
"Soy como Batman, pero borracho"
Norman Cook es Fatboy Slim, el inglés con doble identidad más famoso de la industria de la música electrónica: enemigo número uno de las computadoras, es DJ de las fiestas más caras del mundo y productor de discos emblemáticos. Mañana tocará gratis en una playa de Mar del Plata
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Es una tarde fría en Brighton, la elegante ciudad al sur de Londres que anota entre sus doscientos mil habitantes (estudiantes universitarios más o menos) a algunos personajes ilustres del mundo del espectáculo: allí viven desde Cate Blanchett y Paul McCartney hasta este vecino del Beatle. A propósito, los tres grados centígrados no intimidan al renovado Norman Cook (el hombre detrás de Fatboy Slim). Sin su atuendo de DJ, el ex fumador que conserva intactos otros vicios vuelve al trote del gimnasio a la casa que comparte con su mujer (la conductora de la BBC Zoe Ball) y su pequeño hijo Woody ("como el vaquero de Toy Story") y pide "tan sólo un minuto" para "prepararse". Más tarde saltará: "¿¡Yo, un superstar...!? Sé que soy un buen DJ, alguien muy popular, pero no me describiría así -declara por teléfono, encerrado entre las burbujas de jabón de su bañera con vista al mar-. Quizá sea un stupidstar, ¿qué tal esa nueva categoría?", ríe Mr. Cook.
A pesar de lo que diga, de su ironía y particular sentido del humor, Fatboy (también el productor de discos) tiene un brillo estelar. De otro modo, Ronaldo en persona no habría levantado el teléfono para ofrecerle el lugar que U2 rechazó en su casamiento: el de animador. Allí estará, entonces, el próximo 14 de febrero, Día de los Enamorados, entreteniendo con un "samba set" a David Beckham y Michael Schumacher, entre otros invitados a la boda con sede en París. "Tocar para celebridades no es algo que haga muy seguido, trato de evitarlo -admite, salvando el caso de la última fiesta de Vanity Fair, en el marco de la entrega de los Oscar, donde Puff Daddy, Jennifer Lopez y Rachel Welch se movieron a su antojo-. Más bien tiene que ser una ocasión muy especial. Este es un honor para mí. Soy un gran fan de Ronaldo, adoro cuando juega contra Inglaterra, aunque, claro, desearía que estuviera de nuestro lado."
La pelota lleva la conversación a buen puerto. Cook, que mañana regresará a la Argentina en formato playero, cuenta que en marzo de 2004 pudo encontrarse personalmente con el futbolista en Río de Janeiro, cuando debutó de la mano del Nokia Trends en esto de adaptar sus multitudinarios rituales de Brighton a otras orillas (ver recuadro). Allí, causó efecto con "Garota de Ipanema" y volvió a guiñarle el ojo a los 180.000 brasileños que poblaron la Flamengo beach cuando mezcló "Alegría, alegría", de Caetano Veloso.
-Igual, ¿no vas a poner tango en Mar del Plata?
-Cuando estábamos probando sonido en Río, el día anterior al show, escuché un remix de "Garota..." y alguien me dijo que si lo incluía todos se volverían locos. Es bueno adquirir un poco de conocimiento local, por eso siempre llego a cada lugar tres o cuatro días antes. Y si me recomendaran poner un tango, ¿por qué no? Será una tarde genial. Baile, visuales, fuegos artificiales. En estas fiestas todos son bienvenidos.
-La última vez en Brighton no terminó todo bien... ¿Por eso decidiste mudarlas a otras partes del mundo?
-Fui víctima de mi propio éxito. Hubo un doscientos cincuenta por ciento de gente respecto de la que esperábamos, quedó mucha basura y desorden: llevó tres días limpiar el pueblo. Pero creo que fue bueno, porque a los comerciantes les dejó dinero y también hizo que éste sea un lugar conocido en el mapa, sólo que un sector de la prensa dijo que alguien había muerto en el show. La chica australiana falleció cuatro horas después, cuando regresaba borracha a su casa. No volveré a hacerlo más en Inglaterra, ya nadie se anima a hacer cosas gratis por los costos de garantizar la seguridad. Iré a la Argentina, Chile, Brasil, Colombia y, el año próximo, a Japón y Australia.
-Sabrás sobre la tragedia que ocurrió hace un mes en Buenos Aires, en un recital de rock en una discoteca: murieron casi 200 jóvenes.
-Estaba de vacaciones, no me enteré. ¡Qué terrible! Les prometo que la seguridad y la salud de todo el mundo van a ser una prioridad. No quiero ser responsable por nadie lastimado.
Para tener la fiesta en paz, el listado de medidas tomadas alrededor del balneario El Alamo -el más sureño cruzando el faro de Punta Mogotes- incluye para la tarde de mañana dos motos de agua y un gomón con ocho agentes de Prefectura, 17 guardavidas, un jet ski adicional, 70 personas de la Cruz Roja, seis puestos médicos y un hospital de campaña.
