
Pareja & Negocios
A tiempo completo o en dosis más moderadas, comparten el trabajo y la vida íntima. Cuatro ejemplos famosos de cómo la sociedad coyungal puede funcionar más allá del hogar
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Amor y trabajo full time, versiones más moderadas o la decisión absoluta de nunca más mezclar las cosas. Hay fórmulas idílicas que terminaron con furia, parejas que mutaron para estar más juntos y otras que se necesitan para inspirarse. Andrea Frigerio y Lucas Bocchino, Inés Berton y Rodrigo Toso, Cynthia Kern y Federico Bonomi, Sebastián Wainraich y Dalia Gutmann, nos cuentan qué pasa con el amor y la cotidianidad en tiempos de negocios. ¿Se puede? Cuatro ejemplos bien distintos de lo que puede suceder.
ANDREA FRIGERIO & LUCAS BOCCHINO

Empezaron a trabajar juntos en 2001, cuando él se convirtió en su manager. Antes se dedicaba casi exclusivamente al campo, pero tuvo ganas de un cambio. "Todo era una incógnita. Después de veinte años de matrimonio no sabíamos si funcionaríamos como socios. Me aboqué más al tema de ella, empecé a abrir locales de Etiqueta Negra y después surgió lo de los perfumes que ahora nos tiene absolutamente encantados", cuenta Lucas Bocchino, creador, junto con Andrea Frigerio y el hijo de ella, Tomás, de Roses are Roses.
Mientras él habla, la ex modelo, conductora y actriz sonríe satisfecha. "Todo esto tiene que ver con mi historia. Estudié biología y todo lo que es laboratorio siempre me atrajo. Por otra parte, vengo de una familia en donde reinaron las mujeres perfumadas: estar perfumados originalmente siempre fue nuestra característica."
–¿Cómo es eso de estar perfumado originalmente?
(A. F.) –Tiene que ver con no estar detrás de la moda. Para mí lo comercial es como el fast food. Jamás me gustó consumir el perfume de onda. Es como la canción del verano, que siempre termina siendo detestable. Creo que una mujer elegante debe tener su propia biblioteca de perfumes.
–¿Cuál es tu rol en la empresa?
(A. F.) –Hago las búsquedas olfativas, soy algo así como la editora de fragancias. Lucas está en la parte administrativo financiera y mi hijo Tomy se encarga de los locales. Participamos todos, incluso Fini [su hija menor], que con 14 años da excelentes consejos.
(L. B.) –Todo empezó paso a paso y ahora estamos disfrutando de esa maravilla que es crecer juntos. Andrea me contagió la locura por los aromas y ahora soy yo el que prueba y perfuma la casa todo el día. Rosas en el living, jengibre y vainilla en la cocina, lavanda en los baños, tilo en los dormitorios.
–Andrea, hablabas de herencia. ¿Quién te marcó el camino?
(A. F.) –Mi abuelo llegó desde Londres y siempre fue un dandy que olía increíble. Mi abuela Paulette, que era de Marsella, otra sofisticada, que usaba colonias riquísimas. La otra abuela, la española, también vivió impecable. Y mi abuelo italiano tenía un tic con las lavandas. Hacía pequeños ramitos y los desparramaba por todas partes, especialmente en la entrada de los baños. Toda la vida aproveché los viajes para comprar cosas diferentes, incluso libros sobre perfumes. Leí, probé, estudié. Es una pasión.
–Con una década de trabajo conjunto, ¿qué balance hacen? (A. F.) –La verdad es que fue un acierto. Nos llevamos muy bien, nos divertimos. Jamás competimos. Quizá ahora que tenemos lo de Roses nos resulta más complicado viajar todos juntos. En tres años abrimos cinco locales, estamos creciendo con mucho esfuerzo y dedicación.
–Si la Argentina fuese una fragancia, ¿cuál sería?
(A. F.) –Sin duda sería la mimosa, que es el olor del campo.
(L. B.) –Yo me tiro para el lado de los no me olvides.
(A. F.) –Pero esa flor no huele, mi amor...
(L. B.) –Bueno, la violeta entonces...
(A. F.) –Tampoco huele...
(L. B.) –Ok, el aromo. ¿Está bien?
(A. F.) –Sí, claro, es lo mismo que acabo de decir: la mimosa. ¡Te quiero!
