Navegar las aguas pesadas de la banda más extrema
Un cronista vivió el recital de Napalm Death, el grupo inglés de grindcore que tiene un hit de 1,316 segundos
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"Se cayó el sistema." La excusa más escuchada en la cola de cualquier banco o dependencia pública no perdona ni al grindcore, la escena más extrema y subterránea del metal (los recitales no se anuncian en la radio y no hay 2x1 del Club LA NACION para la venta de entradas). En la puerta de entrada del boliche Uniclub -a una cuadra del shopping del Abasto-, una chica se queja de que está pagando 600 pesos para ver a Napalm Death y que, a cambio, no recibe una entrada que le deje un testimonio de su recital, sino un olvidable (y para nada coleccionable) comprobante fiscal. "Se cayó el sistema y no podemos imprimir la entrada", es la explicación que recibe la fan de parte de la chica de seguridad en lo que constituye la primer sorpresa de la noche: la custodia del recital de Napalm Death no está a cargo de un patovica de dos metros, sino de una mujer -bastante grandota, eso sí-. El percance de la entrada es prácticamente el único incidente de una noche que a contramano de los prejuicios que este cronista podía tener resultó más que tranquila. Para esperar un poco de quilombo no había que ser muy mal pensado. Napalm Death no es una banda más de heavy metal. Cuando comenzaron a tocar a mediados de los 80 en la ciudad inglesa de Meriden, a pocos kilómetros de Birmingham -el lugar en que nació Black Sabbath, los padres fundadores del metal-, decidieron llevar el punk rock y el heavy metal hard que escuchaban en sus casas y en la escuela secundaria a un punto más extremo. Seguramente sin proponérselo terminaron creando un nuevo subgénero del rock: el grindcore. Canciones de menos de un minuto, con riffs de guitarras distorsionadas y afinadas bien graves, una aceleración extrema a la hora de tocar la batería y una voz con gruñidos de ultratumba. Las letras, por su parte, resultan casi ininteligibles, pero combinan, con un particular sentido del humor, la denuncia social y el contenido político con un espíritu escatológico (obsesionados por la medicina, Carcass, otra banda histórica del grindcore, incluyó en su álbum debut hits como "Vomited Anal Tract" o "Mucopurulence Excretor").
Su primer disco -llamado Scum y que reunía 28 canciones en 33 minutos- sentó las bases de este nuevo subgénero que hasta ahora, no parece haber sido superado a la hora de llevar la música metal y el punk al límite, y que despierta pasiones entre personajes tan disímiles como John Peel (el legendario locutor de la BBC de Londres que fue el padrino musical de Napalm Death y Carcass), la estrella de Hollywood Jim Carrey y, más acá, el periodista y guionista Santi Calori.
"Cuando bandas como Napalm Death comenzaron a tocar tan rápido y pesado como fuera posible, era un intento serio de llegar al punto máximo en términos de música extrema. Siendo realistas, no podés progresar ni expandirte en algo que fue hecho para ser la conclusión", asegura Albert Mudrian, en su libro Eligiendo la muerte. La improbable historia del death metal & grindcore.
La idea de que Napalm Death llegó a un punto que no se puede superar tiene su correlato más grande en la canción "You Suffer", del disco Scum, que tiene una duración exacta de 1,316 segundos y una letra que se limita a preguntar: "Vos sufrís, ¿pero por qué?", lo que la convirtió no sólo en la canción más corta del mundo, sino también en un hit inevitable. La leyenda cuenta que una noche, a pedido del público, los Napalm Death la tocaron 55 veces. El éxito del poderoso minitema trascendió la escena del metal y en YouTube es posible encontrar versiones instrumentales de "You Suffer" en piano o ukelele.
Una vez adentro del Uniclub, un segundo dato que llama la atención de alguien que no está familiarizado con la escena: en el boliche venden la cerveza en lata y porrones de vidrio, echando por tierra la rutina de los vasos de plásticos a los que nos acostumbraron los festivales políticamente correctos. El local está lleno, superando ampliamente las 500 entradas vendidas que era el punto de equilibrio que se habían fijado los organizadores cuando se decidieron a "bajar" a Buenos Aires a Napalm Death en medio de su gira sudamericana que incluía San Pablo, Manaos, Río de Janeiro, Lima y Santiago de Chile. "No son muchas las veces de ver a un grupo que creó un nuevo género. Y Napalm Death es una de esas pocas oportunidades", aseguró Yasser Eid, socio de la productora Kick Fest que fue la encargada de traer a los padres del grindcore, y cuya próxima fecha es el debut en la Argentina de las leyendas del ska punk Mighty Mighty Bosstones, el 9 de agosto próximo.
En el club, el público masculino se impone al femenino en una relación de 9 a 1, pero más contundente es el triunfo de las remeras negras sobre cualquier otra prenda: adentro del boliche es casi imposible encontrar a alguien que no tenga estampado sobre fondo negro el nombre de una banda de rock, en un listado que va de los californianos Suicidal Tendencies a los brasileños Ratos de Porão, pasando por casi todo el abecedario del metal, de Agathocles y Brutal Truth a Terrorizer y Venom.
A las 10 de la noche, bien puntual, la banda sube al escenario. Si bien esta noche en Buenos Aires no hay ningún miembro original, la formación actual reúne a tres músicos de lo que se considera como la alineación histórica de Napalm Death: Mark "Barney" Greenway (voz), Shane Embury (bajo) y Danny Herrera (batería). En todos los casos se trata de verdaderos veteranos del grindcore: los tres superan largamente los 40 años y entre tema y tema dejan en claro que el género implica un esfuerzo físico no menor, especialmente a la hora de cantar. Rock de alto rendimiento...
Durante 70 minutos, los Napalm Death dan una contundente lección de cómo lograr un sonido extremo, pero evitando la bola de ruido que no deja distinguir una guitarra de la batería. Barney se dirige un par de veces al público, pero sin caer en ningún tipo de demagogia y tampoco da ninguna señal de creerse el personaje de "cantante de la banda más oscura del mundo". A años luz de las presentaciones de los grupos de death metal que con su prédica satanista a veces bordean el ridículo, como esos amigos que no saben cuándo parar con una broma, los Napalm Death son capaces de repartir botellitas de agua entre el público o detener el show a pedido de un fan que quiere recuperar el celular que se le perdió en el mosh (una variante del pogo). "Tenía fotos muy importantes", fue la aclaración del heavy damnificado.
Lejos de la postura superada del público indie que se puede pasar la mitad del show concentrado en su celular mientras escucha la banda, en el Uniclub la intensidad es muy alta y no sólo arriba del escenario. Adelante, los más fanáticos se trepan a la tarima para coros en un tema y después se tiran a la gente, mientras que atrás nadie pierde de vista lo que pasa con la banda. Al minuto 54 llega el único solo de guitarra de la noche, anticipando el final del show que incluye un explosivo cover de los Dead Kennedys bautizado sin sutilezas "Nazi Punks Fuck Off".
Cuando termina la presentación, Barney y el resto de la banda se quedan en el escenario varios minutos saludando, casi uno por uno, a los espectadores que se retiran felices del lugar después de una fiesta del metal extremo.
Algunas referencias culturales
- Discografía básica del grindcore: Napalm Death, Scum (1987)
- Carcass, Reek of Putrefaction (1988).
- Libros: Eligiendo la muerte. La improbable historia del death metal &grindcore, de Albert Mudrian.
- Películas: Until The Light Takes Us (2009)
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