Semblanzas del fútbol (picante) de cada verano

Crédito: Javier Joaquín
Muchos jugadores ponen la pierna más fuerte en los amistosos. ¿Por qué? El Beto Márcico y Hugo Lamadrid completan un cuadro de anécdotas
Damián Damore
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5 de febrero de 2017  

Los partidos de verano son calientes y no sólo por las altas temperaturas. Ponen a los equipos en la recta final de la competencia por los porotos. Hasta el año pasado, la AFA le entregó la potestad de las sanciones (partidos suspendidos, futbolistas expulsados) a las ligas locales, que tenían jurisdición donde se jugaban los amistosos. Las sanciones en general siempre fueron caramelizadas y con el bonus de que no corrían para los torneos oficiales. Esta ventaja despertó un afán algo descontrolado de los jugadores, que se expresó en cortas guerras de verano, selladas con un pacto implícito de impunidad.

Hubo veces que la sangre llegó al río, en rigor de verdad al mar o la sierras, con trifulcas o equipos que abadonaron el campo de juego por sentirse estafados. Rebota aún en la memoria de los futboleros el escándalo del último día de enero de 2016, en el estadio José María Minella de Mar del Plata, en el clásico platense de Gimnasia y Estudiantes. La fricción dominó la escena desde temprano: la primera falta violenta fue a los 40 segundos. El árbitro Silvio Trucco amonestó a 11 jugadores (5 en Estudiantes, 6 en Gimnasia) y expulsó a tres, dos de los cuales fueron por violentísimas entradas: de Álvaro Pereira (patada a la sien de Facundo Oreja, que fue retirado en ambulancia) y la de Santiago Ascacíbar, por una falta desde atrás sobre Antonio Medina. Esa acción desató la barbarie. Los jugadores comenzaron una gresca general que incluyó patadas voladoras y manotazos a granel, algo parecido a lo que se ve en las jaulas de lucha de la UFC, donde vale todo.

Para la AFA, fue la gota que rebasó el balde. Hubo penas de 1 a 8 fechas y las sanciones se hicieron efectivas en el torneo oficial. Desde entonces, los fallos para los jugadores en los torneos veraniegos pueden ser extendidos a la competencia por los puntos.

Estalló el verano

Los futbolistas siempre encuentran justificativos para poner la pierna fuerte o jugar de manera temeraria. ¿Las excusas? Que están duros por la exigencia física, que no encuentran el timing. Algunos quieren recuperar el tiempo perdido de la temporada anterior lo más rápido posible. Hasta se cubren bajo el absurdo paraguas de que “no existen los partidos amistosos” o, mucho peor, que la violencia se cuela en el fútbol a través de una sociedad que es su reflejo. En síntesis: estalló el verano.

Históricamente, muchos jugadores se van de vacaciones a Mar del Plata, alquilan una carpa en Punta Mogotes y desde ahí pispean si faltan hombres para el picado que se arma a la canchita de papi del Balneario 12, por décadas epicentro de masa futbolera (la ocupan entrenadores, futbolistas y periodistas), donde se mezclan a jugar con los turistas. Al poco tiempo se van curados para encarar la pretemporada y los partidos estivales, como el de Boca y?Racing de 1989.

Ambos equipos habían tenido un final de año caliente. El 22 de diciembre de 1988 se enfrentaron por el torneo local en Avellaneda y cuando Navarro Montoya, arquero de Boca, fue a ocupar el arco, cayeron bombas de estruendo desde la tribuna de Racing. Mientras lo asistían, desde el mismo lugar voló una piedra que dio en el rostro de su compañero Juan Simón, lo que provocó la inmediata suspensión del partido cuando le quedaba un tiempo entero.

En la semana se desataron polémicas cruzadas. La más resonante señalaba al Mono Navarro Montoya como simulador de un aturdimiento que no existió. No faltaron los que, como sucedería años más tarde con los jugadores de River con el gas pimienta, dijeron que si él hubiera querido, podía seguir. Hasta se mencionó una teoría conspirativa en contra de Racing, con hinchas de Boca infiltrados en su tribuna para sabotear a la Academia. Aquel encuentro se resolvió en las oficinas de la AFA: Boca lo ganó en 1 a 0 en el escritorio, aunque en la cancha la cosa no pasó del 0 a 0.

El partido que ambos equipos jugarían casi un mes después para enfrentarse en un cuadrangular de verano en Córdoba se vivió como una revancha. La cita fue el viernes 20 de enero, en el Chateau Carreras, desafío que tampoco llegó al minuto 90, aunque por distintas razones.

