Por qué los argentinos duermen menos que el promedio mundial
El estrés y los malos hábitos de sueño se consolidaron como las principales causas del fenómeno, ya que afectan tanto la productividad laboral como el bienestar general de la población
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Diversos especialistas pusieron el foco en una preocupante tendencia: los argentinos descansan considerablemente menos que el promedio internacional. Según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los habitantes del país duermen una hora menos que hace 50 años y dos horas menos que hace un siglo. Este fenómeno, descrito por los expertos como una “insuficiencia crónica del sueño”, impacta directamente en la calidad de vida y el desempeño diario de la población.
La recomendación estándar para un adulto es dormir siete horas por noche. Sin embargo, antes de la cuarentena, el promedio en la Argentina se ubicaba en seis horas y cuarenta minutos. El principal responsable de ese deterioro no es una patología neurológica, sino el estrés. Lo cierto es que al dormir menos tiempo y con un descanso de peor calidad, los argentinos enfrentan mayores riesgos metabólicos, lo que incluye posibles cuadros de obesidad, diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares.

La problemática se agudiza debido a lo que los expertos denominan “jet lag social”, un comportamiento que ocurre cuando las personas alteran sus horarios de descanso, es decir acostarse tarde y restar horas a la noche para “estirar” el día de forma artificial. En un estudio realizado por el Hospital Británico sobre 5000 personas roncadoras, se evidenció que el 30% presenta un riesgo elevado de somnolencia excesiva durante la jornada, lo cual se vincula estrechamente con la apnea del sueño y la merma en la capacidad de memoria y aprendizaje.
El impacto de este déficit de sueño es multidimensional: la falta de descanso se traduce en una caída directa en la productividad, un aumento en la tasa de accidentes y una mayor demanda en el sistema de salud. A pesar de que existen perfiles cronobiológicos distintos, salir del rango saludable afecta a cualquier individuo, independientemente de su reloj interno.

Para revertir esta tendencia, los especialistas sugieren una serie de medidas de higiene del sueño: que el dormitorio sea un entorno oscuro, silencioso y templado, además de limitar el uso de pantallas con luz azul antes de dormir, ya que esta señaliza al cerebro que aún es de día. Otras recomendaciones incluyen mantener horarios constantes para acostarse y levantarse, realizar ejercicio físico durante el día y evitar cenas pesadas.
En caso de somnolencia, se recomienda que las siestas no superen los 40 minutos para evitar el efecto rebote que causa mayor cansancio. Si los problemas persisten, la consulta con especialistas médicos es fundamental para evaluar terapias conductuales o, en casos necesarios, el uso supervisado de sustancias como la melatonina.
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