
Para los mayores de 30, sonreír con brackets ya no avergüenza
Cada vez son más los que se animan a usarlos; afirman que transmiten una imagen positiva
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"Fue un sacrificio, a veces también me sentía un poco ridícula, pero cuando un día vi que uno de mis jefes se los había puesto, con más de 40 años y pelado, tomé la decisión", cuenta Luciana Díaz, que forma parte de la legión de adultos argentinos que, con más de 30 años, decidieron someterse a un tratamiento de ortodoncia con " brackets estéticos".
Ya no son más "aparatos". Ahora se llaman brackets , son casi transparentes y, aunque suene un tanto extraño, están de moda. En los últimos cinco años, las consultas de pacientes adultos que visitan al odontólogo por este tema han aumentado alrededor del 80 por ciento. Así lo confirman los especialistas consultados por La Nación, y aseguran que "socialmente hoy es algo que está bien visto". Ya no se trata sólo de un tema de salud, para corregir una mala mordida o una sonrisa de dientes apiñados. Una mínima imperfección basta para realizar el tratamiento. La estética, en primer lugar.
Para la doctora Liza Marigo Klein, "que un adulto hoy decida utilizar brackets tiene una lectura distinta, habla de una persona detallista, que le importa la estética y se cuida, que piensa en que los pequeños cambios pueden hacer una gran diferencia". La directora de Prodental Argentina refuerza: "Ser portador de brackets hoy da una buena imagen, de perfeccionismo".
Ya no bastan los dientes blancos, también tienen que estar perfectamente alineados. El odontólogo Carlos Herrera, docente de la UBA, es taxativo: "La principal causa de este fenómeno es la belleza. La estética también ha avanzado de manera apabullante sobre la odontología en los últimos años. Hoy todos quieren una sonrisa inmaculada".
A Marina Dirazar nunca le dio vergüenza lucirlos, aunque los primeros días estaba incómoda, le dolía la boca, no podía comer y le molestaban hasta para dormir. Tanto que, con algo de atino, su papá la objetó: "Marina, ¿me querés explicar para qué te pusiste eso ahora? ¿Te parece a esta altura usar aparatos?". Pero a ella poco le importaba el cuestionamiento de su padre. Estaba feliz con su decisión y, en la actualidad, con cinco meses de tratamiento, no se arrepiente ni un ápice. "Vi una oferta por Internet y me tenté, la verdad que es un tratamiento costoso y así tenía un buen descuento, así que aproveché", confiesa Marina, que luce brackets con 30 años recién cumplidos.
Tal es el furor por la ortodoncia moderna que las ofertas también proliferan por la Web. El doctor Fernando Cambra, de hecho, ofreció el tratamiento en un sitio de compras por cupones de descuento y se sorprendió por la cantidad de consultas recibidas: "Llamó muchísima gente, y la franja que va entre los 30 y los 40 años es la que más lo solicita".
Casi transparentes (de porcelana monocristalina o policristalina, que se colocan en la cara visible del diente); linguales (que pasan inadvertidos porque van en la parte interna de los dientes), y una técnica removible más conocida como Invisalign (que utiliza alineadores de plástico, sin alambres ni brackets metálicos y totalmente removibles) son las distintas opciones para tener una sonrisa espléndida.
Aunque los costos también difieren según el modelo elegido o más bien recomendado. "Dependerá de la complejidad del caso, pero siempre vale la pena porque los beneficios a largo plazo son enormes -dice Tomás Zygal, cirujano y director de Dental Esthetic-. El valor del tratamiento parte desde los $ 5500 en un caso muy sencillo, pero hoy la mayoría de las clínicas ofrecen financiamiento."
Para la técnica lingual, según la doctora Klein, hay que pensar en un 20 o 30 por ciento más, "pero siempre se paga un adelanto y el resto, en cuotas durante el tratamiento". Para la alternativa totalmente transparente (Invisalign) hay que depositar unos 3000 dólares, "más cuotas mensuales", refiere Klein.
Según Zygal, las mujeres son mayoría. "En líneas generales, el hombre va al odontólogo en última circunstancia. Las mujeres, además de cuidar más su imagen, son más valientes y no se atemorizan ante un tratamiento de ortodoncia o un implante. Pero también es cierto que hay cada vez más varones con brackets. "
Furor en Brasil
Si en Buenos Aires la tendencia está en pleno auge, en la ciudad de San Pablo, en Brasil, los brackets son furor. Pero a diferencia de los porteños, la mayoría de los paulistas lucen brackets metálicos, y muchos hasta con banditas de color. "Este fenómeno no se ve en ningún otro lugar del mundo -dice la ortodoncista Yanina Ketzelman, de Prodental, recién llegada de Alemania por un viaje de perfeccionamiento-. Sucede que en Brasil el sistema de salud cubre el tratamiento, y también por eso se ven más brackets metálicos, ya que son menos costosos."
Sonrisa de princesa y chau dientes apiñados. Ése es el lema de esta nueva moda. Y como prueba está la realeza europea: Máxima Zorreguieta, Letizia Ortiz y Kate Middleton también debieron someterse a un tratamiento de ortodoncia para lucir una sonrisa inmaculada. Pero ya nadie se avergüenza, todo lo contrario. Según dicen, usar brackets hoy da una imagen positiva.
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