Siempre buenos compañeros
Por Eduardo Tarnassi Para La Nación
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Un aspecto poco conocido de la vida de Sigmund Freud (1856-1939), el padre del psicoanálisis, fue su amor por los perros. El estudioso vienés gustaba de la rara y suntuosa raza chow-chow, cuyos ejemplares se describen como los perros chinos de la lengua azul.
Este can peletero era considerado una auténtica rareza en el continente europeo del siglo XIX y comienzos del XX.
En cantonés chow significa comida, por lo que no habría que descartar que en el Lejano Oriente estos animales sirvieran para agregar proteínas a los magros guisos que servían de alimento al pueblo chino.
Freud pasaba mucho tiempo con sus perros. Estos eran dos, Topsy (o Jofy) y Lüng. El médico austríaco compartía su afición por esta raza con Marie Bonaparte (1882-1962), su discípula y amiga,descendiente del mismísimo Napoleón Bonaparte y esposa del príncipe Jorge de Grecia y Dinamarca.
En la obra Sigmund Freud. Su vida en imágenes y textos (Paidós) puede leerse una carta que Sigmund envió a Marie el 6 de diciembre de 1936. Allí dice: Y consigue explicar los motivos de que se pueda querer a un animal como Topsy (o Jofy) con tanta intensidad; se trata de un afecto sin ambivalencias, de la simplicidad de una vida liberada de los casi insoportables conflictos de la cultura, de la belleza, de una existencia completa en sí misma. Y, sin embargo, a pesar de todas las divergencias en cuanto a desarrollo orgánico, existe el sentimiento de una afinidad íntima, de una solidaridad indiscutible. A menudo, cuando acaricio a Jofy, me he sorprendido tarareando una melodía que, pese a mi mal oído, reconocí como el aria de Don Juan: Un lazo de amistad pura nos une a ambos...
En esa época, Sigmund Freud ya estaba enfermo y moriría tres años más tarde, el 23 de septiembre de 1939.
Sin embargo, ésta no fue la única referencia que el padre del psicoanálisis hizo acerca de sus perros. También sostuvo que jugar con ellos era retornar a los mejores sentimientos de la infancia.
Algo que llama la atención es que varios seguidores de su escuela hayan interpretado que ese tipo de mascota era un objeto mediante el cual el paciente se escudaba para ocultar su inconsciente.
Sin embargo, estas consideraciones han sido superadas. La psicología revalorizó el rol que cumplen los animales de compañía.
Son nada menos que un puente que les permite el contacto con su entorno, venciendo, de este modo, complejos temores que le impiden comunicarse con sus semejantes.
No por nada el gran maestro austríaco era considerado un genio.






