Taquígrafa desde los 17: “Entraba a la cámara de diputados con el uniforme”
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Al enterarse de que se prorrogó el retiro voluntario que venía ofreciendo el Congreso de la Nación a sus empleados, desde hace tres años, lo evaluó y se decidió: Eleonora Franzetti sintió que había llegado el momento de decir adiós. Así, el 10 de febrero, concluyó una carrera de 37 años dentro del Cuerpo de Taquígrafos de la Cámara de Diputados.
No fue fácil para Ely, a sus 55 años, animarse a cerrar una etapa en la que vida privada y profesional siempre estuvieron ligadas entre sí. En el Congreso se enamoró, se casó y formó la familia que hoy la apoya en su decisión: no más noches de sesiones maratónicas ni faltazos a festejos de cumpleaños.

Eleonora descubrió la taquigrafía a los 15 años, en 1981, en el tercer año de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, uno de los pocos colegios que dictaba esa materia. La taquigrafía o estenografía era un aprendizaje que en esos momentos se consideraba muy importante y con salida laboral. A diferencia de muchos de sus compañeros que encontraban aburrida y engorrosa la actividad, una obligación extra que debían cursar de contraturno y, en muchos casos, debían apoyar también cursando en las Academias Pitman, a ella le encantaba.
Así llegó a ser una de las mejores alumnas de taquigrafía y, dos años después, el profesor Guillermo Castellano, que era taquígrafo de la Cámara de Diputados de la Nación, le propuso empezar a prepararse para rendir el concurso de ingreso al Cuerpo de Taquígrafos que, en ese momento, vislumbrando el regreso a la democracia, abría muchas vacantes.
Cabe destacar que el Cuerpo de Taquígrafos junto con la Dirección de Información Parlamentaria son las dos únicas dependencias del Congreso de la Nación donde se ingresa por concurso público de oposición y antecedentes.
“Recuerdo que mi papá no estaba muy conforme, decía que no tenía necesidad de empezar a trabajar tan chica, y sobre todo en un ámbito como el de la política, en esa época tan masculino y donde históricamente las sesiones se desarrollaban hasta la madrugada”, cuenta Eleonora.
Sin embargo, se empezó a preparar: iba al Congreso para practicar dictados y se llevaba a su casa varios diarios de sesiones para seguir ejercitando. Fue una época de intensa práctica, varias horas por día, hasta llegar a las 140 palabras por minuto que se requerían para el concurso.

Finalmente, rindió, aprobó el concurso e ingresó a trabajar al Cuerpo de Taquígrafos en septiembre de 1983, con 17 años, ya en las puertas de la democracia, mientras cursaba el 5º año del colegio. Entró contratada, porque no tenía ni la mayoría de edad ni el secundario completo. “Había solamente cinco taquígrafas mujeres sobre un total de cuarenta y pico de integrantes. Hoy el Cuerpo está constituido por igual cantidad de mujeres y hombres, es decir que también en este ámbito hemos avanzado”, enumera.
“Entraba al recinto con el uniforme”
“En 1984 cursaba el 6º año del secundario –en el Pellegrini eran seis años-, y paralelamente iba al Congreso a trabajar, muchas veces con el uniforme del colegio, porque no tenía tiempo de cambiarme. Recuerdo entrar al recinto con el uniforme, bajo la mirada asombrada de los diputados. En 1984, ya con 18 años y el título secundario, rendí otro concurso y entré en la planta permanente”, cuenta con algo de pesar al rememorar que junto con ese desafío tan estimulante se le presentaba otro, inesperado y cruel: a solo un mes de haber entrado a trabajar en el Congreso, perdía a su papá. “Entré en septiembre del 83 y mi viejo murió en octubre, un mes después. Y el 30 de octubre fueron las elecciones presidenciales que ganó Raúl Alfonsín. Fue un año de revolución interna y externa. Todo bullía a mi alrededor”, evoca.
Qué es esa cosa llamada taquigrafía

