
Churba, Toledo, Ramírez y los Estebecorena, entre otros diseñadores, se unieron para crear Sr. Amor: una colección que busca reivindicar el trabajo de reciclado del Ejercito de Salvación y expandir la idea de consumo consciente.
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Frívola, elitista, hueca. Si, puede ser. Pero también, solidaria. Vean sino a
Sr. Amor,
la marca que la agencia de comunicación
creó para remozar la imagen del
(EdS), la organización evangelista nacida en Londres que trabaja por los desposeídos en la Argentina hace más de un siglo.
"Descubrimos que el público joven no conocía al EdS. Y nos propusimos crear un medio para conectarlos. Eso es Sr. Amor",
dice
director general creativo de JWT junto a
Y explica:
"El puntapié inicial lo dimos con la moda, porque lo que más recibe el EdS es ropa".
(Un dato anecdótico: según un estudio, en los primeros lugares conocidos por las nuevas generaciones para acercarse y donar se ubican Unief y Cáritas). Lo que sigue es lo más jugoso del asunto: siete diseñadores top, del tamaño de Martín Churba, Mariano Toledo, Pablo Ramírez, Hermanos Estebecorena, y Mercedes Martínez y Mariano Breccia, de 12-NA, donaron ingenio, creatividad y tiempo. Ingenio para descubrir prendas con potencial entre las pilas de ropas que se acumulan en los galpones que el EdS tiene en Pompeya. Creatividad para imaginarlas como piezas únicas. Tiempo para convertir el sueño en realidad.
"Lo que busca Sr. Amor (un homenaje al creador de la asociación benéfica, William Booth), más que generar ventas, es generar conciencia. Reforzar la idea de solidaridad y sustentabilidad", apunta Vecino. Por eso la colección no se vende y es itinerante. "Se mueve por todas las provincias. Hace un par de meses estuvo en Rosario. También en Córdoba", detalla Carlos Besse, ejecutivo de la cuenta. Eso no es todo. Durante 2011, la marca realizó una actividad multidisciplinaria en la que varios músicos (entre los que se anotaron Dj Stuart, Deborah De Corral, Maxi Trusso y Leo García) echaron mano de un puñado de vinilos que juntaban polvo en el EdS y los reversionaron, y un grupo de directores de cine publicitario realizó seis cortos con musas donadas: la frase de un libro, la prenda de un diseñador o un objeto del galpón. "Van a circular por los cines", avisa Besse. Además, desde este año Sr. Amor tiene su cátedra en las carreras de Diseño de Indumentaria en la Universidad de Buenos Aires, la UADE y la cordobesa Siglo XXI donde los estudiantes desarrollarán ejercicios de reciclaje.
Pero es hora de volver al principio. La solidaridad. ¿Esta movida tiene correlato en números? "Sí", responde apurado Alvarez Travieso. "Desde el lanzamiento de la marca, el público joven se multiplicó en los galpones del EdS: el incremento alcanza el 70 por ciento. Tuvieron que sumar camiones a la flota que recolecta las donaciones. Y ya tienen 3.500 seguidores en la fan page."
<b> Consumo consciente </b>
Dicen los expertos que es tendencia. La gente se compromete más, y con marcas que se comprometen. Tal vez por eso crece el número de empresas de indumentaria que ponen en marcha acciones solidarias. Muestra de ello es el concepto Buy one give one que hace furor en Europa y en los Estados Unidos con Toms Shoes a la cabeza. Sí, se trata de alpargatas, pero en versión alta costura. (Si las vieran los gauchos...) Se fabrican acá, muchas de las donaciones se realizan en estas pampas y uno de los dos socios es local: Alejo Nitti. El otro es estadounidense: Blake Mycoskie. La fórmula es clara. Cada vez que Toms vende un par, regala otro a un chico que lo necesita. "Se trata de destinar, en forma de donación, toda la venta de los países ricos a los países en vías de desarrollo", pondera Nitti. En la misma sintonía están la sofisticada marca de vestidos orgánicos Whitten Grey, los accesorios para niños Happy Blankie, las corbatas Figs Ties (dona uniformes escolares para los chicos de Africa), las botas de goma Roma Boots y los enteritos para bebés Baby Teresa, entre otros.
En la Argentina, las marcas optan por estrategias más convencionales. Algunas tejen alianzas con asociaciones sin fines de lucro. Es el caso de Cheeky, que desde 2008 colabora económicamente y desde la difusión con Alegría Intensiva, un grupo de clowns profesionales que lleva diversión a los chicos que están enfermos y hospitalizados. También el de Ricky Sarkany, quien convocó a artistas plásticos a realizar obras inspiradas en zapatos, las subastó y donó lo recaudado a la Fundación Favaloro. Otros lanzan ediciones especiales. Como Complot, que creó la colección de remeras Love para recaudar fondos en favor de la Fundación Natalí Dafne Flexer, que ayuda a los niños con cáncer. O Levi’s, marca que acaba de presentar la línea eco Water Less™jeans, capaz de reducir el consumo de agua en un promedio del 28 por ciento. Escada realiza desde 2006 el Winter Charity Sale y el Christmas Charity Sale a precios promocionales y destina el 10 por ciento de la venta a la compra de equipamiento para hospitales.
Hay firmas que prefieren calar más hondo. Promover cambios más profundos. Por eso la última apuesta de la etiqueta de ropa infantil Mimo&Co. es que los empleados terminen la secundaria en la empresa, donde funciona, también, un jardín maternal al que asisten más de 30 chicos. En el mismo camino transita la diseñadora María Cher, quien junto con su mamá, Liliana Crigna, asistente social, imaginó una escuela de oficios que finalmente echó a andar de la mano de Fundación Paz por la No Violencia Familiar. Desde su creación, en 2006, capacitó a casi ochocientas personas de bajos recursos en moldería industrial, de niños y bebés, aprendiz de sastre, arreglos y confección básica y estampado de telas. Una puerta abierta a un futuro que parecía sellado.
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