Sexo en cuarentena. La eterna pandemia de la infidelidad
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Hace pocos días se cumplieron 25 años del estreno de Los puentes de Madison, por lejos, una de las historias de amor mejor contadas que hayamos visto en la pantalla grande, un clásico indispensable para recordar la dimensión de ese sentimiento capaz surgir en un segundo y durar toda la vida. Clint Eastwood interpreta a un fotógrafo de National Geographic y Meryl Streep a una ama de casa casada con un granjero y con una existencia tranquila, normal, hasta se diría feliz (aunque eso pueda sonar contradictorio). Ya siendo adultos se enamoran a primera vista. El romance transcurre en solo cuatro días, pero los marcará para siempre. Muchas hipótesis se tejieron alrededor de la escena final, ese momento dramático y torrencial en el que ella decide no fugarse con su amante, que la espera paciente en la camioneta. Pueden haberle pasado mil pensamientos por la cabeza, pero todo sugiere que quizá Francesca no se animó a cargar con el peso de su infidelidad, una decisión que vista en perspectiva la transforma en una especie de heroína, o al menos a eso se parece alguien que renuncia a su deseo para no lastimar a un tercero.
Amantes y pandemia
El aniversario de la película coincide con una noticia que sorprende, además, si pensamos que el fenómeno se produjo en el contexto del confinamiento, cuando se suponía que debíamos quedarnos todos en casa para no contagiar ni contagiarnos de Covid-19. Sin embargo, durante ese tiempo eterno mucha gente en pareja no aguantó la monogamia forzada y se apuntó a sitios y aplicaciones de citas para casados. Mientras unos se conformaron con el sexo a distancia y a escondidas, miles rompieron el encierro para ir al encuentro del affaire virtual. Se hicieron pasar por el chico del delivery, aprovecharon el paseo del perro y la soledad de algún parque, y cientos consiguieron burlar la vigilancia de edificios o barrios donde viven, entre otras trampas ingeniosas. El caso local más resonante trascendió en Rio Gallegos, donde una vecina destruyó con una pala de asador el auto de su marido, mientras éste se encontraba en un hotel con su amante.
Dos horas y media de navegación promedio
Desde que en el Reino Unido decretaron la cuarentena el número de perfiles de Gleeden, la plataforma de encuentros extraconyugales en Francia y dirigida por mujeres, creció un 170%, confirma un artículo publicado en el diario El País de Madrid. El tráfico romántico aumentó 260% en comparación con otros meses de marzo, y el tiempo de conexión demostró la actividad febril de los usuarios: durante el cautiverio impuesto, la navegación alcanzó un promedio de dos horas y media. Un récord. "Pensamos que el confinamiento afectaría negativamente a la actividad de nuestros miembros ante la falta de expectativas de reunirse pronto", explicaba Solène Paillet, directora de marketing de Gleeden, a la autora de la nota. "En este período de crisis de salud mundial que pone patas arriba todas nuestras vidas, las personas en pareja se ven aún más afectadas que las personas que viven solas porque tienen que adaptarse rápidamente a vivir las 24 horas del día con su pareja. El roce en casa y en reclusión forzada inevitablemente pone de manifiesto tensiones, sin que haya una escapatoria en la vida real. Gleeden les permite encontrar algo de privacidad y cultivar su jardín secreto entre personas que se entienden" decía. Igual de exitosa fue la cuarentena para el portal Ashely Madison, el mismo que en 2015 filtró datos privados de sus millones de miembros en todo el mundo. Pero pasado pisado: recuperó su popularidad a un ritmo de 17.000 nuevos usuarios registrados cada día durante el aislamiento, al decir de su director John Keable. "Quien se une a nosotros es porque ya vive una fractura en su hogar. Y la cuarentena o la obligación de teletrabajar desde el mismo sitio donde está su pareja la van a amplificar dramáticamente. Cuando no tienes el alivio de la oficina para pasar horas fuera de casa, esto es una válvula de escape. Incluso sabiendo que no va a haber interacción física, al menos, a corto plazo. Poder hablar con alguien en tu misma situación es un alivio en estos días tan complicados" opinaba en una revista de Tecnología.
El encierro tiene consecuencias nefastas. A estas alturas es imposible especular con la cantidad de contagios "comunitarios" que sembraron y los que tuvieron encuentros furtivos, aquellos que encuentran goce en el riesgo, lo dejan claro: la infidelidad es la única pandemia que jamás tendrá cura.










