Restaurante/Broccolino
El primero que instaló un horno en pleno salón
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La notable aceptación del público logró que se agregaran más mesas desde su apertura, lo cual indica una propuesta coherente y una buena relación entre calidad y precio. El nombre, acompañado desde la vidriera por el perfil del primer puente que unió la Gran Manzana con sus alrededores y el mural del Coliseo romano, es una declaración de principios. Broccolino fue el primero -al menos que nos falle la memoria- en instalar un horno en pleno salón. El ejemplo fue seguido por muchos, ya que los bollos de masa levando, promesa de pizzas, panes y foccacias, encantan a todos. Las pizzas se ofrecen en combinaciones tradicionales que recomendamos (canchera, napolitana, mozzarella o anchoas). Las especiales incluyen berberechos y ananá, mientras los precios fluctúan entre 8,9 y 16,9 pesos, en los tamaños chica y grande, respectivamente-. La otra insignia de la casa es la pasta seca de trigo candeal y de primera marca, y la fresca, rellena o lisa, muy recomendables ambas, mientras las salsas disponibles son muchísimas. Es de notar que todas las porciones resultan interminables y, por lo tanto, compartirlas es casi obligatorio. Entre las entradas se lucen: la cebolla Broccolino ($ 6,9), las berenjenas a la parmesana ($ 9,8) que ganarían con un poco menos de salsa de tomates y los calamarettis fritos, crocantes por dentro y fuera, muy tiernos ($ 9,9). El menú está escrito con fervor gastronómico, e idéntica actitud se nota en los mozos, atentos dentro del clima que exigen los numerosos comensales.
Broccolino, Esmeralda 776 y Av. Córdoba 820; 4322-9848. Mediodía y noche.






