
Spregelburd: defensa de un teatro idiota
Harto de que le endilguen una pretensión intelectual en la que descree, el actor y dramaturgo afirma, en diálogo con VIA LIBRE, el carácter lúdico y de experimentación desde el cual concibe sus creaciones. Y pone como ejemplo Fractal , la pieza que acaba de reponer en el Centro Cultural Rojas y La escala humana , que escribió junto a Alejandro Tantanián y Javier Daulte, que se estrenará mañana
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Me sorprende mucho la respuesta de la gente porque sé que se dice que mis obras son crípticas, cosa que no creo; creo que son de una idiotez prístina. Quizá no se pueda ver claramente el procedimiento con que fueron construidas, pero está bien que así sea. Como el teatro funciona a partir de la palabra, se piensa que si no comprendo la lógica con la cual fueron elegidas esas palabras me están tratando de idiota. Y yo insisto, mis obras son muy simples. De hecho, cuando se presentan en otros países, donde no existe el prejuicio de que "esto debe ser teatro intelectual", la gente disfruta muchísimo".
Rafael Spregelburd emprende con toda su verborragia para tratar de explicar y explicarse la multitudinaria y juvenil concurrencia a Fractal, la pieza que se repuso el último fin de semana en el Centro Cultural Rojas y en la que sus catorce alumnos de actuación compartieron con él la tarea de dramaturgos.
Una misma línea -que habla de cierta estricta coherencia- es fácil de detectar en las palabras de este director, dramaturgo y actor, que además este fin de semana estrenará La escala humana, una pieza en la que también compartió escritura y dirección con Alejandro Tantanián y Javier Daulte y a la que casualmente también trata de "idiota".
"Es la obra que nadie esperaba que escribiéramos juntos, una comedia policial muy ramplona y muy idiota, que cuanto más idiota es más radical en su discurso", describe Spregelburd, que también formará parte del elenco. Los procesos de coescritura fueron totalmente diferentes, mientras que Fractal comenzó siendo una excusa para trabajar en un taller con pretensiones didácticas, La escala humana se trató de un proyecto de coproducción entre el Hebbel Theater de Berlín y el Teatro General San Martín. "Con Tantanián y Daulte comenzamos a escribir sabiendo que iba a haber una serie de negociaciones y transacciones. El método inicial fue que cada uno escribiera la misma escena para luego tratar de rescatar lo que más nos gustaba de las propuestas..., no funcionó. Pero nos dimos cuenta de que no queríamos la sumatoria de tres estéticas, sino llegar a una que para todos fuera nueva. Lo definimos como "siempre escribir en la casa de otro". Uno cuando escribe quiere ser otro, quiere tranzar con esa otredad en la cual descubre cosas que no conocía. Además, escribiendo de a tres ha habido un enorme permiso para los caprichos..., pensando Ôya otro me lo autorizará´, detalla Spregelburd. Fractal, en cambio, fue un experimento, como casi todo lo que seduce al director. Todo empezó hace poco más de un año cuando sus alumnos de actuación le propusieron que en vez de tomar clases de una manera más o menos convencional se animaran a emprender con ellos una experiencia que podía terminar en algo más. Spregelburd aceptó el desafío. Y lo que empezó siendo una excusa para trabajar se convirtió en esta desopilante historia que conviene disfrutar, más que intentar entender.
La teoría del caos
"El problema de las ideas en teatro es justamente que el teatro no es el mejor medio para transmitir ideas. Tal como yo lo entiendo, el teatro no es una herramienta de comunicación. Es una herramienta de contagio, de locura, de transmisión de impresiones, pero no de comunicación en el sentido estricto. Cuando yo digo A, no espero que todos entiendan A, para eso escribiría un artículo periodístico", se explaya el director antes de meterse de lleno en los pliegues y vericuetos de la exótica construcción de Fractal.
"Para llegar a donde llegamos nos creamos una serie de reglas, basadas en una lectura rápida y un poco banal de la teoría del caos (del matemático francés Benoit Mandelbrot), como pudimos tomar cualquier otra. Previamente habíamos estado trabajando en biografías de enciclopedias. Uno, en realidad, puede tomar distintos aspectos del mundo real y luego intentar una traducción teatral. Lo que quizá se hace muy difícil de compartir es por qué llegamos a determinadas decisiones o cómo estuvo elaborado. Pero la pieza es una obra de teatro perfectamente perceptible. Yo propuse las situaciones y los actores tenían la obligación de construir sus personajes y encontrar el texto para esas situaciones. Después metí mano en el texto y entre todos fuimos trabajando las escenas, sobre todo en función de verificar qué cosas funcionaban y cuáles no", sigue Spregelburd.
Es claro que no quiso transmitir una ideal lineal, clara y transparente, pero consiguió un espectáculo enredado y repleto de estímulos que termina siendo lineal, claro y transparente y, sobre todo, de una frescura y un humor que sorprende. Del caos emerge un nuevo orden.