INES BERTON & RODRIGO TOSO

Ella es sommelière de té, una de las pocas narices en el mundo capaz de distinguir mil notas distintas o de descubrir el origen de una cosecha tan sólo por su aroma. En plena crisis del país fundó su marca, Tealosophy, y desde entonces viaja por todo el mundo diseñando blends para empresas, personajes, para la realeza. Está casada con Rodrigo Toso, cocinero, que dirigió la cocina de los hoteles más importantes del país, además de conductor de Taste it, un original programa que muestra la versión gourmet de Amércia latina, que emite canal Glitz.
En los diez años que están juntos trabajaron en equipo para diferentes marcas, caterings y eventos, como el famoso Gourmet Couple, en Chile. Ella diseñó tes para sus platos y él, menús enteros en composé con sus blends. Según dicen, se divirtieron como locos, hasta que tuvieron la mala idea de asociarse.
"Como su empresa creció tan abruptamente, había que poner orden en los números, ajustar el sistema de logística y organizar en todo sentido. Así que hace cuatro años decidimos que yo entrara para hacerme cargo de esos ítems. Y fue un desastre. Después de dos años de Guerra de los Roses, tuvimos que separarnos laboralmente. De esa manera salvamos la pareja, aunque todavía la estamos remando", cuenta con sinceridad abrumadora el cocinero que, allá lejos y hace tiempo, debutó en la pantalla chica en un programa de Georgina Barbarossa.
(I. B.) –Lo primero que recuerdo de esa época es que un día llegué al lugar de fraccionamiento y me encontré con una luz que casi me deja ciega. A Rodrigo se le había ocurrido poner tubos de bajo consumo en un contexto de trabajo que nada que ver. Yo, para trabajar e inspirarme, necesito luz suave, la pava oriental, la deco, el ambiente soñado. ¡Y él estaba en otro mundo! Casi nos matamos.
(R. T.) –Creo que fue imposible porque ambos estábamos acostumbrados a ser jefes. Yo sé cómo liderar, llevar adelante un grupo de trabajo. Pero era su gente.
-¿Te hicieron algún piquete?
(I. B.) –No, mucho peor para mí: lo amaron. Es que él es muy buen cabeza de equipo, es el típico dream boss, dirige desde la buena onda, nunca está sobrepasado. En cambio yo soy mucho más obsesiva. Viví ocho años en Nueva York y quedé con un culto de trabajo muy al estilo de ellos. Hago doscientas cosas al mismo tiempo, corro y, sí, muchas veces me desbordo. En cambio Rodrigo se deja fluir. En las situaciones más extremas reacciona con una tranquilidad que me impresiona.
(R. T.) –Se refiere al casamiento de mi hermano.
–¿Pasó algo tan terrible?
(R. T.) –Y..., sí. La chef emplató muy grande, así que, de doscientos platos, faltaron cincuenta. Yo estaba vestido de hermano del novio, todo acartonadito, pero bueno.?Fue cuestión de revolear el saco, entrar a la cocina... Lo primero que hice fue pedirle al equipo que pare y respire profundo durante un minuto. Después logré que salieran urgente unos wok de verduras mientras conseguía más carne en un restaurante vecino.
–Eso es ser buen piloto de tormentas...
(R. T.) –En las cocinas se aprende a serlo. Por eso me enojaba con Inés cuando ella exigía tanto esquema. Yo me dejo fluir y además sé parar. Ella nunca se detiene.
(I. B.) –En lo único que coincidimos es en que los dos somos antiFacebook, anti Twitter, cero cibernéticos. Nos encanta viajar, borrarnos del planeta, probar nuevos productos, descubrir restaurantes. Y ahí estamos de acuerdo. El ve cosas que pueden servir para mi empresa y yo veo cosas para él. Lo que no nos funciona es la fusión total. Yo me sentí invadida y él, supergeneroso, estaba alejándose de lo suyo para acompañarme. Rechazaba proyectos de restaurantes en todas partes, caterings, todo porque estaba a mil con lo mío. Y no lo estábamos disfrutando.
–¿Cómo lograron separarse en lo laboral y seguir funcionando como pareja?
–Con amor y muchas ganas de estar bien. Hace dos años hicimos el corte y ahora estamos recuperándonos como marido y mujer.