Crédito: Javier Joaquín

Racing ganaba 2 a 1 con un gol de su puntero izquierdo Walter Fernández y puso a Boca al borde del nocaut. La Academia dominaba el juego hasta que en los minutos finales, Boca reaccionó. A los 39 minutos sancionaron un penal para Boca y expulsaron al marcador central de Racing, Gustavo Costas. Tiró el Coya Gutiérrez, atajó Fillol y de rebote, el mismo jugador consiguió el empate. Minutos más tarde, casi sobre el cierre del partido, en un contrataque José Luis Villareal convirtió el 3 a 2 para Boca con una media vuelta. Golazo. En ese instante, José Steimberg, uno de los organizadores del cuadrangular, se abrazó al borde del campo de juego con el presidente de Eventos Internacionales, Alejandro Palma.

A pocos metros fueron testigos de la felicidad ajena el entrenador de Racing, Coco Basile y su ayudante, el Panadero Díaz. El Panadero fue a encararlos acompañado de Gustavo Costas, que se quedó parado mirando el final del partido. Fillol salió corriendo del arco, encaró al árbitro Juan Carlos Loustau para insultarlo. Loustau lo recibió con la tarjeta roja y los ánimo se caldearon todavía más para el arquero campeón del mundo. Esa expulsión fue el detonante para la retirada de Racing a los vestuarios.

El gesto que hizo el Pato era parecido al que hizo el año pasado el arquero de Unión, Nereo Fernández, en un partido en que su equipo jugó con River por la Copa Argentina. Un puño golpeando la palma de la otra mano, ilustración mundial de que estaba todo pago.

El Coco Basile fue directo contra el entrenador de Boca, José Pastoriza, colega cercano en sus ideas futbolísticas, pero emblema por años de Independiente, el rival del barrio: “Chorro, hijo de p. Nos robaste dos partidos”, en alusión a éste y al de la última fecha del año anterior. Pastoriza se llamó a silencio, agachó la cabeza como para morderse el cuello, como si con ese acto el cuerpo se purificara.

Un cartel gigante electrónico, que sólo actuaba para las grandes veladas, encendió las letras de Copa de Oro Córdoba 89, que titilaron varias veces hasta que explotaron los fuegos artificiales. Tras mirar un rato al aire, Boca y el árbitro decidieron acompañar a Racing a los vestuarios. “No fue un partido normal. Hice un gol yo, imagínate –se corre del escándalo Hugo Lamadrid, mediocampista de Racing que jugó aquel partido–. Entre jugadores no hubo nada. Es más: nos enteramos lo que pasaba cuando el Coco hace retirar el equipo. Sí me acuerdo de que un jugador nuestro, del que no voy a decir su nombre, le apuntó con el mentón al árbitro y le dijo: ‘Loustau, Loustau, patealo vos.”

Cuando a Basile le preguntaron el por qué de los insultos a su colega apeló a los famosos códigos de fútbol, leyes inescrutables para quienes no forman parte de ese mundo: “Cosas nuestras que ya vamos a arreglar. No necesito decirlo a través de los periodistas.” A las dos de la mañana, Racing avisaba a través de un comunicado oficial su abandono del torneo. Dejaron la concentración del hotel Nogaró, cambiaron los pasajes y ese mismo sábado 21 volaron desde el aeropuesto Pajas Blancas hacia Buenos Aires para retornar el trabajo en Avellaneda.

Rojo de la calentura

Racing no fue el único que abandonó un partido de verano. Independiente hizo lo mismo, curiosamente frente a Boca, aunque en Mar del Plata.

Boca, que había salido campeón en 1992, estrenaba su título presentando a su incorporación, el delantero Alberto Acosta. El Beto. El partido lo dirigía Javier Castrilli, lo que permitía especular con alguna sorpresa. Castrilli no daba segundas oportunidades, por lo que si alguien ponía la pierna fuerte no duraría mucho. El sheriff. La noche del 20 de enero de 1993, el estadio Mundialista tuvo a 30 mil personas que fueron a ver otro partido que no terminó.

Ganaba Boca con gol de Beto Márcico. A los 40 llegó la roja para Gustavo López, del Rojo. Hasta ahí pasó lo que se esperaba, pero nadie se alarmó mucho. Apenas empezó el segundo tiempo llegó el empate de Néstor Craviotto para Independiente. Pero los 34 de ese tiempo, una excursión por el centro del área del Beto Acosta fue frenada por Craviotto con un foul. Castrilli marcó penal. Sin que nadie lo imaginara, sería ése el punto de inflexión del juego.

Tras las protestas de jugadores del Rojo, el árbitro expulsó a su arquero, Luis Islas. Entonces tomó protagonismo el entrenador de Independiente, Jorge Marchetta, haciendo gestos desde el banco incitando a la retirada.

