
Sorpresa
Antesala de la alegría o del miedo, siempre es motivo suficiente para modificar el estado de ánimo de quien la recibe
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Es una de las emociones básicas. Se la considera neutra porque no despierta siempre la misma reacción emocional.
En rasgos generales, según su agrado o desagrado, la sorpresa suele ser la antesala, al menos, de la alegría o del miedo. Todo depende del contenido y del tono de los acontecimientos, así como de nuestras experiencias pasadas. La atención y la memoria son funciones cognitivas absolutamente relacionadas con el motivo que haya provocado lo sorpresivo.
Si hay algo que podemos consensuar (y sin sorprendernos) es que las sorpresas siempre son motivo suficiente como para modificar el estado de ánimo de quien recibe la buena o mala noticia.
Noticia es, precisamente, una palabra clave a la hora de entender la anatomía de la sorpresa. Es noticia lo nuevo, lo que sorprende, lo que nos interesa, lo que nos afecta (para bien o para mal) por proximidad o geografía.
El regalo de Reyes, la aprobación de un examen complicado, el pedido de boda, el sexo de tu bebe, el aumento de sueldo, la lotería.
Cuando las sorpresas nos han conquistado, nada mejor que guardar la foto de aquellos días, colores, sabores y aromas sonrientes.
Sin embargo, a pesar de los beneficios que pueda acarrear la sorpresa en cuestión, están quienes detestan, incluso, los anuncios, regalos o festejos sorpresa. Es que la sorpresa es lo imprevisto y no todos resisten la idea de no hacer pie o no tenerlo todo bajo control.
Para bien o para mal, deberíamos soltar la rigidez de nuestros deseos y expectativas. La vida en sí misma es una gran caja de sorpresas.
El regalo tan esperado que no llega, el aplazo, el amor que no se formaliza (para quien así lo desea, claro está), el clásico ¡es una nena! cuando esperabas un varón, el aumento postergado, el insistir creyendo que sólo el azar puede salvarnos, el adiós repentino.
La aceptación y el compromiso, así como los duelos necesarios, son analgésicos recomendables para superar, incluso, hasta las sorpresas que hayan resultado demoledoras.
¿Qué sorpresas recordás haber recibido o experimentado? ¿Qué emociones provocaron? ¿Cuánto te han condicionado? ¿Cuántas has aceptado, disfrutado o revertido justo a tiempo? Ojalá estas líneas te hayan sorprendido en algo y para bien. Ojalá puedas capitalizar tus próximas sorpresas, sean buenas o malas.