CYNTHIA KERN & FEDERICO BONOMI

Cuando se conocieron, él tenía 18 y ella 16; ambos de San Isidro, en época de colegio y romances fugaces. Pero lo de ellos funcionó y nunca más se separaron. Hoy son sinónimo de éxito, dueños del imperio Kosiuko, que abarca ropa, anteojos, perfumes, un sello discográfico, una radio, negocios inmobiliarios acá y en Uruguay... Hasta un aceite de oliva que ya consiguió premios internacionales.
La palabra visionario se repite varias veces en la charla, realizada en el búnker de la calle Dardo Rocha, el edificio operativo de la marca. Cynthia Kern dice que la clave del éxito entre ellos es la admiración y él lo confirma con galantería. "Tenemos la filosofía de haber crecido juntos, de querernos, de respetarnos y de elegir la familia ante todo. Yo estoy muy lejos de la histeria y de cierta modernidad de estilo de familia. A mí me gusta llegar temprano a casa, llevar a los chicos al colegio, abrirle la puerta del auto a mi mujer. Para nosotros trabajar juntos es natural y placentero", comenta Federico Bonomi, a cargo de Herencia Argentina, la línea para hombres, y de todo lo que sea mercados nuevos, tratamiento y dirección de la marca.
–Cynthia dice que sos un visionario. ¿Vos qué decís de ella?
(F. B.) –Que es tan intensa como brillante. Es energía pura, siempre digo que le queman las ideas. Además no tiene filtro, dice lo que piensa todo el tiempo. Como yo soy más tranquilo y reflexivo, hacemos un buen dúo.
(C. K.) –Supongo que la clave está en sorprendernos y renovarnos. Lo de visionario lo digo siempre porque me impresiona su capacidad de ver las cosas tan temprano. Kosiuko fue la primera marca que estuvo en Internet en la Argentina. Hoy estamos con el tema del QR, con el que apoyando el teléfono podés bajar el video de la temporada. Lo de exportar fue algo inédito. Primero a los países limítrofes, después Europa y Estados Unidos. Terminamos fabricándole a Fiorucci, Victoria Secret y Bebe. Y hace unos años, de un campo pelado en Carmelo, hizo un oasis de olivares, que ya tiene trascendencia mundial.
(F. B.) –Esa es una de mis grandes satisfacciones de los últimos años. Comenzó todo en 19999, en un campo donde no había nada, pura piedra. Tengo el orgullo de haber llevado las primeras cinco mil plantas a Uruguay. Trabajé como loco, luché contra las hormigas y después de siete años empecé a fabricar el aceite, con máquinas que compré en Italia. Es un plan que hacemos en familia. Nada me da más alegría.
–Tienen cuatro hijos, están a un paso de ser los Ingalls. ¿Nunca se pelean?
(C. K.) –Sí, claro. Cada tanto hay una ofensa, un portazo. Pero dura poco. Yo soy un poco como aquello de perro que ladra no muerde. Hace un par de días me enojé y me fui a dormir abajo. Pero él me fue a buscar tres veces y, bueno, ya está.
(F. B.) –Por supuesto que a veces tenemos diferentes puntos de vista en la empresa. Nos podemos pelear, pero nunca hubo un distanciamiento, ni siquiera en los diez años que estuvimos de novios. La ventaja de trabajar juntos es que, después de un día largo de trabajo, no tenemos que contarnos cómo nos fue. Si tuviera que empezar a repetir el bodrio del día imagino que sería agotador.
–¿Aún tienen muchos sueños por cumplir?
(C. K.) –Siempre nos sorprendemos, nunca se sabe. El está con sus autos, yo con mi grupo de oración. Viajamos juntos, en familia y también separados. Nos deseamos lo mejor el uno para el otro. Así que cuando a alguno se le ocurre un nuevo berretín, el otro apoya.
(F. B.) –Yo quería dejarles a mis chicos un campo de olivares y lo logré. Se van cumpliendo todos los sueños. Pero para mí el éxito es disfrutar el día a día. No correr como un loco, alejarse del cliché del empresario quemado. En un momento se instaló como moda el tema de la queja. Soy todo lo contrario.
(C. K.) –Somos un poco antiguos.
–A ver, ¿quién lo explica?
(F. B.) –Es como la marca, lo súper moderno con un toque viejito. A nosotros, por ejemplo, no nos gusta prestar los hijos el día domingo. Ese es el día para estar en familia. A veces rezongan, pero no importa. Esa cosa de hacer programas todo el tiempo no la compartimos.
