
¿Romper para volver a construir? Hay parejas a las que la separación les funciona como afrodisíaco. Adrián Suar, Woody Allen y el resto de los hombres que se ponen de novios con su ex.
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Por Nicolás Artusi.
La estadística fría indica que cada dos matrimonios hay una separación. ¿Nada más? En un país donde una lírica de la cultura pop proponía Ezeiza como salida para el marido dudoso ("casémonos vía México…"), el divorcio cumple veintiún años y, en ejercicio de la mayoría de edad, es problema grande para los defensores de esa sacra institución, la familia. Pero tantos años de preocupaciones pastorales acerca del "fin del matrimonio" encontrarían una solución ahí donde menos se la espera: el mejor antídoto contra el divorcio es… el divorcio. Si en la Argentina la película más taquillera del año se propone encontrar Un novio para mi mujer con el atribulado protagonista, un balbuceante Adrián Suar, que vuelve a encender el fueguito cuando le deja el asado servido a otro, en Estados Unidos un título de la revista de autoayuda ya rebautiza el divorcio: "El último afrodisíaco".
Será cierto que existe una cosa positiva en la amargura de la ruptura dolorosa: la Era del Segundo Despertar Sexual. ¡Infinitas posibilidades de aventura! ¡Un mar de mujeres ahí afuera! ¡Erecciones no planificadas! En Maridos y esposas, Woody Allen filmaba el epílogo de su relación con Mia Farrow y se proyectaba en el personaje de Sydney Pollack, sesentón loco detrás del culo prieto de la treintañera. Hasta que redescubría a su esposa ácida, sí: la de siempre. Si una mitología barrial sostiene que a la ex se la verá mejor que nunca, toda Pilates, inmediatamente después de la separación, y mientras él luche con el gobierno de sus hormonas, llegará entonces para ella el Momento del Esplendor Tardío. Aun cuando parezca no existir ninguna posibilidad, por pequeña que sea, de salvar lo nuestro, una última generación de consejeros matrimoniales dirá: "Hable con ella".
Desprovisto de los rigores de la rutina, y con la liviandad de espíritu que supone creer que todo está perdido, el varón desatado podrá encontrar inesperado estímulo ya no en la pastilla azul o la fantasía XXX, sino en la flamante ex. Aunque los casos de reincidencia no están documentados en un país con deflación de estadísticas, un sentido común sugiere que el mejor afrodisíaco es la certeza de dificultad. ¿Una guía rápida para el sexo ídem? A) Evite las prácticas rutinarias que pudieron haber llevado el matrimonio a la ruina, olvide el mecánico acto del sábado a la noche y ensaye otras posibilidades en nuevos entornos: el hotel o la oficina. B) Haga un esfuerzo por ignorar los motivos que lo llevaron al divorcio y enfoque las cualidades positivas de su mujer (si aún cree que no las tiene, convierta eso mismo en objeto de su fantasía: dominatrix sadomaso o inocente colegiala). C) Combata la ansiedad: vuelva a mirarla, observe cómo camina o la geometría de sus curvas y descubra "algo nuevo". D) Si la pasa bien, vuelva con ella.






