
Encontrá las guías de servicio con tips de los expertos sobre cómo actuar frente a problemas cotidianos: Adicciones, violencia, abuso, tecnología, depresión, suicidio, apuestas online, bullying, transtornos de la conducta alimentaria y más.
Hay límites que se ven y otros que operan en silencio. Algunos se presentan como datos concretos de la realidad; otros, en cambio, se construyen de manera más sutil, a partir de creencias, experiencias y formas de interpretar lo que nos pasa. En ese territorio —muchas veces invisible— es donde se define buena parte de lo que una persona se anima, o no, a hacer. Y es también el punto de partida para salir de la propia zona de confort: animarse a reconocer, cuestionar y, en algunos casos, atravesar esos límites para crecer.
Sobre ese eje reflexiona Juliana Maiz Casas, autora del libro El desafío del hacer, donde aborda cómo las personas pueden transformar su manera de accionar cuando logran revisar las barreras que las condicionan. Desde su enfoque, no todos los límites son iguales: algunos responden a condiciones objetivas, mientras que otros son construcciones internas que, muchas veces, operan de forma silenciosa.
“Identificar un límite real implica distinguir hechos de interpretaciones”, explica. En ese sentido, subraya la importancia de apoyarse en información concreta y validada para tomar decisiones. En contraposición, los límites construidos surgen de creencias, experiencias previas y patrones que influyen en la manera en que cada persona interpreta la realidad. Por eso, propone ejercitar una pregunta clave: si aquello que frena es un hecho verificable o una suposición.
Para la autora -que trabaja en el desarrollo de personas y equipos, acompañando procesos de liderazgo, aprendizaje y transformación organizacional desde hace varios años- animarse a ampliar esos límites es, en sí mismo, un motor de transformación. No se trata de avanzar a cualquier costo, sino de habilitar nuevas posibilidades desde una actitud de curiosidad y reflexión. “Es un proceso que nos invita a revisar nuestro propósito y a resignificar nuestro hacer”, señala, haciendo hincapié en la importancia de que ese hacer tenga impacto real y aporte valor genuino.
A la hora de identificar los principales obstáculos en ese camino, Maiz Casas sostiene que las creencias ocupan un lugar central. “Son lo más difícil de soltar”, afirma. Muchas veces operan como sesgos inconscientes que condicionan lo que cada persona considera posible, incluso por encima del miedo o del contexto. Este entramado no solo afecta a nivel individual, sino también en los equipos y organizaciones, donde puede limitar la capacidad de aprendizaje y evolución colectiva.

En los procesos de cambio, otro elemento clave es la incomodidad. Lejos de ser un freno, la autora la define como una señal relevante. “No es una enemiga, sino una invitación a detenernos y escucharnos”, plantea. Esa incomodidad puede evidenciar desajustes entre lo que una persona piensa o siente y lo que efectivamente hace en su vida cotidiana. La clave, según su mirada, está en cómo se responde frente a esa señal: desde la curiosidad y la apertura, o desde el temor y la defensa.
A partir de las historias que recorre en el libro, Maiz Casas identifica rasgos comunes en quienes logran trascender sus propios límites y pasar a la acción. Se trata de personas que toman decisiones alineadas con lo que consideran importante, cuestionan sus propias creencias, actúan con propósito y buscan generar impacto en otros. Además, se destacan por su capacidad de inspirar y por transformar ideas en proyectos concretos, entendiendo el hacer como un proceso colectivo.
- ¿Cómo identificar cuándo un límite es real y cuándo es una construcción propia que nos está frenando?
- La identificación de un límite real implica el desarrollo de la habilidad de distinguir hechos y datos de nuestras interpretaciones. Requiere que analicemos una situación sobre la base de información concreta, validada y jerarquizada para poder tomar decisiones con mayor fundamento.
En cambio, los límites construidos suelen nacer de nuestra manera de interpretar determinadas situaciones según nuestra historia, experiencia, creencias o patrones.
