
Ricardo Darín: "Mi felicidad no depende del trabajo"
Una charla zumbona y veraz con el actor argentino que miman en España. Aquí habla de su instinto adolescente, su idea de lo que significa dedicarse a la actuación, su mujer, sus hijos, mientras ellos –y sus amigos– develan sus defectos y virtudes
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Un perro anciano al que Ricardo Darín mirará todo el tiempo pues teme que cuando se levante se le rompa la cadera, un canario al que le han puesto de nombre Néstor (por Néstor Kirchner), Florencia, su mujer desde hace muchos años, y sus dos hijos, participarán de esta especie de obra de teatro que se desarrolla en el living de su casa, titulada: Entrevista a Darín. El que primero aparece en escena es el Chino Darín,14 años, el mayor de los dos hijos. Su papá le dice, señalándome, que yo lo estoy esperando para conversar con él. Que vengo a buscarlo para llevarlo unos meses a Neganistán... El adolescente se ríe inmediatamente, ya acostumbrado al delirio de su padre.
-Al hacer un repaso por tu vida, ¿podés establecer distintas etapas, cosas fundamentales que te han pasado y que marcaron algo así como un antes y un después?
-Tengo una gran confusión al respecto, creo que soy una especie de adolescente retrasado... (Risas.) Lo que sí sé es que la aparición de Florencia en mi vida marcó un antes y un después; yo era como un náufrago en el océano y Florencia fue como una lancha. A partir de estar con ella se abre una etapa de orden y claridad; fue la luz. Como verás, somos muy religiosos.
Florencia, que acaba de apoyar en la mesa una picada completa, se aleja riéndose.
-Todo este momento de éxito y reconocimiento que estás viviendo, ¿es la felicidad?
-Para nada. Mi felicidad no depende, y nunca dependió, de mi trabajo. Sí depende del plano familiar: yo no puedo creer, por ejemplo, lo que es tener hijos; cada vez que los miro me emociono. Y también tiene que ver con estar tranquilo conmigo mismo, cosa bastante difícil de lograr porque no soy nada tranquilo... En cuanto a lo laboral, por supuesto que disfruto cuando las cosas salen bien; pero eso no es la felicidad...
-Acabás de llegar de España. ¿Se está dando allí una especie de boom Darín?
-Bueno, no sé... Siempre hay un poco de distorsión con respecto al éxito argentino en el exterior; somos un pueblo muy mundialista, como tenemos la autoestima tan baja, cuando a alguien le va más o menos bien afuera es como que lo agrandamos. Yo detesto el exitismo. Por otro lado, los términos éxito y fracaso son muy relativos. Si una persona trabajó toda su vida y logra comprarse su casa, nadie diría que es exitoso. El éxito está directamente ligado con los números...
-En el caso de los actores, el rating.
-Sí, pero yo me acuerdo que un tiempo atrás nosotros no nos manejábamos con las planillas del rating, no nos fijábamos en eso; considerábamos que un programa era exitoso si la gente nos paraba por la calle para felicitarnos. Ahora se habla de un programa en términos de rating. Creo que ahí es donde se empezó a pudrir todo; se perdió la parte artesanal para convertirse en una timba...
-¿Por eso no estás trabajando en la televisión?
-Más bien diría que esto hace que esté retrasando un poco mi regreso a la tele.
-El cine te está dando muchas satisfacciones...
-Sí, creo que el cariño del público español, por el que me preguntabas, tiene que ver con una serie de películas argentinas que se estrenaron allí, que llegaron mucho al corazón de la gente, y de las que soy, en algunas de ellas, una de las caras visibles. Esto ha hecho que me convierta en una persona querida y respetada allá. Pero insisto en que eso tiene que ver con las historias que se cuentan en esas películas, que son como muy humanas; despiertan en la gente sentimientos que trasladan a mi persona. Lo que no me gusta es proclamarme el dueño de la pelota, porque el mérito, en todo caso, es de los guionistas, no mío. Los actores dependemos de estas cosas. Somos más artesanos que artistas.
-¿Qué película te hubiera gustado protagonizar?
-Taxi Driver. Me gustaría comprar los derechos y hacerla de nuevo, como van a hacer con Nueve reinas... (Risas.) La otra vez me preguntaban si me halagaba que los americanos hayan comprado los derechos de Nueve reinas; ¡cómo me va a halagar, compran un libro de una película que ya se hizo para hacerla de nuevo, pensando que ahora ellos la van a hacer bien! Por lo menos a mí no me halaga eso.
-Y de la Argentina, ¿en qué película te hubiera gustado estar?
-No en una película, sino en El acompañamiento, la obra de teatro de Carlos Gorostiza, en la que actuaba Carella. Me encantó, me dio una gran envidia.
Es el turno ahora de una simpática Clarita, de 10 años, la menor de los Darín, que insiste en que quiere contarme un chiste, y lo hace:
-Un paraguayo toca el timbre de una casa y le dice a la señora que atiende: Vine para pegarle a su hija. Para ¿¿¿qué???, dice ella. Para guayo, contesta él.
Todos festejamos.
-Llevás tu carrera de una manera inteligente, me refiero a la elección de los proyectos en los que decidís participar.
-Ojo que yo me mandé muchas burradas en mi carrera...
-Bueno, pero no se nota, nadie lo recuerda...
-Pero yo sí me acuerdo... Una vez grabé un disco, por ejemplo, una cosa patética, de soberbia; cada tanto los chicos de la Rock & Pop lo pasan, y está bueno que lo hagan porque destruye un poco tu narcisismo; esta profesión te hace ególatra. La verdad es que escuchar ese disco es como un bate de béisbol que te pega en los dientes... (Risas.) Es bueno que te pase eso de vez en cuando.