"Quizá la única diferencia entre una actividad intelectual determinada y la actividad intelectual en teatro es que para mí si no hay humor no hay teatro. El hecho teatral consiste en ocupar distintos puntos de vista al mismo tiempo y esto de por sí ya es humorístico. La diferencia entre la escritura de una novela y el teatro es que todos los puntos de vista, llamémoslos los personajes, tienen la misma autoridad para hacerte creer que su visión del mundo es la correcta, mientras que en la novela siempre está la voz del autor que te va guiando. Y nos hemos olvidado de esto porque nos hemos convencido de que el teatro es importante, es serio", sigue Spregelburd. Como dice el director, a lo mejor no hace falta saber que se inspiraron en los solitones (olas solitarias que pueden viajar miles y miles de kilómetros) para entender por qué un hecho tan nimio como el envío de un video casero al Paraguay -que sucede al comienzo de la obra- logra trasvasarla completamente para llegar a destino -dos horas después-. Cualquier procedimiento dramatúrgico tradicional o clásico lo consideraría un error porque no se ha desarrollado la idea, pero es claro que desarrollarla no fue la intención ni el deseo del grupo.
"Creemos que Fractal resulta fresca porque no hemos atendido a nuestros prejuicios, sino más bien a esa forma en que la teoría del caos intenta explicar el funcionamiento de la vida, y allí está la obra llena de líneas que no conducen a ninguna parte, de situaciones que se parecen a la vida en la cual uno no puede leer simbolismos. Lo bueno fue que nos permitimos casi todo", sigue Spregelburd.
Sin pizarrones
No es casual ni caprichoso que Spregelburd haya aceptado la propuesta de sus alumnos. "Tengo con la docencia una relación muy extraña, porque cada vez que me propongo enseñar algo me propongo, además, descubrir algo nuevo. Para mí la actuación está ligada a la manera en que el actor se apodera de los mecanismos de producción en teatro. Me parece que la formación del actor debería estar íntimamente ligada a la formación del dramaturgo. El dramaturgo no es un escritor de escritorio -si bien los hay y muy buenos-, pero en este momento las experiencias teatrales más interesantes que he visto son extra literarias; textos cada vez más parecidos al guión cinematográfico. Creo que se está encontrando una especificidad teatral en este último tiempo más independiente de la literatura, por lo tanto puedo trabajar con actores y proponerles un trabajo de escritura", añade.
Antes que profesor, director y dramaturgo, Rafael Spregelburd es actor y es la actuación lo que lo empujó a indagar en el resto del universo teatral.
"Si escribo, escribo las obras que me gustaría actuar, y a veces termino no pudiendo. Como sucedió en La modestia, donde la complejidad de la dirección me impidió actuar. Juro que me da odio. Empiezo a odiar a los actores porque una vez que el trabajo como director termina, los que llevan adelante todo son ellos. Para mí, la dirección más que un lugar placentero es un lugar necesario para hacer lo que deseo hacer."
Fractal. Sábados, a las 21.30, en el C.C.R.Rojas, Corrientes 2038. Entrada, $ 5.
La escala humana. Desde mañana, de jueves a sábados, a las 21.30; domingos, a las 20.30. El Callejón, Humahuaca 3759. Entradas, $ 5 y $ 10, de viernes a domingos.
La escala humana
Casi sin proponérselo, una madre de familia se convierte en asesina serial. Un crimen casual que conduce a otro, y luego tal vez a muchos más. La repetición es -y más si se trata de matar- grave, pero es la única forma humana de ordenamiento que más o menos se conoce. Y tranquiliza. Un plan, también casual, para no tener que pagar por esos crímenes. Un plan que, salvo por algunos detalles en menor escala, funcionará a la perfección." El programa de mano advierte sobre algo de lo que puede suceder sobre el escenario... pero no lo dice todo. Siempre en policial, hay un misterio...
Hace casi un año Rafael Spregelburd, Javier Daulte y Alejandro Tantanián se toparon con la oportunidad de escribir y dirigir una obra en conjunto. La escala humana, que se estrenará mañana en El Callejón, es el resultado tangible de ese encuentro que respaldó el Hebbel Theater de Berlín y el Teatro General San Martín.
"Se trata de una obra de género, un policial al que naturalmente traicionamos. Es más, todas las reglas con las cuales se construye un buen policial están observadas y atacadas", explica Spregelburd.
El Callejón cobijará a La escala humana y a su gente hasta pasado el invierno, cuando partirán rumbo a Alemania para mostrar a sus patrocinadores la obra. "Creo que se van a sorprender porque lo que terminó siendo La escala... no se parece en nada a lo que han visto de nuestros trabajos", dice sonriente Spregelburd como si se tratara de una travesura.
Si bien los actores que saldrán a escena mañana son María Onetto, Gabriel Levy, María Inés Sancerni, Héctor Díaz y el propio Spregelburd, son muchos otros los que colaboraron con las voces en off, un oído atento podrá descubrir a Mirta Busnelli, Cristina Banegas, Mauricio Kartun y Alberto Segado, entre otros.