Con la pelota ubicada en el punto del penal, todos miraban al DT creyendo que el gesto apuntaba al jugador de campo que tenía que salir para poner al arquero suplente, tal como lo permite el reglamento. A su lado, el paraguayo Velázquez, con los guantes puestos, daba fe del acto de Marchetta. Pero el plan del técnico no era que saliera uno, sino todos. A los 35 minutos del segundo tiempo, Craviotto, Moas,?Desio, Pelado Meijide, Cagna, Perico Pérez, el Dani Garnero, Fernández y el Turco Mohamed enfilaron hacia los vestuarios.

Los jugadores de Boca permanecieron quietos en el campo hasta que un minuto después, el partido quedó oficialmente suspendido. Hoy el Beto Márcico recuerda que aquella fue la única vez que vivió algo de ese tipo. “Recuerdo que no pasó nada, pero era curioso ver que el partido se suspendía porque te sancionan un penal en contra. Nunca lo vi. Todavía podía atajarlo el arquero o errarlo. Fue un partido de lo más normal. Y cuando se suspendió, el público se fue tranquilo a sus casas. Hoy no sé qué pasaría. Antes iban a la cancha los que estaban de veraneo, ahora los hinchas viajan para ver a sus equipos en los amistosos”, detalla a La Nación revista. El fallo cayó en el Tribunal de Penas de la Liga Marplatense, entidad que tenía bajo su jurisdicción la Copa de Oro 1993, dando por finalizado el partido Boca-Independiente con el resultado 1 a 0 a favor de Boca. Suspendió a Luis Islas por dos partidos, a Gustavo López por 1 y a Jorge Marchetta por 30 días, sanciones que sólo tuvieron validez para este tipo de torneos. Independiente, además, quedó descalificado por abandono.

Escándado, es un escándalo

El 26 de enero de 2002, River y Boca protagonizaron otro partido escandaloso en Mar del Plata cuando el Xeneize goleaba 4-0. El conjunto dirigido entonces por el Maestro Tabárez había puesto a pibes suplentes y tuvo su gran noche frente al Millonario de Ramón Díaz. Los dirigidos por el uruguayo jugaron a un ritmo infernal. Antes de los 20, ganaban 3 a 0. Bien temprano, a los 4, llegó el primero: un centro de Battaglia y una certera definición de Ariel Carreño. A los 12, Omar Pérez empujó al gol un rebote de Comizzo, tras otro remate de Carreño. Marcelo Delgado decretó el tercero con un tiro seco. Más allá de los goles, la noche perfecta de Boca se abrevió cuando iban 1-0. El arquero Wilfredo Caballero, que debutó como titular en Boca ese día, le contuvo un penal al uruguayo Daniel Fonseca.

Cuando la goleada asomó, Comizzo levantó sus brazos como pidiéndoles alguna explicación a sus compañeros. Le recriminó a Lequi y discutió con Ayala. Coudet y Pereyra también andaban a los gritos. Desde la popular empezó a bajar un recordatorio al técnico de River, Ramón Díaz: "Poné a Cardetti, la p...que te parió". River quería goles. Pero Boca también. El xeneize fue el que más se concentró en el partido: lo jugó todo el tiempo como si fueran 0 a 0. Y así, en el segundo tiempo, llegó el cuarto: otro gol de Carreño.

El lío comenzó en la platea, donde se pelearon hinchas de los dos clubes. Los nervios se expandieron como la ola mexicana y a los pocos segundos se expandían a la tribuna de River, donde sus hinchas se pelearon con la policía. Hubo gases, corridas y una diáspora que dejó al estadio semivacío en minutos, con el humo revoloteando en el aire.

Cuando los jugadores se iban a los vestuarios, en le medio del caos hubo tiempo para que Coudet discutiera con Carreño y con el Maestro Tabárez. Minucias de que el juego todavía interesaba. Al partido le quedaba media hora, pero el árbitro Héctor Baldassi lo dio por concluido con ese resultado y aquí no ha pasado nada. En el River 0-Boca 5 de Mendoza, en enero de 2015, el Millo tuvo tres expulsados; Mayada, Sánchez y Teo Gutiérrez. Partido bravo y con polémicas. Pero River tuvo luego un año de gloria. Poco importó el amistoso. Porque, como en Las Vegas, lo que pasa en el torneo de verano, queda en el verano.

River 0- Boca 5 (Mendoza, enero 2015, amistoso). River tuvo varios expulsados; Mayada, Sánchez y Teo Gutiérrez y una derrota catastrófica que parecía traer caos. Partido bravo y con polémicas. Abal, bien.

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