Rosario Bléfari: "Toda pérdida es un motor creativo"

Polifacética y productiva, esta escritora, cantante y actriz vuelve al ruedo y estrena banda, libros y película (al mismo tiempo)
Daniel Gigena
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25 de febrero de 2017  

En pocos meses hubo una suerte de cosecha fecunda de la mano de Rosario Bléfari. La trayectoria artística de esta dama del arte nacida en Mar del Plata en 1965 es frondosa: cantó en la banda de rock Suárez, actuó en films de María Luisa Bemberg, Albertina Carri y Mariano Galperín, fue la cara protagónica de esa película de culto llamada Silvia Prieto, filmada por Martín Rejtman en 1998; publicó varios libros de poesía y dos obras de teatro. En pocos meses, entre el final de 2016 y el inicio de 2017, se conocieron otros dos nuevos libros: uno de poemas en prosa, Antes del río (Mansalva), y su primer libro de cuentos, Mis ejemplos, publicado en Chile por Lecturas Ediciones. También desde hace pocas semanas se puede ver a Bléfari en La idea de un lago, la segunda película de Milagros Mumenthaler, donde interpreta a una mujer en dos etapas de su vida. Allí, el personaje de Bléfari es una madre que descubre el placer de chatear con su hija embarazada, una joven viuda desconcertada en épocas oscuras de la Argentina, una hija que emula a su madre en el cuidado de las rosas.

Como cantante, Bléfari tiene varios proyectos. Con Sué Mon Mont, la banda de pop onírico, ha editado dos EP que los amantes de su música atesoran. En el verano estuvo de gira por la Patagonia con Ariel Schlichter y Federico Orioun, con quienes formó un nuevo grupo, Paisaje Escondido, que pronto presentará un disco. ¿Algo más? Sí. Ya fue grabado el disco de canciones de amor con el multiinstrumentista y cantante Julián Perla, denominado Pinturas de guerra. Esta obra fue editada por el sello Plastilina, una palabra que quizás defina la virtud proteica de Bléfari. Hoy tocará como solista en el Festipulenta del Nuevo Matienzo y el viernes 10 de marzo a las 21, en Roseti 722, en el barrio de Chacarita, presentará con Dani Umpi y la banda Carmen Sandiego el espectáculo musical Alternando canciones.

-¿Cómo se concilian tus diferentes facetas artísticas? Teatro, cine, escritura, música...

-Encuentran solas su lugar. No hago nada para que se integren o encuentren su espacio. Tal vez la dirección o voluntad que ejerzo es la de hacerle lugar a la que está más relegada en algún momento. Si estoy en el camino de la grabación de un disco, esa actividad les gana el terreno a todas, porque es más absorbente; lo mismo con una filmación. Y últimamente me pasó que el comienzo de una grabación se posterga por otras. De todas maneras mantengo el contacto con la escritura, ésa es mi guía y me permite proyectar, dejar cimientos para cosas que más adelante encontrarán su tiempo. Algunas cosas las llevo conmigo durante años en estado de suspensión o de lenta cocción. Puedo dejar bocetos que después voy a desarrollar: una parte de una canción, un comienzo de relato o ideas que involucran a otras personas. También tienen mucho que ver los materiales que están cerca.

-¿Por ejemplo?

-Hace años guardo una lata llena de minas rotas de lápices de colores que junté durante la primaria de mi hija, ella misma me las traía de la escuela: las minas de lápices de colores que se rompen al sacarles punta. Tengo una imagen que es un procedimiento con un papel especial, pueden ser los pliegos donde se imprimen los libros y una maza o martillo grande, y me imagino aplastando los colores y que se formen como estallidos que se incrusten en el papel. Ésa es una de las cosas que está así, esperando el momento de probar. Y no esperan sólo el momento y lugar, me falta algo más, algo que tiene que aparecer algún día, un elemento conceptual que busca su soporte. A veces me parece que es algo relacionado con la violencia, un deseo violento y destructivo pero falta algo más, tal vez el sonido, el percutir los colores, pero sigue siendo la materia. Uno de los atributos del arte es evidenciar que forma y contenido se amasijan hasta indiferenciarse.

-Mis ejemplos reúne cinco relatos largos. ¿Coincidieron los tiempos de escritura de Antes del río y tu primer libro de cuentos?

-Coincidieron con saltos en el tiempo: hay algunos poemas de Antes del río que son lejanos pero se emparentaron con el resto por tema y hay otro salto importante en Mis ejemplos de un par de cuentos que tenía y revisé. En los últimos meses escribí los demás, que me parecían distintos pero que podían integrar este primer libro de cuentos que me gustaría fuese un puente a un mundo de cuentos futuros.

-¿Cómo es tu experiencia en la carrera de Escritura de la Universidad Nacional de las Artes?

-Fascinante, no sabría describirlo de otra manera. Es la carrera que necesitaba alguien como yo. Recién comienzo, pero estoy segura de que no voy a ser la misma al terminar. Me enriquezco en muchos aspectos, como artista y como docente de artistas. Y no es sólo por el conocimiento adquirido, mejor dicho sí, si considero que el conocimiento es inspiración, experiencia, la posibilidad de reformular cuestiones, aprender a argumentar, afilar mis sentidos, ponerme a prueba en la relación con los demás, ser paciente, sentir que somos alguien sentado en un aula que está sumándose a otros y a otra cosa más allá de nosotros mismos, lo colectivo que es una clase por el sólo hecho de que todos estemos pensando sobre determinado tema en un mismo momento.

-Hace poco se estrenó el film La idea de un lago , donde interpretás a una mujer en dos momentos de su vida. ¿La pérdida de la juventud es un motor creativo?

-Toda pérdida es un motor creativo, por suerte o por desgracia, pero crisis y movilización al fin. Se apagan unas zonas, pero se encienden otras, que nos estaban esperando. Estaban siempre ahí esperando que llegáramos. Una vez me pasó que en un recital de poesía escuché recitar a dos poetas más grandes que yo en todos los sentidos. Me da vergüenza decir sus nombres. Después yo canté mis canciones. Me acuerdo de haber escrito esa noche al volver a casa que me quedaba la esperanza de la revelación que significa para la poesía la pérdida de ciertas preocupaciones asociadas a la juventud. Que si seguía escribiendo, aunque siempre fuera mi voz mi límite, era posible que llegara a esas otras tierras donde ellas ya eran habitantes y mejores poetas. Es un deseo que podemos pedir. Aunque sea para sentir esa liberación que supone el ver iluminadas otras zonas. O para tener la misión de intentar iluminarlas si es que están apagadas y no nos están esperando prendidas por alguna fortuita razón. Nunca se sabe.

Una adicción confesada

Sin dudas, su bebida favorita es el café. “Tengo una adicción, en realidad; cuando me falta, me siento marchitar. Me gusta tomar en casa el café preparado por mí, pero también lo disfruto mucho en bares que tienen muy buena calidad como Los Galgos, o Pick & Go Café, de Defensa 313, que es un pequeño kiosco de café al paso.”

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