Sana y deliciosa
La harina de algarroba extraída de la vaina y las semillas del árbol del mismo nombre -pero en masculino- tiene el color y el gusto del chocolate, aunque sin aditivos químicos ni grasas
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En Santiago del Estero hay un árbol muy añoso: tiene al menos 800 años y se lo conoce como el abuelo. Es el ejemplar de algarrobo más antiguo del planeta. Además de los muebles pesados y oscuros que se fabrican con su madera, este árbol también brinda un producto alimenticio. Se trata de la harina de algarroba, extraída de la molienda de sus frutos y vainas.
Son las mismas vainas que mastican y saborean los niños de algunas provincias argentinas, como por ejemplo Catamarca, Salta, La Rioja, Córdoba o Santiago del Estero, donde el algarrobo crece abundantemente. Tal como lo entrega la naturaleza es un dulce natural, apetitoso y refrescante.
En algunas regiones norteñas de nuestro país se utiliza la harina de algarroba para elaborar un postre que integra el folklore popular, llamado patay, y una bebida, la aloja, que se obtiene luego de un proceso de fermentación.
La harina de algarroba tiene el sabor y el color del chocolate y por eso en distintos países del mundo se la utiliza como elemento habitual de repostería. Por ejemplo, en las costas africanas del Mediterráneo, Israel, Inglaterra o España, donde se la conoce como garrofero.
Rica en hidratos de carbono y proteínas de origen vegetal, contiene también vitaminas A, B, D y C y minerales como calcio, hierro, fósforo, potasio y magnesio. Posee un importante porcentaje de celulosa y por eso se la recomienda en casos de estreñimiento.
Pero su atributo más interesante es que puede reemplazar perfectamente bien el clásico chocolate en tortas, masas, budines, piononos, bombones, flanes, mousses y rellenos de tartas o cremas. La gran ventaja es que no contiene aditivos químicos ni grasas ni tampoco sustancias como el ácido oxálico, que sí está presente en el chocolate e impide, entre otras cosas, la normal absorción del calcio.
Sustituta del chocolate
La harina de algarroba se consigue fácilmente en dietéticas y por lo general viene en terrones, así que siempre hay que tamizarla para deshacerlos.
Si se agrega esencia de vainilla a cualquier preparación que la contenga se acentúa más su sabor a chocolate. Se presenta en diferentes tonos, según el tostado, y es conveniente elegir harinas claras para bebidas y de color intermedio para repostería. Las oscuras no convienen: pueden tener sabor a quemado.
Para conservar las virtudes naturales del producto es conveniente trabajarla en repostería utilizando azúcar integral de caña rubia y negra, fructuosa, miel de cebada y de abeja o frutas frescas.
En lugar de la clásica leche chocolatada, que es una de las bebidas predilectas de los chicos pero no siempre resulta del todo saludable, puede optarse por una más sana, preparada con harina de algarroba. El reemplazo no tiene demasiados secretos.
Hay que mezclar 1/4 litro de leche de soja con una cucharadita de harina de algarroba clara colmada, una al ras de almidón de maíz, una cucharada al ras de fructuosa y 2 gotas de esencia natural de vainilla. Los ingredientes deben mezclarse en un recipiente y llevarse a punto de ebullición durante 4 minutos. Se agrega la esencia de vainilla al final y puede tomarse fría o caliente.
Muffins de algarroba y pera
300 g de harina integral de trigo superfina
3 cucharadas al ras de harina de algarroba
una cucharada al ras de bicarbonato de sodio
una cucharadita al ras de canela en polvo
una cucharadita al ras de café de malta instantáneo
pizca de sal marina
3 cucharadas al ras de germen de trigo
300 g de azúcar de caña integral negra
100 cm3 de aceite de girasol o maíz
una cucharada de esencia natural de vainilla
300 cm3 de leche de soja
peras frescas peladas y cortadas en gajos finos
almendras fileteadas en cantidad necesaria
1. En un bol, tamizar las harinas de trigo y de algarroba, el bicarbonato, la sal marina, la canela y la cucharadita de café de malta instantáneo. Incorporar el germen de trigo, el azúcar y mezclar bien.
2. Agregar el aceite de girasol o maíz, la esencia natural de vainilla y la leche de soja hasta formar una masa suave. Si es necesario, agregar más leche.
3. En un molde de muffinera colocar pirotines de papel. Verter en cada uno una cucharada de masa, disponer algunos gajos de peras y algunas almendras.
4. Tapar el relleno con masa hasta llegar a las 3/4 partes del pirotín. Cocinar a horno medio durante 20 minutos o hasta que, introduciendo un palillo, esté salga limpio.
5. Antes de servir, pincelar la superficie con miel y decorar con algunas almendras.
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