–¿Qué cosa los enfurece del otro?
(C. K.) –Soy polvorita y salto todo el tiempo. No hay cosas puntuales, yo exploto. Soy muy apasionada.
(F. B.) –Ella no te lo dice, pero la mata que yo la quiera hacer reír cuando está enojada. ¡Nos divertimos con poco!
SEBASTIAN WAINRAICH & DALIA GUTMANN

Sebastián Wainraich y Dalia Gutmann trabajan juntos informalmente, desde la inspiración. Lo que explican, técnicamente, es que uno se inspira en el otro a la hora de crear sus monólogos. Por lo tanto las peleas más dramáticas terminan con paso de stand up arriba de un escenario. Así de simple. O de complicado.
"En realidad, somos una permanente fuente de consulta. Esto sucede antes y después del show, y nos decimos todo, aunque duela. A veces tenemos diferentes puntos de vista en cuanto al género. Porque si bien todo esto está basado en la vida real, la verdad también pasa por lo que sucede en el escenario. Las reflexiones que hago no siempre las pienso sinceramente, pero el contexto del monólogo hace que sean verdad", explica Wainraich, actualmente conductor de La Biblia y el calefón, en El Trece, y de Metro y medio, en Radio Metro.
Mientras se explaya, su mujer-protagonista del unipersonal Cosas de minas, locutora de AM y conductora de Bien simple, en Utilísima, lo fulmina con la mirada.
–¿Qué pasa?
(D. G.) –Es que en ese punto disentimos. A mí me molesta mucho el chiste armado. Hablar mal de la suegra porque es gracioso, por ejemplo. Igual no es el caso, él habla mal de la suegra y tiene razón?[risas], pero me refiero a que me pone nerviosa el chiste con mentira por el sólo fin de quedar gracioso.
(S. W.) –No voy a opinar porque en Cómico 5, mi nuevo espectáculo, me propuse no hablar de la pareja, sino de la clase media, con lo que implica el sufrimiento, las culpas.
–Cuando discuten en casa, ¿puede suceder que, de repente, se descubran improvisando dos monólogos?
(S. W.) –La tragedia todo el tiempo se convierte en comedia. Todos somos un poco actores, un poco monologuistas. Cuando uno va al psicólogo sucede. Te sentás, teatralizás, das tu versión. Nadie me puede negar eso.
(D. G.) –Generalmente terminamos riéndonos. Reconozco que soy molesta. Me indigna la no reacción, eso que generalmente hacen los hombres. Entonces empiezo a hacer estupideces, como generar ruidos molestos, prenderle la luz, decir barbaridades. Cuando se enoja y reacciona, siento que triunfo.
(S. W.) –Para nosotros el triunfo es cuando ellas se quedan calladas. Pero asumo que todas estas situaciones me sirven para el trabajo. La vida cotidiana me alimenta. Perderme con el auto si voy con Dalia me resulta una inagotable fuente de inspiración.
–¿Y a vos, Dalia? ¿Qué te ha nutrido de sus manías a la hora de escribir?
(D. G.) –A mí me mata el tema del celular. Hablarle, estar contando algo y que mire el teléfono me saca. Un día se lo voy a tirar al inodoro. El problema es que él no lo asume. Te dice: vos lo hacés mucho más; yo no estoy pendiente del teléfono como vos. ¡Y no es verdad! Lo que nos sucede a los dos es que la cabeza nunca nos para. Todo da lugar para algo e instintivamente nos repartimos los temas. El me hostiga con el asunto de mi fobia por las catástrofes y tiene razón. Lo asumo, me pasa todo el tiempo.
–¿Catástrofes?
(D.G.)–Sí, lo hago volver a casa cada dos por tres porque siempre quedo convencida de que dejé el horno o la llave de gas prendida.
(S. W.) –Y no cuenta cuando me despierta a las 3 de la mañana, plena tormenta, para pedirme que entre las bicicletas que quedaron en el patio.
–Al final, un santo. ¿O son ejercicios de conocimiento para luego vengarte en el escenario?
(S. W.) –No, ya no. Bueno, quizá.?El tema de las parejas es universal. En cualquier lugar del mundo el stand up aborda estas cuestiones. Para dedicarte a esto, además de ser observador y tener cierta gracia, hay que buscar el humor en lo insoportable.
(D. G.) –En casa , afortunadamente, hay mucho de esto.






