Subastaron el vestidor de Amalita en una "feria americana" secreta y de lujo

Se vendieron vestidos Dior, chaquetas Chanel y carteras Vuitton que pertenecieron a Amalia Lacroze de Fortabat
Se vendieron vestidos Dior, chaquetas Chanel y carteras Vuitton que pertenecieron a Amalia Lacroze de Fortabat
Flavia Fernández
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16 de noviembre de 2018  • 16:57

La chica socialite de ojos de tigre, altísima, rubia, atraviesa el salón y todos la miran. Es un cóctel distinguido, pero ninguna sobresale como ella. Muy Nancy Reagan, murmura con maldad eventera un trío de expertos, atrincherados en una esquina del Emperatriz del Alvear. Copa en mano y burbujas que los inspiran para deducir el origen del look, la realidad es que ni el diseñador ni las dos productoras de moda sospechan lo insospechable. Dan por hecho que se trata de un tailleur Chanel de los 90 y hasta arriesgan que lo pudo haber comprado en el C Madelaine's, vintage maravilloso de Biscayne Boulevard, en North Miami. Por supuesto, no dan en la tecla. Jamás imaginarán que el trajecito Cocó de lana amarillo patito, inmaculado con sus vivos blancos y botones plateados, perteneció a la poderosa y regia de regias, Amalia Lacroze de Fortabat.

Exactamente una semana después, en la gala de un hospital, la misma chica ojos de tigre -esta vez maquillados hasta la sien, en una paleta selva muy bien pensada- irrumpió con un vestido verde loro despampanante. "No puede creerse cómo está confeccionado, las terminaciones que tiene. Esto no es de acá", le dijo por lo bajo un decorador a su marido. Y el tema de la mesa 6 fue ese: el vestido y el origen, que pronto se develó cuando alguien fue directamente al hueso. "Dior de los 80. Alta costura. Hecho a medida para mi tía abuela, que también era un cuatro o un seis americano, como yo", respondió ella sin sonrojarse ante la mentira. Porque el vestido era ese que describía, claro. Pero no fue herencia familiar ni mucho menos. El fabuloso Dior también perteneció a Amalita y lo había comprado en un vintage porteño.

Aunque familia y amigos callan, algunos saben que, al poco tiempo del fallecimiento de la poderosa empresaria, existió una especie de feria americana en su departamento. Discretísima, conducida por una mujer que hizo prometer silencio acerca del origen de los diseños.

Vestidos Dior (el verde loro y otro de gasa marfil con nudo en la espalda), trajes Chanel, carteras Vuitton repetidas, en diferentes colores, mucho Escada y Oscar de la Renta años 80. Y entre todo eso algunas sorpresas nacionales, como los vestidos Jazmín Chebar, Jorge Ibañez y Claudio Cosano. Todo esto sin estrenar, pero en su placard.

En el tour secreto de media tarde, secretaria y dueña de local vintage hablaron de precios y consignaciones. Alguien se llevó el tapado de visón acampanado, medio cortón; también el Balenciaga negro de terciopelo.

Resuelto el asunto, muchas prendas icónicas de uno de los personajes más jugosos de los años 90, comenzaron a circular en tiendas y volvieron a los eventos infiltradas en otras siluetas. No fue mala la idea si uno lo sabe y se sienta a adivinar quién lleva aquello. Observar la pícara mentira, saber que a cambio de 300 dólares ese Dior volvió a bailar. Porque la chica de los ojos raros también baila y baila... Tal vez poseída por el recuerdo de la gran dama, centro de todas las miradas, inolvidable aún en esas postales menemistas dancing queen que, seguramente, a esta joven le han contado.

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