Se enamoró del jefe del padre, le revelaron un secreto y tuvo al mundo en contra
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Poco faltaba para los 18 de Blanca, una joven soñadora y enamorada de un amor imposible. Sus días transcurrían en un hogar estricto, en donde los conflictos abundaban y su único escape solía ser vagar por un mundo de fantasías, en donde aquel hombre inalcanzable se percataba de su presencia, la recataba de la oscuridad de su hogar y la amaba.
La década del noventa ya había comenzado. Al borde del siglo veintiuno, los padres de Blanca parecían vivir en otra era; habían planificado el futuro completo de su hija e incluso ya habían elegido a un joven de su gusto para que contrajera matrimonio: "Pero no era la persona que elegía ni con la que podía soñar envejecer a su lado. Y era, sin dudas, todo lo contrario al hombre con el que fantaseaba. Mi amor era bastante mayor que yo, y no coincidía con lo que mis padres deseaban para mí. Pero lo peor era que se trataba del jefe de mi padre", revela ella.
Un secreto
Lo cierto era que Blanca jamás creyó que su amado se fijaría en ella, lo veía buen mozo al extremo y sabía que le sobraban chicas mucho más bonitas y de su nivel. Pero la mañana menos pensada, uno de sus hermanos – gran amigo y ángel terrenal - llegó con un mensaje: "Blanca, tengo un secreto para contarte, ¿viste Paraguay, el jefe de papi? Me dijo que quiere hablar con vos porque vas a ser la mamá de sus hijos".
"Me quedé sin palabras. Mi hermano es el ser más especial del mundo. Muchos lo califican como alguien con `capacidades diferentes´, pero ellos ven con los ojos del alma", se emociona Blanca. "Le pedí que me jure que nunca iba a pronunciarles esas palabras a mamá y papá".

Ese mismo día, primero de mayo, día del trabajador, Blanca y "Paraguay" se reunieron a las 14,45 en una cita que se extendió hasta las 17 hs. En aquel encuentro se saludaron casi por primera vez y se observaron bien de cerca. Allí estaba él, jefe de su padre y un caballero, y ella, una adolescente camino a mujer que durante meses había soñado con ser su dama, "pero ni en mis mejores fantasías creí poder enamorarlo en la realidad", confiesa. "Pero una sorpresa me esperaría, ¡Y vaya sorpresa! Ese día no solo me pidió que fuera su novia, sino que me propuso matrimonio. En esa tarde, sin saber si soñaba o estaba despierta, planificamos nuestro casamiento. ¡Era como si nos conociéramos de otra vida!".
El mundo en contra y una joven dispuesta a todo
Aun siendo muy conscientes de las consecuencias de sus actos, Blanca tocó el cielo con las manos como jamás creyó hacerlo. Sabía que deberían enfrentar al mundo en su contra y el primer obstáculo no tardó en llegar. Para bien o para mal, según la perspectiva, un amigo de la familia los vio en aquella primera cita. Para cuando llegó la noche, la madre de Blanca ya estaba al tanto del encuentro.
"¡Se armó la tercera guerra mundial para mí!", exclama la mujer de 47 años. "Pero estaba segura de que jamás perdería a ese gran amor, porque él era mi mundo y todo lo que yo necesitaba, aunque aún no supiera si era correspondida con la misma intensidad. Sin la tecnología de hoy, solo me quedó seguir a mi corazón".

En aquella velada inolvidable, un cachetazo de su madre quedó marcado en el rostro de la joven que, a pesar del dolor, le dio inicio al mejor capítulo de su vida. Blanca esperó a que se duerman, juntó la poca ropa que tenía y, aunque hacía muchísimo frío, abrió la puerta del frente y salió dispuesta a vivir ese gran amor: "Tuve que enfrentar otro obstáculo más, que era el perro bóxer que tenía en el patio de mi príncipe. ¡No sintió mucha simpatía al ver una loca con un bolso a media noche intentando comunicarse con su dueño!, ríe.
Sin importarle nada y dispuesta a todo, la joven logró que su amado la escuchara y saliera a su encuentro. Apenas la vio, le mostró la palma de su mano, había escrito con una birome su nombre y le dijo que no había dejado de pensar en ella. "¡Fue la mejor declaración de amor que pudo haberme hecho en ese instante tan intenso de mi vida!"

Un amor para toda la vida
El calendario marcaba 2 de mayo y, a un día de conocerse, Blanca, de 18, y Milciades, de 30, ya vivían juntos. En su entorno la lucha continuó: nadie apostaba por su amor, todos apostaban por su fracaso.
"Para mi familia era tan solo un capricho para llevarle la contra. Pero para cuando cumplí los 24 ya teníamos a nuestras tres hijas: Gisel, que hoy tiene 29, Tamara, de 26 y Daiana, de 24. Mi marido hoy tiene 60 y yo 47, y nuestro amor está aún más fuerte que antes. El 2 de mayo cumplimos 31 años de amor y seguimos eligiendo vivir nuestros proyectos y locuras juntos. Aunque para muchos tal vez no sea la historia más linda, es nuestra historia de vida, la de Milciades Fleytas y la mía, Blanca Viera".
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