Éxito laboral: no saber decir que no

El asistente
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14 de mayo de 2018  • 00:40

Rafael, 33 años, recibido en Biología en la UBA, maestría con beca en Inglaterra, experiencia profesional en una empresa en Canadá. Podemos decir, un "joven sobresaliente": es que sobresale mucho. "Mucho al punto de demasiado", concluye una mañana en el espacio de coworking donde tiene su oficina. "¿Que por qué demasiado? Es como que desde que volví de Canadá hace dos años, todos aquellos a los que siempre admiré me quieren en sus proyectos, y a los que ni me interesaban, también. Como si estuviera de moda. Y yo no puedo decirle a nada que no. Y estoy en el horno".

La semana pasada recibió dos invitaciones a dar conferencias magistrales, una en Lima y otra en Chicago; el ofrecimiento para brindar un curso en línea para una asociación médica internacional; el pedido de presupuesto para asesorar a los directores una empresa de servicios de salud; el llamado para ser orador en un evento de innovación; y la convocatoria para dar una serie de seminarios en universidades públicas del interior del país. Esto, sumado a su trabajo de consultoría permanente para una laboratorio médico y para una clínica. "A las propuestas del ámbito académico les digo que sí porque es un desafío el intercambio con otros científicos y, dentro de ese ámbito, viajar a las universidades del interior quiero hacerlo porque es una manera de devolver lo que me dio la universidad pública y lo que aprendí en el exterior. A las charlas en empresas, porque me pagan bien y me distiendo más que estando entre pares porque nadie me va a exigir algo demasiado técnico, y porque me parece una desafío aplicar mi conocimiento al ámbito empresarial. A las consultorías, porque es lo que me da de comer de manera más estable. El curso online quiero darlo porque me parece que tengo que tener experiencia en dar cursos virtuales y me permite tener alumnos de todas partes del mundo."

Rafael disfruta a conciencia de estos reconocimientos, pero a la vez le implican un nivel de exigencia complejo: tiene que estar a la altura de todo lo que los otros esperan de él y de todo lo que él espera de sí mismo.

"No tengo nadie con quien hablar de esto. Acá, en este espacio de coworking, mis compañeros son diseñadores que mueren por ganar un cliente, emprendedores que están empezando; soy un bicho raro no solo por ser biólogo sino porque ven que me llegan propuestas de todos lados. Mi novia dice que me ve tan cansado que le asusta. Mi viejo, en cambio, me dice que tengo que agarrar todo, que éste es mi momento y que soy joven como para dedicarle al laburo todo lo que haga falta. Y yo, por mi parte, no me detengo a pensar: hago, hago, hago. Pero no es gratis: el colesterol, por las nubes; insomnio; me pierdo los cumpleaños por los viajes; cuando no trabajo siento que estoy perdiendo el tiempo en relación a todos los pendientes laborales que tengo. No doy abasto", dice Rafael en voz baja, para que no lo escuchen sus compañeros del coworking, temiendo que lo tilden de quejoso y necio.

"Me parece que algo de lo que me pasa en esto de no parar tiene que ver con que muy en el fondo pienso que estoy teniendo una racha de suerte con todas las oportunidades que aparecen ahora y que, si no las tomo, las pierdo para siempre y no van a volver a repetirse. Como si no hubiera sido esfuerzo suficiente lo que me preparé para llegar a esta etapa y que ése sea el verdadero motivo por el que aparecen las oportunidades." Tal vez en esta manera de observarse a sí mismo Rafael encuentre una pista para desenredar su madeja.

¿Exitoso por demás?

A las personas como Rafael, en inglés se las llama overachievers. Personas que desde la vara social son exitosas en lo laboral de manera sobresaliente. "No hay una palabra en el español cotidiano que las clasifique –explica Mercedes Korin asesora en desarrollo profesional–. Pero podemos decir que son algo así como sobreexitosas: tienen un éxito muy por encima de la media, son proactivos, organizados, talentosos, con gran capacidad de aprendizaje y no le temen a los desafíos."

De la palabra "sobreexitoso", Mercedes remarca el prefijo "sobre" porque implica algo que está un poco de más, ya que quienes alcanzan este tipo de metas muchas veces tienen una imposibilidad de identificar qué es bueno y qué no en su vida, siendo que su vida implica no solo lo profesional sino también lo personal. "Están como pasados de éxito, no lo pueden calibrar. "Estas personas se sienten traccionadas por el perfeccionismo y, como lo perfecto solo existe en términos ideales, la pasan mal porque no regulan cuál es el punto justo de su éxito laboral que les permita vivir en plenitud".

Mercedes propone, para estas personas, que se pregunten por su criterio de éxito en la etapa en que se encuentran: "¿Cuál es tu criterio de éxito?, es una pregunta que ayuda a priorizar proyectos, discernir qué iniciativas suman y cuáles no, aprender a filtrar sin marearse. Se trata de saber gestionar la abundancia". Esto implica, como está percibiendo Rafael que necesita, saber decir que no.

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