión. También se mantuvo firme en la disciplina de intentar estar mejor cada día y pudo de a poco cambiar el foco para empezar a sanar desde el interior.

“Deje de ver televisión y mi día se volvió productivo desde las 6 que me levanto hasta las 23, aproximadamente, que me acuesto. Comencé a entrenar con la ayuda de un amigo que me enseñó cómo hacer adecuadamente los ejercicios y luego seguí sola. Hace unos meses asisto a un gimnasio con entrenamiento personalizado de hipertrofia muscular. Retomé mis acompañamientos terapéuticos y ahora tengo un emprendimiento de joyas. Vivo sola con mis dos hijos así que también soy mamá y podría hacer millones de cosas más si me diera el tiempo”.
Hoy se siente plena, y agradece haber pensado en ella misma: “El ejercicio hace que me abunde la buena energía, dice contenta y agrega: “Soy una mujer bendecida. Así es como me siento, soy mi naranja completa”.
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