Sororidad profesional. Las mujeres también se unen en los espacios de trabajo

Diferentes colectivos feministas han comenzado a emerger en el interior de los espacios laborales
Diferentes colectivos feministas han comenzado a emerger en el interior de los espacios laborales Fuente: LA NACION
Aixa Rocca
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4 de enero de 2020  

Podría suceder en tu ambiente laboral. Tal vez ya esté sucediendo y no lo sepas, aunque los colectivos feministas no se caracterizan por ser silenciosos. Son espacios vivos; emergen entre colegas de diferentes profesiones bajo un común denominador: mujeres que se autoconvocan para compartir experiencias e instalar temáticas de conversación que interpelen los espacios de trabajo y de acción en los que se mueven, para instalar temáticas de género y relevar situaciones de disparidad o abuso de poder. En estos colectivos prima la reciprocidad, y la información circula de manera generosa. Son orgánicos en todo el sentido de la palabra: van creciendo, mutando, amplificando su voz y conectándose con otros.

Tal vez uno de los colectivos feministas ligados a una profesión que mayor conocimiento público tuvo en los últimos años fue Actrices Argentinas. Pero hay muchísimos más. Ciudad del Deseo, por ejemplo, reúne a profesionales de diversas disciplinas que comparten un particular interés por el urbanismo. Lo integran antropólogas, arquitectas, trabajadoras sociales, sociólogas, diseñadoras de paisaje y comunicadoras. Surgió a comienzos de 2019 en el marco de la convocatoria a la marcha por el 8M. "La marcha fue un poco la razón y la excusa para plantear una conversación con perspectiva de género en torno a cuestiones que hacían al diseño urbano y a las políticas urbanas en general", explica Luciana Serrano, investigadora e integrante del colectivo desde sus inicios. "Ciudad del Deseo apareció como un espacio de encuentro para todas estas mujeres que visualizamos sesgos, puntos ciegos, violencia, exclusiones y borramientos en este campo específico de trabajo. Somos puro devenir, pura praxis". Su primera acción como colectivo fue organizar una intervención durante la marcha. En diferentes puntos neurálgicos de la Ciudad de Buenos Aires, se desplegaron mapas que interpelaban a las transeúntes con dos preguntas disparadoras: ¿Dónde te sentís libre? ¿Dónde te sentís valiente? Además, se invitó a las mujeres a intervenir el dibujo de una figura humana para expresar sus sensaciones mientras caminaban por la calle (por ejemplo, encorvar los hombros por miedo, evitar determinadas vestimentas, llevar las llaves de casa en la mano o los auriculares colocados pero con el volumen bajo). El aporte de cada persona y sus intervenciones en esa figura humana iban configurando una suerte de cadáver exquisito.

Ambas intervenciones se hicieron en la calle, de manera espontánea, con el apoyo de una convocatoria en redes sociales. "El encuentro en torno a esas preguntas en el contexto de una marcha feminista genera conversaciones y afinidades espontáneas entre desconocidos y desconocidas, y eso genera una sensación de colectivo muy interesante", reflexiona Sabrina Giuliano, trabajadora social e integrante de Ciudad del Deseo. "Los mapas son una herramienta no sólo para conseguir información sino para generar afinidad, politicidad, reflexión", añade.

Abrir preguntas

Hoy la agenda de este colectivo se organiza en torno diversos cuestionamientos como por ejemplo ¿qué es una ciudad feminista? o ¿quién decide sobre la planificación de una ciudad? A decir de sus integrantes, se trata de pensar "qué se necesita, qué nos está faltando, qué cosas o principios no tienen espacio en la ciudad para suceder" (de ahí el término ciudad del deseo). "Nos preguntamos cómo sería una ciudad que no se conciba desde el mandato de la productividad, desde una racionalidad orientada a la ganancia y a una subjetividad específica, que es el hombre blanco, saludable, hétero, productivo, preferentemente de clase media. Es una invitación a correr el velo de todas las configuraciones urbanas que piensan al sujeto de la vida urbana como ese estereotipo androcéntrico. La Ciudad del Deseo cuestiona el diseño, las relaciones y los modos de convivir".

