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Sábado

Running después del trabajo. El trote le gana al after office

Martín De Ambrosio
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3 de agosto de 2019  

"Son decisiones", decía Miguel Ángel Russo, el técnico de fútbol, cuando le preguntaban por un cambio o planteo estratégico en particular. A muchos les resultará asombroso que a la hora de salir del trabajo haya gente que en lugar de ir a aprovechar el dos por uno de las cervecerías decida tapizar los parques porteños con zapatillas, remeras dri-fit, cronómetros y sudor. A veces son decisiones; y a veces no. A veces son las circunstancias las que obligan a hacer una u otra cosa. Como María Teresa Quintana, que es guarda en la línea C del subterráneo de Buenos Aires. "Necesitaba correr por dos motivos. Por la salud, porque nosotros allá abajo, en el subte, tenemos mucha pérdida de oxígeno; y por lo psicológico, porque el contacto con la gente es bastante duro, viste que la gente hoy no se aguanta nada. Entonces, yo necesitaba airear la cabeza, sobre todo, y mejorar el físico", dice. A sus 56 años, Quintana encontró el grupo de Puerto Madero Simplemente Running Team a través de Facebook y decidió ir durante quince días para conocer la dinámica. Y se enganchó. "Llegaba a mi casa destruida, pero me decía a mí misma que tenía que seguir porque me gustaba. Por eso, para hacer esto, hay que ser constante, te tiene que gustar. Y más allá de que te guste, todos los días vos decís: 'Tengo que ir', porque hay que preparar la mente también". Una vez en el lugar se acaban las dudas: "Después, cuando ya estás ahí, te sentís libre. En estos cinco meses encontré una diferencia importante porque los logros son míos, muy propios. Y ahora estoy feliz, más entera, muy contenta con lo que estoy haciendo", asegura.

Salir del trabajo e ir a correr requiere también de previsión y cierta logística, porque por lo general las ropas laborales no son aptas para la actividad física. En el caso de Quintana, se cambia en el subterráneo, se pone su conjunto deportivo y viaja en un colectivo que la deja en Puerto Madero; para regresar a su casa, si pierde el último tren, debe tomar un colectivo que tarda hasta una hora y media para llegar a su hogar quilmeño. Pero no duda en que vale la pena.

También está el caso de quien aprovecha las instalaciones de una terminal del puerto para cambiarse. Se trata de Francisco Quiroga, un ingeniero en sistemas de 37 años que suele trabajar en las Torres de Catalinas. El baño de la empresa turística ejecuta la metamorfosis: entra como ingeniero, sale como corredor. "Mi novia -a quien conocí corriendo- me molesta bastante porque dice que dentro de mis prioridades está primero correr, segundo correr y tercero correr". Y es verdad, reconoce: "Trato de organizar mi vida con esas prioridades, teniendo mi espacio para poder correr. Corro cinco veces por semana. Lunes, miércoles, jueves y viernes con el equipo y un día de fondo (sábado o domingo)", dice Quiroga, corredor desde hace diez años, que lleva cinco como corredor en el grupo. "Arranqué medio desordenado cuando corría solo, sin grupo, y cuando me anoté en uno me metí con la idea de hacer una carrera específica, la maratón de Montevideo de 42 kilómetros. Me gustó y me quedé". Cuenta que pasa el 20% de su tiempo laboral en reuniones, otro 20% con la computadora concentrado, y el restante 60% en el relevamiento de cuáles son los problemas que tienen las distintas empresas y ver cómo resolverlos. Sin ser deportista profesional, él ya ha corrido carreras de largo aliento y en lugares alejados de las ciudades (conocidos a menudo como "trails"). "Es un espacio que me regalo a mí mismo. Es un momento en el que me desconecto de lo que pasa en el trabajo, de los problemas que tengo y disfruto con mi cuerpo. Es una forma de conectarme conmigo. Me ordena mucho el sueño. Los días que corro sé que a la noche voy a dormirme más rápido y al día siguiente voy a estar más descansado y más contento. Duermo entre siete y ocho horas". Entre los beneficios del correr marca la parte social y el viajar para correr, un fenómeno cada vez más extendido: organizar las vacaciones en función de alguna carrera en particular y quedarse un par de días más para conocer. Quiroga, en particular, ya corrió en El Salvador, Honduras, Río de Janeiro, Montevideo, Tandil, Córdoba y, la última que hizo, El Salar en la Quebrada de Humahuaca. "Te diría que es adictivo. Una vez que empezás, es muy difícil dejar. En los últimos cinco años solo una vez estuve como quince días sin poder correr y estaba insoportable, no me aguantaba ni yo. Es un controlador de la ansiedad", resume.