Fatboy Slim dúo
Si las Big Beach Boutique lo consagraron como DJ de masas, fue "You´ve Come A Long Way, Baby" (1998), su segundo disco de estudio, el que -a caballito del track "Rockafeller Sank"- elevó al músico. Hasta el mismo Norman lo reconoce: "Hay dos Fatboy Slim, el que hace discos y el que los pincha". Y aunque el que subirá mañana al escenario será el que se transforma en superhéroe de las pistas de baile cuando se calza la camisa hawaiana ("soy como Batman, pero borracho"), un par de temas de su reciente "Palookaville" se colará en el set para traer también a su otra mitad, en mágica yuxtaposición.
Cruzada la barrera de los cuarenta, con un hijo de 4 años y su matrimonio reestabilizado, Norman hizo una serie de nuevas elecciones. También su alterego Fatboy, que después de producir a Blur en "Think Tank" (2003), concluyó que la próxima vez iría al estudio con más hombres que máquinas. La decisión describe en esencia su último álbum y varios ejemplos ilustran el caso, más allá de una lista de colaboradores de carne y hueso. De hecho, los síntomas de humanidad comenzaron por su ser: el rey del sampler retomó el bajo que había colgado en 1988, con el final de The Housemartins ("las cuerdas estaban oxidadas, yo también en mi forma de tocar"). Y una borrachera (¡nada más mundano!) compartida con Damon Albarn, por ejemplo, disparó la sentimental "Put It Back Together", que hace autobiografía matrimonial en "Palookaville". "Estábamos celebrando el final de la grabación de su disco cuando Albarn me dijo: «Vos estás para ponerte a tocar y yo tengo unas letras». Terminamos yéndonos de la fiesta para el estudio. Habíamos tomado mucho: él, vino tinto; yo, vodka.
-Siempre vodka, ¿por la resaca?
-Es mi trago preferido, junto con la leche. Empiezo el día con leche y termino con vodka. Es obvio el orden, si fuera al revés no estaría muy bien. Aunque lo he probado algunas veces, pero no es correcto.... ¡No, chicos, no lo hagan...!
-¿Seguís soñando con que Al Green participe en un disco tuyo?
-Sí, pero creo que no va a poder ser porque él es reverendo y se enteró de que soy muy pecador. Igual, en mi viaje de luna de miel hice una peregrinación a su iglesia en Memphis... así que quizá (se echa a reír).
-Odiás las máquinas. Sos como el colmo del músico electrónico.
-No, no soy enemigo de todas las máquinas, sólo de las computadoras. Ni siquiera tengo una y la de mi mujer no sabría cómo prenderla. No uso Internet ni correo electrónico. Tengo un teléfono y una máquina de fax. Posiblemente algún día haya una computadora en mi vida, por ahora soy felizmente soltero.
Ese mundo informático que, casi, desprecia ("me resulta frustrante", se fastidia), es contra el que Fatboy Slim lucha en "Slash Dot Dash" (se traduce "/.-", por los caracteres del teclado), el rítmico primer corte de "Palookaville" cuyo genial video fue censurado en su tierra por... ¡apología al vandalismo! "No puede pasarse los sábados a la mañana, que es cuando los chicos miran más televisión -comenta la prohibición que recayó sobre los jóvenes que corren en una habitación, armados con un par de marcadores de trazo grueso-. Sí, es así de ridícula la normativa, y rige para siempre, aunque en Internet los niños puedan encontrar lo mismo (y más). Lo máximo que podría suceder es que, después de verlo, alguien pensara en escribir una pared. No hay desnudos ni violencia. Soy padre, sensible, tengo códigos y sé qué cosas no deben mostrarse: me gusta beber, pero no lo hago en un video."
Del vaso derramado sobre la mesa de la cabina de Pachá, en su primera visita a la Argentina (octubre de 2001), Fatboy Slim no dice nada. Pero las cuatro mil personas que soportaron el calor, la humedad y las (¡otra vez sopa!) inclemencias meteorológicas para encontrarse con el famoso DJ lo vieron mezclar, coquetear con lo latino, inyectar euforia de estadio de fútbol y alejarse de su otro yo: el que firma discos. Lo que sí dice Norman sobre Buenos Aires es que jamás vio caer tanta agua. Una vez más, el inexplicable maleficio que recae en los shows de electrónica porteños. "Te juro, nunca presencié nada igual: el cielo soltó la lluvia más fuerte que pueda recordar -se explaya, con voz expresiva-, había goteras en el camarín, a cada rato se cortaba la luz y hacía tanto calor..."
-Habías dicho que, a tu regreso, tocarías en el estadio de Boca Juniors y, finalmente, vas gratis a la playa.
-Dejemos que Lenny lo haga primero (Kravitz llegará al estadio xeneize el 12 de marzo). Si a él le va bien, el año que viene volveré a la Bombonera y, de paso, me cruzaré al Maracaná.