-De la saga de La carpa del amor, ¿te arrepentís?
-Te voy a decir algo que va a sonar a justificación (y en realidad lo es): yo soy hijo de un matrimonio de actores que sufrió bastante en este medio porque les era muy difícil conseguir trabajo; de manera ¤ que para mí, que me llamaran para trabajar fue siempre una alegría. Realmente tuve mucha suerte en este medio tan injusto: siempre tuve trabajo, desde que empecé. Desde chico que veo las colas interminables en los canales de gente que sueña con ser actor; es realmente una cuestión de suerte poder trabajar en esto.
-Nunca viviste la angustia de no tener trabajo.
-No. Tuve de todos modos momentos mejores y peores, pero no soy de deprimirme por cuestiones laborales; me angustian otras cosas, la realidad, por ejemplo. El otro día, Clarita, mi hija menor, le dijo a Florencia que no me dejara mirar el noticiero porque yo lloraba cuando lo veía. Me preocupó darle esa imagen a mi hija; pero la realidad me supera...
-Y si no hubieras tenido suerte como actor, ¿a qué te habrías dedicado?
-No sé, porque en realidad yo soy bastante vago.
-¿Decís que esta profesión tiene que ver con la vagancia?
(Risas.) -No, no... Hay actores vagos, uno los ve en los bares... La verdad es que no es un trabajo para vagos porque, cuando te toca trabajar, tenés que trabajar muchísimo y de una manera muy especial. A veces no te la creen.
-¿Pensaste qué vas a hacer cuando todo esto haya terminado?
-No sé, lo que no te voy a decir es un lugar común del tipo Moriré sobre un escenario... Creo que sería un papelón morir sobre un escenario. En el final de mi vida me veo cerca de una parrilla, con una botellita de vino y amigos. Pero te reconozco que, como galancito, me cuesta imaginarme como galancito anciano. Voy a tratar de estirarlo lo más que pueda.
Durante la charla, los miembros de la familia Darín se han ido acomodando en los sillones y escuchan, interesados, a este hombre divertido, ocurrente, reflexivo, que cualquier director de cine amaría tener en su película.
Careo
Los datos que inspiraron las preguntas que siguen fueron aportados por: Florencia (su mujer), René (su madre), Alejandra Darín, Arturo Puig, María Valenzuela, Germán Palacios y Carlos Santamaría que, con su amable colaboración, permitieron que la verdad sobre Ricardo Darín saliera a la luz.
-¿Está de acuerdo con el exhibicionismo?
-No, creo que habla de cierta carencia...
-Le pregunto esto porque una amiga suya, que hizo teatro con usted, me contó que mientras ella hacía una escena con Arturo Puig, usted, desde las bambalinas, se bajaba el pantalón y les mostraba a ellos dos su parte trasera...
(Risas.) -Sí, a María Valenzuela... Ellos hacían una escena de amor y yo los distraía con eso. Bueno, era una manera de mostrar mi interior.
-¿Siendo muy joven era el más popular de la barra?
-Siempre me la rebusqué bien.
-¿Cómo hizo entonces para sostener su imagen después de que su mamá lo iba a buscar al bar de Once en camisón y se lo llevaba a sopapos limpios para la casa?
(Risas.) -Te digo que esas cosas de mi mamá me sirvieron para no tener miedo al ridículo. Me lo hizo perder a la fuerza, pero se lo agradezco. Me acuerdo que cuando era chico esperaba que yo me subiera al colectivo, que estaba lleno, para preguntarme si me había lavado las orejas; cosas así...
-¿Tiene un feeling especial con los perros? ¿Un dominio sobre ellos?
-Me encantan los perros, pero no creo que tenga dominio sobre ellos.
-Esto quedó claro el día que llevó a Canal 9 a su perro diciendo que era un perro cantor, y por supuesto no cantó.
-Nosotros creíamos realmente que nuestro perro cantaba, por eso lo llevamos a un programa de televisión, pero se ve que delante del público no se animó. (Risas.)
-Sabemos que es un gran profesional y gran compañero. ¿Tuvo problemas con alguna producción?
-No recuerdo...
-Le doy una ayuda: grabación de Pablo en nuestra piel.
-Sí... Estábamos haciendo una escena con Arturo Puig, y en el silencio en el que yo debía meter mi bocadillo, se me escapó un sonido humano... Tuvimos que repetir la escena 17 veces, hasta que al final hubo que suspenderla. Y el canal nos mandó un memorándum.
Asistente de producción: Rosario Perazzo.
Agradecimientos: Café de García, Sanabria 3302.
Lo bueno
- "Todo. El humor te sorprende a cada rato. Es muy generoso. Y buen padre." (Florencia, su mujer)
- "Una vez grabábamos un exterior en una villa y vio a un chico con frío. Buscó a la madre y le dio plata para que le comprara lo que le hacía falta." (Carlos Santamaría)
- "Es puro corazón. Es como un abuelo para mí, es muy protector." (Germán Palacios)
- "Su generosidad. Siempre te quiere pagar él. Cuando me pasó lo de Malena me llamó desde España y me ofreció ayuda de todo tipo." (María Valenzuela)
Lo malo
- "Varias cosas: por ejemplo, cuando no tiene compromisos laborales se deja estar y anda todo barbudo y desaliñado por la casa. Siempre se queja de que le duele algo.
- "El exceso de todas sus virtudes también puederesultar algo malo." (Florencia, su mujer)
- "No descansa. Le cuesta parar la máquina." (Germán Palacios)
- "Creo que lo peor es que se cuelga y no te llama,desaparece por un tiempo y después reaparece comosi nada hubiera pasado." (María Valenzuela)
- "Es muy impuntual." (Todos)