Cuando se las interpela en torno a qué definiciones o conclusiones van emergiendo del accionar de este colectivo, la antropóloga Natalia García Dopazo explica que hoy la agenda de género está "en ebullición" y que eso implica tener una postura responsable: "Es importante no caer en el punitivismo. No estamos acá para decir esto es bueno, esto es malo, esto se puede, esto no se puede. Los colectivos feministas no debemos convertirnos en jueces de la moral pura. Hay una tensión por pedirnos definiciones muy categóricas, cuando pensamos que el feminismo es en realidad un proceso. Son las instituciones las que tienen que garantizar la conversación, mientras que a nosotras nos toca elegir dónde pararnos. Y no es ni afuera ni adentro de las estructuras sino en el borde, en el lugar más interesante pero el más incómodo. Es un lugar que habilita el diálogo y la pregunta, y que hace emerger ciertas pistas, en lugar de postular una guía metodológica de lo que hay que hacer".

Las conversaciones iniciadas por los colectivos feministas se ven a menudo amplificadas o replicadas por otros colectivos de Argentina y el mundo. En el caso de Ciudad del Deseo, esa conexión marca el próximo paso en su agenda: la presentación en Buenos Aires del libro Urbanismo feminista, editado por Col:lectiú Punt 6, de España, con presentación de la arquitecta Ana Falú, que se realizó el 4 de diciembre.

Cuando en 2018 Rocío Restaino (head of Brand Strategy de Interbrand y consultora en Género y Comunicación para diferentes organizaciones) se sumó al staff de Lean In Latam, la sede local de la organización global fundada por Sheryl Sandberg (COO de Facebook) agrupaba a 10 mujeres en el país. Hoy ya congrega cerca de 900. La experiencia vivida en Lean In le enseñó a Rocío que "suceden cosas increíbles cuando nos conectamos y nos reconocemos con otras mujeres en sororidad". Ese recorrido la llevó a preguntarse por qué en nuestro país no existía algo similar a ese colectivo o al de las Actrices Argentinas, pero para mujeres de la industria publicitaria. Tal vez el disparador para fundar Mujeres en Publicidad (MEP) fue el aluvión de consultas que recibía por parte de colegas que la contactaban buscando una suerte de recomendación sobre cómo accionar frente a temas críticos vividos en sus espacios de trabajo.

El primer paso de MEP fue armar un grupo de Whatsapp que fue creciendo con la invitación a trabajadoras de la industria publicitaria y afines. Luego armaron un espacio en la nube donde compartir libros, artículos y currículums de quienes buscan trabajo. Con el tiempo crearon sus redes sociales y diseñaron talleres, además de un newsletter para aquellas integrantes que no resistían la intensidad del grupo de Whatsapp pero que querían mantenerse al tanto de las novedades y encuentros del colectivo. Cuenta Rocío que, apenas un mes después de que naciera MEP, ya habían organizado su primera acción de creación colaborativa: una campaña y un manifiesto para el 8M, "Las 10 transformaciones que queremos ver en la industria", en donde plantean "cuáles son las principales cuestiones que necesitamos para tener más inclusión, diversidad y derechos en la industria publicitaria".

Con más de 200 participantes, hoy MEP se define como "un espacio amplio y diverso, capaz de reunir a profesionales activas de la comunicación, marketing, publicidad, producción, entre otras áreas, de todos los seniorities pero especialmente de los más altos, para traer a la mesa a las mujeres que tienen el poder de impulsar cambios potentes dentro de las estructuras. Un espacio donde poder conectar con colegas para hacer negocios o para intercambiar experiencias, buscar guía o impulsar proyectos en conjunto". Entre otras actividades, organizan un taller de Publicidad y perspectiva de género, y una serie de encuentros llamados "MEP +", a los que invitan a mujeres referentes ajenas al mundo publicitario para que puedan inspirarlas a "pensar las mejores estrategias para transformar la industria" (ya participaron Mariana Carbajal y Helena Estrada).

A las mujeres autoconvocadas en MEP las une una preocupación por el impacto que la práctica profesional publicitaria tiene sobre la reproducción de estereotipos y desigualdades de género, y las ganas de generar un cambio en ese sentido. Funciona como plataforma de networking e intercambio, como un espacio de formación y una usina de desarrollo de proyectos colaborativos. Un punto en común entre los colectivos feministas es que no suelen contar con fondos de financiamiento, por lo cual todo el trabajo es voluntario y colaborativo. Está claro: su principal capital es el poder de la sororidad.

Por: Aixa Rocca
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