
Ranas con pinot noir
No vaya a un restaurante a ver-ser visto, a hablar por celular o a carcajear a todo volumen; vaya a beber y a comer bien
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El anhelo del salgamos-a-comer-afuera es una viaraza que nos sobreviene frecuente al atardecer de un día agitado, tras ocho horas de análisis de costos, muchos cafecitos y especulación bilardiana. Esto es formato de argentino extenuado, y con temor de que la conyugal nuestra de cada día nos proponga esta noche, otra vez más, delivery de pizza oleosa con empanadas mustias. De manera concreta usted está ansioso de unos zapallitos rellenos de sí mismos y gratinados a la parmesana, que comería fácil tres, tamaño grande, con una guarnición de fritas españolas, única variante que te salva de la opción papas marcadas. O, en caso contrario, mozzarelle in carrozza con unas espinacas a la crema, a la manera (¿recordáis?) del Vómito Negro, en Rodríguez Peña casi esquina López, donde ahora funciona un 5-à-Sec. Estamos anticipando acompañar la "in carrozza" con tinto mendocino bivarietal canchero, más o menos al alcance, como el 2007 Cabernet-Malbec Lagarde ($ 28), aromático, carnoso, sin madera, a más de cálido, seductor seguro en boca. Que dejo ya recomendado.
Hay un riesgo, y es que la cónyuge, eventualmente fan del fashion, elija por su cuenta uno tipo thai con sus sushis de macana, donde el 2007 de Lagarde, por más que busque en el menú, jamás encontrará plato fraterno donde morir abrazao.
Ah ,sí, los thai, los peruanos de ají panca, kitch con kitch, y sus rústicos cilantros; los vietnamitas picantosos de sazón almibarada, los japoneses todos fast de sushi food, los chino-chinos de chop suey californiano, los couscous argelinos del Magreb... la densa selva oscura culinaria de los sitios étnicos. ¿Hasta cuándo, madonna mía santa, esa conjuración contra los morfis habituales de la raza blanca?
No ceder, punto. Si divorcio, abogado; pero nunca admitir que tus tagliolini alioli de la nonna sufran el menoscabo de una salsa étnica diurética a base de bamias al tomate. A la cónyuge nuestra hay que desalentarla fiero preguntándole: "¿Vos sabés exactamente lo que son bamias?" Y allí uno inventa tranquilo. Los adobos del Sahara son impredecibles. Salsa de hormigas rojas al gratín, o quizá metabolismo ahumado de muflones.
Quienes saben de veras comer bien y beber acorde eligen siempre el restaurante a partir de un antojo. "Hoy tengo ganas de comer ranas a la milanesa", dice el gourmet de Buenos Aires. Va trascartón a uno de los dos lugares que las sirven localmente más sabrosas: Arturito, de Corrientes 1124, o El Miramar, de San Juan esquina Rincón. Hay otros dos, pero extramuros, perdidos en las pampas chatas: L’ Angelo, de Río IV, Córdoba (Colón 261), y El Hornero, genuina pulpería de González Catán (frente a la estación) donde almuerza casi cotidiano el político heavy bonaerense Alberto Balestrini.
Una vez sentados allí, ojean carta de vinos y eligen un tinto liviano, elegantón, adecuado a la exquisita carne blanca de la rana.
Los dos mejores que yo recomiendo para acompañar las ranas son: el accesible ($ 25) Newens Pinot Noir 2007 de Bodega Fin del Mundo, vinificado supercanchero y elegante por Michel Rolland, sin sangría pero con barrica, y el 2007 bivarietal cabernet-malbec 50 y 50 de Los Arboles, bodega Navarro Correas,
una opción moderna y tradicional al mismo tiempo, con insuperable relación calidad-precio: $ 17.
Claro, hay que ver si están. Porque ahora los restaurantes hacen sus cartas no con los mejores vinos, sino con aquellos de bodegas que aceptan cobrar dos y entregar cuatro o más botellas. Una práctica nefasta para el consumidor.
En El Hornero me consta que no están. En esa increíble pulpería del 1900 sólo se sirve un buenísimo totín toraba Etchart en jarra, con hielo y soda de sifón.
Tortas premium

Milia Patisserie es un delivery de antojos. Tortas y petit fours clásicos y no tanto. Los must: cheesecake con maracuyá, brownies dos colores (chocolate negro y blanco), las mousses con galletitas Oreo y los dados de chocolate con dulce de naranja. Pedidos, al 156-354-5135;
pedidos@miliapatisserie.com.ar
y en
Fernet cordobés
Se llama 1882, se ubica en el segmento premium y llega directo de las sierras cordobesas, el lugar de mayor consumo mundial de fernet. Lo elabora Porta Hnos SA, de capitales nacionales con un siglo de experiencia y expertos licoreros. La mayor prueba la pasaron con catas a ciegas por el pueblo cordobés. Parece que sacaron nota diez.
Luz y biodinamia

La bodega salteña Colomé, especializada en vinos de altura biodinámicos, inauguró un supermuseo en medio del desierto, en los Valles Calchaquíes. Allí instaló las obras lumínicas del estadounidense James Turrell, de la colección particular del dueño de la bodega, el suizo Donald Hess: "El vino y el arte son las dos grandes pasiones de mi vida, y verlas unidas bajo un mismo techo es un sueño hecho realidad".
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1.- Sugiero: Luigi Bosca 2004 Reserva Merlot ($ 52), de aromas superagradables, aunque está entre el austero estilo New World Wine y la encantadora malicia del merlot.
2.- Recurra: al Cabernet-Syrah San Felipe Cepa Tradicional cuando se aburra de los concentrados. Accesible ($ 15), está hecho a la antigua, en tonel de 10.000 litros.






