La temporada de pesca dura hasta el 1° de mayo, así que hay tiempo para agarrar la caña y partir hacia el sur. Mientras tanto, revelamos los mejores lugares para hundirse en esta obsesión.
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Por Nicolás Cassese
"Que caiga como el beso de un niño en la mejilla de su abuela", me explicó, en un arranque poético, un guía de pesca al que le pregunté cuál era la clave que hacía que la mosca resultase apetitosa para la trucha cuando se apoyaba en el agua. Lo importante, abundó, es lograr una buena presentación. Para conseguirlo hay que dominar el movimiento hacia delante y atrás con que se va largando línea para que la mosca se pose en el lugar indicado con la sutileza necesaria para engañar a la trucha y que esta muerda lo que no debería. Además, hay que conocer el pez y adecuarse a qué y cómo está comiendo en el momento. De eso depende la mosca que se utiliza: vienen en una variedad de formas y colores y están elaboradas con los más curiosos elementos, como plumas de gallina o pelos de ganso, liebre o ciervo.
Resulta evidente que en esto de la pesca con mosca hay más arte que tirar y esperar, y debe ser por eso que sus cultores se convierten en fanáticos. Francisco Bedeschi es uno de ellos y acaba de publicar un exhaustivo libro-objeto que presenta los mejores escenarios naturales para pescar con mosca en la Patagonia argentina. Allí se recorren los inicios de esta obsesión, cuando Joe Brooks viajó a la Patagonia invitado por un pescador local e introdujo la disciplina. Aquello ocurrió a inicios de la década del 50, y desde entonces, los adeptos son cada vez más. Los pescadores tienen lugares favoritos, escenarios sagrados donde las truchas son muchas y grandes. La boca del río Chimehuín y del Correntoso fueron los primeros spots donde se congregaron los fanáticos. Pero la Patagonia es generosa, y para celebrarla presentamos los cinco lugares que todo pescador con mosca debe conocer.

RÍO GRANDE
Nace en Chile de aguas de deshielo y corre de oeste a este atravesando la provincia de Tierra del Fuego.
Como es habitual en los ríos de llanura, el Grande es meandroso y cuenta con una infinidad de pools profundos en los que se pueden encontrar truchas de gran tamaño. La trucha marrón de esta zona, que se ha adaptado para vivir en el mar e ingresar en el río para desovar, tiene la particularidad de ser muy sensible a la luz, y eso hace que el 30 por ciento de las capturas ocurran por la noche. Durante el resto de la jornada, el pique es parejo. Pero si el día es de mucho sol y viento, lo conveniente es guardar la caña, ya que el esfuerzo puede resultar infructuoso. Sebastián Graziosi, que guió durante siete años en el Río Grande, señala que la pesca es cambiante. "Es divertida y desafiante -dice- porque depende mucho de los niveles del río. Las aguas son altas, pero con una rápida fluidez de la corriente, por lo que se hace necesario buscar pozones con pedreros, sitios en los que las truchas suelen refugiarse para minimizar los efectos de las corrientes."

RÍO COLLÓN CURA
Se forma a partir de la confluencia de los ríos Aluminé y Chimehuín, tres horas al norte de Bariloche.
Es un río extenso y de cauce amplio y corre en dirección norte-sur hasta unirse con el río Limay. Se mueve por terrenos bajos (los pescadores lo llaman un río de meseta), con pocas rocas, muchas curvas, correderas y pools. El paisaje es de estepa patagónica, árido y con sectores de barrancas de hasta 60 metros. Es uno de los ríos más productivos en cuanto a la cantidad de truchas medianas y de buena vitalidad debido a su alimentación. Las que más salen son las marrones y las arcoíris. Se pesca con streamer. Un secreto de los entendidos de la zona es estar atento a los gusanos del sauce, que pelan el árbol para caer al agua a fin de diciembre y principio de enero. Por esa época las truchas se juntan abajo del sauce a comer los insectos y los pescadores se pasan horas allí sacándolas.
La parte inferior del río es inaccesible por la costa debido a que está rodeada de estancias privadas, dos de las cuales, Collón Curá y Quemquemtreu, alojan pescadores. También se puede hacer camping. Las excursiones cuestan alrededor de 400 dólares por persona y por día (por lo general, son de tres o cuatro días).
RÍO CALEUFÚ
Nace en la confluencia de los ríos Meliquina y Filo Hua Hum, a mitad de camino entre Bariloche y San Martín de los Andes.
El Caleufú es un río de 60 kilómetros rodeado de estancias privadas, lo que impide su acceso desde la costa. La opción es hacer flotadas embarcadas que suelen durar alrededor de cuatro días y con noches de camping. Es un río dinámico y divertido que se divide en tres secciones. La primera, típica de montaña, tiene aguas rápidas, y el río corre encañonado en el cajón de un valle con cuevas y rocas. La segunda sección atraviesa una zona de transición y de mesetas entre las montañas y los valles. El curso transita por terrenos más abiertos y el caudal, más lento, se profundiza generando pozones y pooles. En la última sección el terreno cambia de manera radical al ingresar en un extenso valle. El río se separa en meandros y diversos canales a ambos márgenes del cauce principal. La pesca en este sector se realiza con líneas de flote. Este tramo suele variar año tras año debido a las grandes crecidas de otoño y primavera. La excursión cuesta alrededor de 350 dólares por persona y por día (suelen ser alrededor de cuatro) e incluye los traslados y los alojamientos en carpa.

RÍO LIMAY
En el límite entre Neuquén y Río Negro, a 20 kilómetros de Bariloche.
El Limay superior es un río de grandes dimensiones, con mucho caudal de agua. Es el único que desagua en el lago Nahuel Huapi y tiene una extensión de 60 kilómetros hasta su confluencia con el río Collón Curá, lo que hace que las truchas estén encerradas, sin salida al mar, y esto contribuye a que adquieran tamaños importantes. Es un excelente río para el desove y uno de los pocos en la Patagonia norte donde se pueden sacar truchas trofeos (entre 4 y 6 kilos), tanto marrones como arcoíris. Se hace tanto flotada como vadeo y el principio y el fin de la temporada son los mejores momentos para pescar. El paisaje es árido, de estepa patagónica, y el agua es cristalina, lo que permite ver las truchas en pozos de hasta 8 metros de profundidad.
Una posibilidad para pescar en este sector es alojarse en la estancia Fortín Chacabuco, sobre el río Limay. El paquete promedio por día y por persona, incluyendo la excursión y el alojamiento, sale 300 dólares.
RÍO MANSO INFERIOR
El Manso nace a los pies del cerro Tronador y corre dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, conectando una serie de lagos en la cuenca sur de Bariloche.
El Manso inferior nace en la cabecera sur del lago Steffen y recorre 20 kilómetros hasta la confluencia con el río Villegas. Tiene una buena concentración de truchas marrones medianas y está rodeado de un frondoso bosque nativo, con coihues, nires, lengas y cipreses, cuyo intenso verde se refleja en el agua. La vegetación tupida impide el acceso desde la costa, por lo que no es posible hacer vadeo. Se puede pescar, en cambio, flotando en un cataraft, una embarcación especial para río de montaña que cuenta con dos pontones inflables y una plataforma con piso de madera. Las aguas cristalinas del río permiten apreciar los peces que nadan en el fondo de un pozo y advertir el momento en que se produce el pique. Hay una buena cantidad de truchas de 1 o 2 kilos.
Las excursiones son por el día, con salida desde Bariloche, y cuestan alrededor de 350 dólares para dos personas.

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