
Se puede acompañar en el sentimiento
A veces no queda otra que acompañar en el sentimiento. Es verdad: la expresión cayó en desuso y hasta hay quienes la consideran de mal gusto, pero pronuncia una verdad: acompañar, cuando todo está jugado, a veces sólo es posible desde el sentir.
Se hizo todo lo posible, se ayudó, se intentó solucionar, se aconsejó, se vieron las alternativas, se puso el cuerpo, se ofrecieron cosas para paliar la situación?, pero el problema, la tragedia, lo doloroso, no puede evitarse o borrarse por esa vía, por lo que sólo queda acompañar, estar allí, y nada más.
Puede ser ante la muerte de algún ser querido, una inundación maldita como la vivida en estos días, una situación afectiva dura, una enfermedad. El tema es que duele, y poco o nada más, desde el plano de los hechos, podrá cambiar la situación en su materialidad inmediata.
En principio, acompañar no significa sentir lo mismo, sino sentir junto a. De hecho hay quienes creen que no es posible acompañar a alguien que haya sufrido una pérdida de un ser querido, porque no la ha sufrido él en carne propia. Error: sí es posible hacerlo, ya que si bien conocer desde adentro lo que significa cierta experiencia puede ser de ayuda, el estar emocionalmente cerca, alcanzar un pañuelo para las lágrimas, estar disponible aunque no se conozca la naturaleza del sentir ajeno, genera algo humano que ayuda a atravesar el momento sin quedarse en el camino.
Cuando tenemos miedo al sentir es más difícil acompañar. Los varones, por ejemplo, que somos más dados al analfabetismo emocional, nos sentimos mejor ayudando desde lo práctico. Esa es nuestra manera de querer y acompañar ante una situación dura vivida por otro. Cuando no hay más por hacer aparece el miedo al sentir ajeno y? al propio.
No llores, que me vas a hacer llorar a mí, dicen muchos, como si llorar fuera malo. Otras veces se enjuicia el sentir o se pretende soslayarlo con racionalizaciones. Por ejemplo: "No llores la muerte de tu ser querido, que seguro que está feliz en el cielo"; "No sufras por la ruptura de tu noviazgo, que sos joven y ya vendrán otros"; "No te angusties por la falta de trabajo, que esforzándote vas a conseguir pronto".
Son todas maneras de pretender diluir el sentir en vez de honrarlo y, así, acompañarlo de la mejor manera.
G. K. Chesterton decía: "El modo de atenuar la pena es magnificándola. La manera de afrontar una crisis penosa es insistiendo mucho en que se trata de una crisis; hay que permitir a la gente que se siente triste que por lo menos se sienta importante".
Acompañar en el sentimiento es, justamente, una manera de darle lugar e importancia al genuino sentir del otro (no a las lágrimas de cocodrilo, por supuesto), para ayudar a que ese sentir cumpla su cometido y siga su camino, sin atascarse.
Ayudar a quien está en un pozo no es meterse en ese pozo. Se trata de no generar lo que se llama confluencia, que es la mezcolanza que diluye los lugares de cada uno. Desde afuera del pozo se ayuda mejor. A veces, quien está viviendo algo duro dirá, enojado, que el acompañante nada sabe de lo que significa vivir lo que él vive. La culpa de no sufrir como el sufriente puede generar equívocos, como que alguno se meta en el pozo con el que está allí adentro, y ambos queden abajo, encerrados.
Acompañar en el sentimiento es de las cosas más nobles que tenemos. Trasciende la materialidad, sin negarla. Es lo que hace que el penar no se transforme en desierto carente de sentido, y habilita a que quien fue herido por lo que la vida le puso en el camino, siga sintiéndose humano. Es el acompañar y ser acompañado lo que permite a la gente salir del exilio del dolor, para seguir sintiéndose gente, más allá de todo.
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