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Cada vez que escucho "Un verano italiano" me emociono. Y no soy el único. Es una canción que apela directamente a la memoria emotiva de la generación que vivió Italia 90 como un Mundial de iniciación, con un equipo que generó una mística difícil de igualar. Lo que me intriga, en verdad, es si la canción es épica en sí misma, más allá de las emociones que nos remueve.

Hay algo heroico en la interpretación de Edoardo Bennato y Gianna Nannini, que cantan desde sus entrañas, con cierto tono aguardentoso y seductor. Pero más allá de las voces, está la melodía, compuesta por un Giorgio Moroder, ícono del eurodisco.
"Que esta canción nos emocione tanto tiene varios fundamentos concretos", dice el compositor y docente Darío Jalfin. "En la introducción, la línea del bajo va descendiendo y la melodía va ganando cada vez más altura. Esa apertura es muy épica. Gráficamente, visto desde el teclado, arranca desde un centro y se va expandiendo para los dos lados. Eso genera una sensación de crecimiento muy emotiva".

Pero hay más: "Asociamos los agudos a lo épico, porque implican mayor tensión en las cuerdas vocales y tendemos a cantarlos más fuerte. La melodía arranca grave, se vuelve un poco más aguda en el puente y la nota más aguda a la que llega pasa a ser la base para que, en el estribillo, la melodía sea más aguda todavía y llegue a su punto más alto". La canción va siempre in crescendo, y ese sustento teórico explica la emoción que trasciende a Diego, a Cani y a Goyco.
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