
Talles reales
En pocos meses será reglamentada la ley 12665, que obligará a las tiendas de moda a fabricar todos los talles de prendas femeninas. Pese a que no ha sido bien recibida por los representantes de la industria, la medida intenta combatir la bulimia y la anorexia
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Para María Inés Calenius, salir de compras suele resultar una experiencia agotadora y, por lo menos, deprimente. Sabe de antemano que deberá recorrer todos los shoppings y galerías comerciales hasta dar con un pantalón o una pollera que mínimamente se adapte a sus formas, que por cierto se corresponden muy bien con su contextura ósea y su metro setenta y cinco de estatura. Y sabe que, además de quedarse fuera de la tendencia (rara vez encuentra un diseño que le guste adecuado a su tamaño), deberá soportar a las vendedoras, esas mujercitas poco solidarias que apenas la ven hurgando en los percheros atajan su pregunta con un No tengo tu talle. O, peor aún, las demasiado solícitas, que ofrecen la medida más grande sin que nadie se lo pida y, del otro lado del probador, gritan ¿Y gordi...? ¿Te entrooó? La apariencia de María Inés es saludable, pero estaría del todo satisfecha con su silueta si no fuera que para ciertas casas de moda superar el talle 44 significa ingresar en la categoría de gorda.
Desde hace un tiempo, muchas consumidoras no encuentran explicación cuando comprueban que, aun teniendo el mismo peso de siempre, han aumentado un talle. Antes de escuchar una respuesta dolorosa, se someten a dietas estrictísimas, cuando no deciden vestirse directamente en aquellas tiendas donde confeccionan talles especiales, mal llamados especiales, porque a estas alturas sabido es que existe una distorsión evidente entre el volumen corporal y el talle que rezan algunas etiquetas, entre el perímetro de una cintura común y una fabricada a criterio de la industria. Un extra large en Estados Unidos o España ya no representa al mismo tipo físico que en Brasil o la Argentina, por ejemplo. Y esto se ha convertido en un asunto polémico desde que nuestro país se ha consagrado como el segundo, después de Japón, con el más alto porcentaje de bulímicas y anoréxicas.
Los médicos estiman que una de cada diez argentinas padece este desorden alimentario como consecuencia de largas hambrunas, que son soportadas con tal de alcanzar determinados patrones estéticos, establecidos, en parte, por la moda. Considerando lo alarmante de la tendencia, en noviembre último la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires aprobó un proyecto de ley impulsado por la diputada María del Carmen Banzas que obliga a los comercios a tener en existencia todos los talles correspondientes a las medidas antropométricas de la mujer adolescente. La ley, que entrará en vigor dentro de unos pocos meses, apunta a que el mercado deje de estimular esos estereotipos alejados de la normalidad, y que termine con la discriminación que sufren quienes no desean ajustarse al noventa-sesenta-noventa. La ley 12.665 prevé multas y clausuras de hasta cinco días para aquellos negocios que no la cumplan. "Es imposible que esos vestidos mínimos se adapten a las curvas naturales, no andróginas, de la mujer media -expresó Banzas-. Por eso el mandato es simbólico y no material. Además, no se lanzan campañas de esclarecimiento para la población para que ayuden a combatir este fenómeno." Pese a sus buenas intenciones, la norma cayó como un balde de agua fría entre algunos empresarios que consideran lesionado su derecho al libre comercio, y acusan de liviana una normativa que está lejos de solucionar el problema de fondo. Según David Stalman, presidente de la Cámara de las Grandes Marcas, los talles grandes no se venden ni en las liquidaciones, lo que implica una perdida económica si éstos se confeccionaran en cantidades. "Es una ley imposible de cumplir, porque ¿qué significan todos los talles?, ¿que una persona de 140 kilos puede exigirle a una casa que fabrica ropa para jovencitas que le fabrique un modelo especialmente? En una situación de tanta recesión como la actual, fabricar todos los talles para no venderlos es una locura, porque cada empresa se atiene al target de su clientela. Es lo mismo que el día de mañana te obliguen a hacer ropa en todos los colores sólo porque a alguien se le ocurre tener una prenda determinada en verde o rojo.
Es un juego que el mercado maneja perfectamente, por eso es una ley tan inaplicable y absurda, que lleva en sí la imposibilidad de hacerla efectiva." El año último, la Federación Española de Empresas de Confección replanteó las medidas tradicionales tomadas a partir del busto, cadera y cintura, y que desde la década del setenta representaron las formas de los españoles. Este estudio antropométrico permitió examinar más de 40 variables de la anatomía humana, desde el perímetro de la pantorrilla, la distancia entre el codo y la muñeca y la circunferencia del cuello, lo que finalmente derivó en hechuras más democráticas y en la vuelta al consumo de marcas que para algunos habían estado proscriptas.
Quizás este sinceramiento de la industria sea el primer paso para erradicar definitivamente la bulimia y la anorexia.






