
Hobby de pilotos profesionales pero también de chicos que lo toman como un juego, los simuladores de vuelo hacen furor en el mundo virtual. Cómo atravesar el cielo desde tu casa
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Son las diez menos cuarto de la noche en Aeroparque, el cielo está despejado y el reporte de control indica viento de 110 grados, a nueve nudos, con ráfagas de dieciocho nudos. El tráfico es intenso pero normal a esa hora. Hay tres aviones en tierra esperando directivas y uno a punto de aterrizar. El controlador de aproximación indicó altura, curso y velocidad para la maniobra final y aguarda la devolución del piloto.
De pronto, el avión desaparece del radar. Esta vez, en lugar de convertirse en escándalo internacional, todo sigue adelante. Nadie muere, ni pierde plata ni da explicaciones. Es el mundo virtual. Las desapariciones son desconexiones y suceden con frecuencia. A alguien se le colgó la computadora o se tuvo que ir a ocupar de la vida real.
Lo que sale a la luz cada vez que ocurre un incidente así en el mundo real, entre otras cosas, es el saber de miles de pilotos virtuales, aficionados y profesionales, que cada día recorren desde sus casas las mismas rutas y con los mismos aviones que utilizan las aerolíneas reales. Las redes de aviación virtual como IVAO y VATSIM sostienen una comunidad en línea con más de 200.000 miembros, que crece día a día desde que los simuladores de vuelo comenzaron a usarse en red. Reproducen el vuelo en situaciones de tráfico, con calidad de imagen fotorrealística y con todos los dispositivos de radar y comunicaciones que se utilizan en la aviación real. La pertenencia a estas redes y su uso son gratuitos, pero están sujetos a diversas regulaciones, cuyo incumplimiento acarrea la suspensión y, eventualmente, la expulsión. Los pilotos están obligados a presentar un plan previo de vuelo y a seguir las indicaciones del controlador.
La idea es hacer todo del modo más profesional y realista que la tecnología lo permita y la tecnología actual permite mucho realismo. Con equipos y programas que pueden costar entre US$50 y US$50.000, los simuladores de vuelo son, a la vez, el último juguete y la primera herramienta del aviador.
Laureano Domínguez Brunner es hijo de un panadero de Parque Patricios. Tiene 22 años y ya sacó su registro de piloto privado. Lleva acumuladas 150 horas de vuelo real y trabaja como instructor. Le faltan cien horas para sacar su licencia de piloto comercial. Además, supera las 3.000 horas de vuelo virtual y la historia de su carrera comienza a los 15 años con un simulador de PC. Es una historia similar a la de muchos pilotos de su generación, cuenta Laureano. Provienen de familias ajenas al rubro, pero desde muy chicos, gracias a las redes de aviación virtual, saben que su objetivo es convertirse en pilotos de aerolínea. Laureano explica: "Volar no es algo realmente muy difícil ni complicado. Es solo seguir una serie de procedimientos. Cualquiera que tenga la dedicación y el tiempo para aprendérselos puede". Si bien el simulador de vuelo es algo al alcance de cualquiera, aprender a usarlo no es cosa de cinco minutos. Una simulación realista de una actividad profesional requiere, lógicamente, mucho profesionalismo. Hay que tomar cursos (o mirar tutoriales), dar exámenes teóricos y leer manuales online. Hay que acumular horas de experiencia y certificarlas en alguna página. Hay centros de entrenamiento autorizados, códigos de conducta y jefes de operaciones. Muchos, por supuesto, son como Laureano, aeronáuticos de profesión, cuyo hobby, además, es la aviación virtual. Casi todos los que la practican sueñan con una sola cosa: ser pilotos de aerolínea.

Santiago Cianciulli trabaja como ejecutivo de cuentas en Microsoft y llegó a volar aviones de instrucción. Si bien fue abandonando la carrera de aviador real, lo hace como aviador virtual: es el CEO de Sur-Air, la mayor aerolínea virtual en la Argentina. Tiene más de cuatrocientos pilotos activos y una sofisticada página web en la que pueden llevar un registro detallado de toda su actividad y registrar cada uno de sus vuelos para que se computen como horas de vuelo.
El que más ha volado es también piloto en la vida real, tiene 58 años y ya supera las 16.000 horas. Por su parte, el más notorio de los jóvenes dejó de volar con Sur-Air a los 15 (había empezado a los 13) y llegó a registrar 970 horas. "Tratamos de hacer todo como si realmente fuéramos una aerolínea que opera en la Argentina y, al mismo tiempo, tratamos de que los pilotos sigan conectándose y registrando horas de vuelo con nosotros. Tenemos una flota coherente con las instalaciones de los aeropuertos en la Argentina y un criterio de evaluación de vuelos similar al de las aerolíneas reales. En nuestro staff tenemos de todo: comerciantes, ingenieros y un cardiólogo que también es piloto comercial. Nos juntamos al menos una vez por mes y somos todos apasionados de la aviación", concluye Santiago Cianciulli.
<b>Señores pasajeros…</b>
Santiago nos recibió un feriado a la mañana en su departamento de Olivos. Con Luca, su hijo de tres años a upa, viajamos de Mar del Plata a Aeroparque, sentados en la cabina de un 737-700, respetando el procedimiento "by-the-book". El simulador sincroniza las condiciones climáticas con el estado actual del tiempo real. Estaba nublado y había ráfagas de veinticuatro nudos que nos impedían hacer un aterrizaje visual, así que tuvimos que hacer la aproximación por instrumentos, dando una larga vuelta de descenso por Ezeiza y San Fernando. Santiago tiene una PC con dos pantallas, un joystick no muy moderno pero bastante completo y un sonido decente. En una pantalla, la cabina del Boeing en 3D; en la otra, el plan de vuelo, el informe meteorológico y una ventanita con la imagen del avión visto desde fuera. Hay que decir que la experiencia es, en efecto, de un realismo asombroso, aunque la magia termina tan pronto como suena el teléfono y la vida te devuelve a tierra.
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