Una forma de identificar si es un límite real o una construcción propia es entrenar nuestra capacidad de preguntarnos: ¿Esto que nos frena es un hecho concreto o una interpretación? ¿Tenemos evidencia o lo estamos suponiendo?
- ¿Por qué creés que animarse a correrse de los propios límites puede ser un motor de transformación, tanto personal como profesional?
- Animarnos a ampliar nuestros propios límites es ampliar nuestras posibilidades. Es un motor de transformación porque fortalece nuestra capacidad de explorar nuevas maneras de accionar con una mentalidad de curiosidad. Al dar ese paso, nos abrimos a una reflexión profunda sobre nuestro propósito.
Sin embargo, no se trata de correrse de los propios límites a cualquier costo, sino de despertar nuestro potencial para darle un nuevo significado a nuestro hacer. Y no me refiero a cualquier hacer, hablo de uno que aporte valor genuino, que se haga visible y que cambie la realidad del entorno en el que impactamos.
- ¿Qué es lo más difícil de soltar cuando una persona decide dejar atrás sus propios límites: el miedo, las creencias o el entorno?
Basándome en mi trayectoria y en las historias que escuché, lo más difícil es dejar atrás las creencias. Muchas veces las damos por ciertas, no las cuestionamos y se transforman en sesgos inconscientes que nos terminan autolimitando. Y obstaculizan en gran medida nuestra capacidad para identificar con claridad cuáles son los desafíos verdaderamente importantes para nosotros.
El miedo y el entorno influyen, pero son esas creencias las que terminan condicionando lo que vemos como posible y, en consecuencia, lo que estamos dispuestos a hacer.
Estos factores que actúan como limitaciones no solo nos afectan a nosotros, sino también al equipo del que somos parte. Cuando todos logramos superarlos, podemos ser capaces de contribuir a una cultura de aprendizaje continuo.
- En los procesos de cambio, ¿qué rol juega la incomodidad? ¿Es una señal de que estamos avanzando o un freno que deberíamos escuchar?
La incomodidad cumple un rol clave en los procesos de cambio. No es una enemiga; es una señal que nos indica que necesitamos hacer una pausa para escucharnos. Puede indicarnos que nuestro accionar no está alineado con aquello que nos importa profundamente en este momento personal y profesional.
Muchas veces, la incomodidad se hace evidente cuando lo que pensamos o sentimos no se refleja en nuestro hacer diario. La pregunta es cómo reaccionamos frente a esas situaciones incómodas. ¿Lo hacemos desde la curiosidad y la disposición a aprender, o desde una actitud defensiva o con temor a lo que pueda suceder?
En el contexto actual marcado por la aceleración, emerge con fuerza el desafío de detenernos para escuchar esas señales y transformarlas en la oportunidad de liderar un proceso de cambio. Esta no es solo una cualidad personal, sino una ventaja estratégica.

A partir de las historias que recopilaste, ¿qué tienen en común las personas que logran trascender sus propios límites y pasar a la acción?
Todos los protagonistas de las historias que recorrí lograron trascender sus propios límites y pasar a la acción. A partir de ellas, pude identificar cinco cualidades de estas personas que se juegan el ser en su hacer. Un hacer que aporta valor genuino y se vuelve visible en las prácticas del día a día:
Se la juegan: toman decisiones sobre lo que realmente importa. Tienen un espíritu emprendedor y están dispuestos a romper paradigmas y desafiarse constantemente.
Aprenden de sí mismos: se escuchan, hacen pausas conscientes e intencionales para registrar pensamientos, emociones y señales del cuerpo. Cuestionan sus interpretaciones y creencias como una manera de adaptarse a nuevas situaciones.
Actúan con propósito: su hacer se expresa en oportunidades para los demás —personas, equipos, comunidad y organizaciones—. El propósito no es una meta en sí misma; se construye, se moldea y se adapta según la etapa personal y profesional.
Inspiran a otros: transmiten una visión de futuro que invita a crear con otros. Influyen de manera positiva y, al mismo tiempo, se transforman al ver el crecimiento y la realización de aspiraciones compartidas.




