Salir del molde: construían viviendas familiares y en cuarentena las hicieron a escala para jugar
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Como muchos otros profesionales, vieron que sus trabajos quedaron en suspenso. Acostumbradas a un ritmo laboral donde los planos, las maquetas, la negociación con los proveedores y las charlas con clientes formaban parte de la rutina, de pronto, en una inesperada cuarentena, la arquitecta Vanina Janin (48) y, la Directora de Arte en Cine Jimena Soldo (41), se encontraron con tiempo libre para dejar volar su imaginación.
Se conocieron hace cinco años en el jardín de infantes, de sus hijas, orientado al arte. Allí compartieron algunas actividades familiares y pronto supieron que tenían una conexión y un interés especial por el diseño y los objetos que las rodean. "Hace mucho que hablábamos de hacer algo juntas y la posibilidad de desarrollar juguetes de buena calidad. Lindos, de diseño y que fundamentalmente generaran el espacio adecuado para que los niños y las niñas que los usaran, pudieran dejar volar su imaginación. La cuarentena nos dio el tiempo necesario para desarrollar este proyecto. Nuestras profesiones estaban suspendidas y canalizamos nuestras ganas de hacer con casitas para armar y jugar", dicen la amigas. Janin tiene un estudio de arquitectura y hace muchos años proyecta y construye casas unifamiliares, en tanto que Soldo es Directora de Arte en programas de cine y televisión.
La primera inversión que hicieron fue para contratar un equipo multidisciplinario que las ayudara con la puesta en marcha del producto: diseñadores industriales y una diseñadora gráfica fueron los responsables de asesorarlas y guiarlas para materializar el primer prototipo. Hicieron varias maquetas hasta que llegaron a un modelo que les gustaba. Allí empezó un proceso de iteración y aprendizaje hasta que dieron con el producto que querían y tenían en mente. Luego se dedicaron a conseguir proveedores, compraron materiales y se lanzaron a producir.

Trabajar a escala
Para Janin, diseñar y proyectar una vivienda no era algo nuevo. Sin embargo ahora el desafío era otro. Las casas que había diseñado en su trayectoria, en general, tenían espacios abiertos y con usos flexibles: cocinas integradas con comedor y living, algún espacio para home office, playroom y espacios semicubiertos muy relacionados con el exterior. De líneas simples y puras, más bien minimalistas, con muchas superficies vidriadas reforzando las vistas y el contacto interior-exterior.
"Con este proyecto quisimos hacer una casa de espacios flexibles donde el que juega defina las funciones de cada lugar de la casa. Las terrazas, rampas, escaleras y parasoles son elementos que hemos utilizado muchas veces al diseñar una casa real y la forma de pensar las casitas de juguete fue como lo hacíamos en la Facultad de Arquitectura: con bocetos, maquetas de cartón en escala 1:1, planos en Autocad y renders para estudiar las volumetrías", explica la arquitecta.

No fue casualidad en ese sentido, elegir Kota (@kota.ar) como nombre para su creación. "Cota" es un indicador de medida que se usa en dibujo técnico. "Al diseñar la primera casita teníamos que cambiar la escala con respecto a las casas reales y esas nuevas medidas nos mostraron el nombre del emprendimiento. La casa la pensamos como una verdadera vivienda y a su vez con una mirada escenográfica, aplicamos todo lo que habíamos aprendido en nuestros años de trabajo y estudio", dice Soldo.
De madera de Guatambú multilaminada, un material noble, amigable con el medio ambiente y reciclable, Janin y Soldo imaginaron la casita como un espacio para experimentar, también, diferentes texturas. "Nos gustaba la idea de que los chicos pudieran sentir la textura de la madera al tacto y además ver sus vetas y quizás algún nudo en alguna de las piezas. Lo complementamos con algunos detalles en color con stickers para ambientarlas o acrílicos", aclara Soldo.
Fuera del molde

Pero también pensaron a la casita como un juguete que se sale del molde. Los motivos están a la vista. El diseño es atípico y sale del imaginario de casa dominante con techo a dos aguas, chimenea, ventanas y puerta de entrada. "En su lugar, los espacios de la casa Kota pueden ser lo que quieran y la fluidez está dada por las paredes que no terminan de cerrarse, el balcón que puede ser un interior y así mil opciones a las que la imaginación nos lleve".
En tiempos de cuarentena, la casa como lugar para vivir se resignificó. Obligadas a estar todo el tiempo puertas adentro, cada familia tuvo que buscar un espacio propio para jugar o trabajar, para estar solo o acompañado. Ofrecer una casa para armar y jugar fue entonces un gran acierto.
Y los primeros testeos confirmaron esa corazonada. "Apenas hicimos el primer prototipo la dejamos en la casa de Jimena sin decir mucho para ver las reacciones de sus hijas. Lo primero que hicieron fue levantarla con la manija y llevarla de un lado a otro, más tarde empezaron a tirar autitos y muñecos por la rampa. Después vieron los stickers y decidieron pegarlos, algunos torcidos, otros al revés y un par en la puerta de la heladera. Una mañana se levantaron y vieron que el gato había encontrado un lugar para dormir en la casa Kota. ¡Esa era nuestra idea!".
Casita de muñecas, taller de autos, galería de arte, espacio ocupado por dinosaurios, base secreta de superhéroes o refugio para animales pequeños, la casa Kota tiene infinitos usos. "Es muy interesante ver las reacciones de los niños: el primer juego es armarla. La casa viene desarmada. También, como parte del juego, se divierten al momento de ambientarla y personalizarla con los stickers para crear diferentes escenarios y dejar volar la imaginación en los distintos espacios". Sin lugar a dudas, la casa se sale del molde.
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