
Paisaje cálido y serrano
No importa la estación, Tandil se ofrece siempre como alternativa para pasarla bien. Recorrido por una oferta gastronómica que alimenta el espíritu
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Cómo no pasarla bien en un lugar donde la inmensidad del paisaje serrano alimenta el espíritu; donde los quesos, que responden a recetas tradicionales, se estacionan y se cuidan cada minuto; donde los salamines rústicos y las especialidades europeas en chacinados se elaboran de manera artesanal y perduran con sabores para no olvidar, o donde la sonrisa de los lugareños se extiende hasta el desayuno gourmet que llega en bandeja hasta la cabaña, cada mañana. Ese lugar es Tandil, a sólo cuatro horas del centro porteño.
La oferta de actividades para el visitante es numerosa y siempre hay posibilidad de hacer más cosas, asesorados por los guías de Kumbre. Aquí, nos ocuparemos del circuito más gourmet. Tandil crece, cambia la fisonomía cada seis meses, pero mantiene un espíritu que lo hace apacible. Si bien la oferta de cabañas es numerosa, y óptimo para pasarla en familia, es importante reservar con tiempo porque las actividades en la ciudad son continuas, y el turismo también, sobre todo los fines de semana. Una suculenta bandeja de budines, medialunas, dulces caseros y masitas toca a la puerta de la cabaña para el desayuno. Luego llega la hora del paseo por los bosques del complejo, y de comprar la carne o los pollos faenados enfrente, para el asadito en el parque trasero. Esto sucede en Loma Bonita, donde los dueños, Cecilia y Marcelo, se aseguran de que no falte nada.
El centro ofrece todo tipo de lugares para disfrutar de picadas y comidas, entre los cuales Epoca de Quesos es un clásico. Es una casa que fue de adobe y que hoy sigue en pie, reciclada, para que el visitante pueda comprar y llevar, visitar la cava, comer en el salón o en la terraza-jardín. La Matera acoge con su gran hogar y el mobiliario le hace honor a semejante infusión nacional.
A una cuadra de la plaza principal se encuentra Syquet (propiedad de la reconocida empresa local Cagnoli): allí se puede visitar la primera cantina de maduración de jamones crudos tandileros a la vista.
Para los aventureros gourmet, una interesante opción es llegar hasta el Parque Industrial, a 15 minutos del centro, y recorrer las instalaciones de Produlac, la fábrica artesanal de quesos. Se puede observar el proceso de elaboración y comprar, a precios de conocedor, variedades de quesos de pastas duras y blandas, como el pepato, el cheddar o el suave azul, entre muchos otros (también, dulce de leche).
Si el programa es para pasar un fin de semana romántico, la apuesta será por la glamorosa estancia Ave María, donde Asunti Pereyra Iraola acoge a sus visitantes en cada una de las 10 habitaciones del antiguo casco. Living y mobiliarios europeos, comedor vidriado con vista al inconmensurable verde, huerta orgánica desde donde salen las ensaladas, frutas, salsas, dulces y demás productos de la zona, que un chef valenciano prepara para los almuerzos y las cenas. También se puede reservar para ir a comer o tomar el té. Tienen hasta un taxi londinense para recorrer los alrededores.
Como rareza, vale visitar el Bar El Cerro, en la cercana localidad de Leones, una antigua pulpería hoy concurrida por parroquianos, que supo ser la proveeduría de los trabajadores de la piedra.
Las estaciones no amedrentan. En cualquier momento del año Tandil se esmera por ofrecer lo mejor de su producción y de su corazón pampeano.