Lorena D'Aloisio, por su parte, reconoce que tenía un prejuicio. Pero empezó, como con inercia, para probar, porque iban algunos vecinos de su Lanús, en un grupo que corre por las tardes de Puerto Madero. "La primera semana me dolía todo y pensaba: '¿Qué hago acá?'. Y me dije: 'No, vamos por más. A ver hasta dónde da esto. ¿Hasta dónde doy yo?'", afirma la empresaria textil de 48 años. Ella sabe que, al correr, lo físico se mezcla con lo psicológico, como si no hubiera barreras entre mente y cuerpo. "Si tuviste una semana pesada, necesitás correr para descargar tensión. Te abocás a correr para limpiar la cabeza, hay un común denominador en eso. La gente dice que viene a correr porque le hace bien. Si te hace bien no es solo por la salud física, es porque podés compartir, hablar de banalidades o cosas profundas, hacer terapia. Cuando volvés a tu casa, te sentís contenta. Ayer, por ejemplo, hacía dos semanas que no iba y volví feliz porque decía 'Qué bueno que volví', sentís que te superás, que estás realizado".

Lo que dice la ciencia

En el delicado límite que hay entre el sacrificio y el dolor, aparece el placer de la recompensa, con un correlato en las hormonas (la célebre dopamina), como explica la ciencia. El placer de los logros y el reconocimiento de que el cuerpo está mejor, como señala Marcelo Ghioldi, médico especializado en deporte. "Si hay algo que le va a hacer bien a tu vida es salir correr", afirma. "Hoy estamos atravesados por la crisis de sedentarismo que es la principal causa de muerte en el mundo y todo lo que sea actividad física ayuda para contrarrestar este fenómeno. Se puede bailar o hacer entrenamiento funcional o crossfit o caminar con un poco de pendiente o subir escaleras, pero correr es una de las mejores posibilidades. Es abrumadora la evidencia en cuanto a disminución de cáncer de colon, de vejiga, de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares. También hay una mejora cognitiva significativa, además de que se va a rendir mejor en el trabajo", enumera. Pero a la vez advierte de ciertos límites y de que es "una locura" querer salir a correr a toda costa, sin haber comido, por ejemplo, o sin tener la energía necesaria. "Hay mucho loco que sale a reventarse", dice, coloquial.

Fuente: LA NACION - Crédito: Patricio Pidal / AFV

Ghioldi enumera el abecé de lo que hay que hacer antes de correr: tener un buen apto físico y estar preparados físicamente y nutricionalmente; comer una buena merienda, que incluya una banana, lácteos, cereal y unas pasas. Tratar de cubrir las horas de sueño. Estirar los músculos antes y después. ¿Conviene a la tarde, después de trabajar, o a la mañana antes del horario de oficina? "Depende de lo que se llaman cronotipos, que tiene que ver con los horarios y el propio metabolismo que indica, primero, que no todos somos iguales y que hay personas que funcionan (escriben, piensan) mucho mejor a la mañana y otras después del mediodía. En este caso cada uno debería adaptarse a su cronotipo", dice. "A la mayoría de la gente le viene bien correr en horas de la tarde, después del trabajo. Igual es bueno tener cierta flexibilidad y correr por la mañana también, para motivar al cuerpo a buscar herramientas distintas; igual que son importantes los cambios en la rutina, algún día hacer pendientes, otros velocidad, otros fondos", agrega el deportólogo.

"El running es así -sostiene D'Aloisio- te da esa adrenalina de superación permanente. Es adictivo. Yo jamás me imaginé que iba a ser tan adictivo. Siempre querés más. Siempre terminás haciendo carreras diferentes y nuevas. Hay semanas que puedo ir las tres veces por semana (lunes, miércoles y sábados). Hay semanas que no puedo y siento que me falta, extraño horrores: correr, el grupo, tu cuerpo al límite. Necesitás correr. Sentís esa necesidad de correr. Esa adrenalina que te queda que necesitás para correr. En el trabajo acumulas estrés y al correr descargás tensiones", explica.

¿Cuál es la posición del entrenador, por qué no se detiene el furor por correr? "El 90% de la gente que viene al grupo para hacer running al aire libre lo hace por la parte social. Y después encuentra que lo puede hacer. Que se empieza a sentir bien. Que no corría ni el colectivo y empieza a darse cuenta de que puede correr cien metros o un kilómetro. Después son cinco kilómetros. Y ahí tenés que la persona que vino por lo social, ahora no para más y la motiva poder seguir creciendo", dice Pepe Amoroso, entrenador del Simplemente Running Team. "Lo ideal es entrenar a la mañana. Pero muchas veces por cuestiones de trabajo lo hacen a la noche, para desenchufarse. Vienen con todos sus problemas personales y laborales y se olvidan de la vida y el trabajo. En esas dos horas que corren los problemas siguen ahí, pero si por lo menos hacen algo, corren, saltan, están con otra gente en esas dos horas, se olvidan de los problemas, en esas dos horas se sacaron el problema de la cabeza". Amoroso no menciona la cerveza como opción rechazada, pero casi: "Y por lo menos no estás dos horas sentado tomando mate y comiendo bizcochitos".

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