La taquigrafía es un sistema de registro que, mediante signos, permite escribir a la velocidad del habla. Es una herramienta indispensable para reflejar todo lo que ocurre en las sesiones del Congreso. Es un documento tan válido como la grabación o la filmación. De hecho, coexisten todos los sistemas. Actualmente hay taquígrafos que utilizan el sistema Larralde, manual –como es el caso de Eleonora‑ y estenotipistas que disponen de una máquina que registra los discursos con un software de traducción en tiempo real. Desde hace unos veinte años todos los ingresantes al Cuerpo de Taquígrafos de la Cámara de Diputados utilizan la máquina de estenotipia.
En el Parlamento, la taquigrafía se utiliza para registrar los debates que forman parte del diario de sesiones, cuya publicación hace al sistema republicano de gobierno. Los diarios de sesiones reflejan la historia del Parlamento, y los debates el espíritu de las leyes. Los jueces pueden recurrir a los debates parlamentarios para interpretar lo que el legislador quiso transmitir en los fundamentos de una determinada ley para de ese modo contar con un instrumento de respaldo al aplicarla en una sentencia.
“Si bien las sesiones se graban y filman desde siempre, los taquígrafos trasladamos el lenguaje oral al texto escrito, volcamos todo lo que se dice en las sesiones y comisiones dándole forma, corrigiendo errores, evitando redundancias, colocando el verbo en el correcto tiempo y modo, ordenando y dando coherencia a las frases, pero respetando siempre el estilo del orador”, explica Eleonora. “Por eso la concentración es fundamental en el taquígrafo. En una hora y media tenemos que traducir, rotación mediante, lo que se dijo en poco tiempo. Además, tenemos que tener conocimientos políticos y del tema a considerar. La dinámica es vertiginosa y nos relevamos cada diez minutos”, agrega.
La pregunta a la que Eleonora y sus colegas están acostumbrados a escuchar cada vez que cuentan a qué se dedican es por qué la taquigrafía sigue vigente a pesar del avance de la tecnología. “La respuesta es que los taquígrafos, como funcionarios públicos de carrera, damos fe de lo que dijo el legislador, mientras que las grabaciones y filmaciones se pueden adulterar”, aclara “Además, en las grabaciones y filmaciones puede haber superposición de voces; en cambio el taquígrafo tiene inteligencia y discernimiento. Incluso, por algunos segundos puede tomar lo que dicen varias personas al mismo tiempo. Hay ámbitos en que la tecnología ayuda y mejora, pero no suplanta al ser humano. En muchas profesiones las personas somos irremplazables, y este es una de ellas. La taquigrafía sigue siendo el mejor método para registrar un debate”, defiende.
La historia de la democracia: entre Yabrán y Nisman
A lo largo de su carrera Eleonora Franzetti asistió a debates históricos; uno de ellos fue el de la derogación de la norma de facto de autoamnistía que se habían dictado los militares a sí mismos que fue lo que permitió llevar a cabo el Juicio a las Juntas. “También presencié el tratamiento de la Ley de Divorcio, la aprobación del Pacto de San José de Costa Rica de Derechos Humanos, el Tratado de Paz y Amistad con Chile, que vino a ponerle punto final al conflicto por el Canal del Beagle, las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, las leyes de privatizaciones, la Ley de Convertibilidad, la Resolución 125, la privatización de Gas del Estado, donde estuvo el famoso ‘diputrucho’ entre muchas otras. Más recientemente puedo nombrar la de Matrimonio Igualitario y la de Legalización del Aborto, como leyes clave. Muchos de esas sesiones duraron más de 24 horas”, recuenta.
Estuvo presente en la comisión a la que concurrió Alfredo Yabrán para responder sobre el asesinato de José Luis Cabezas, una anécdota para nada menor, teniendo en cuenta la críptica figura que fue el empresario que se negaba a ser fotografiado. “Recuerdo que el propio Yabrán nos dio la mano a todos los presentes”.
Tuvo también algunos momentos “peligrosos”, como en diciembre de 2001, en la época del “que se vayan todos”, en que cuando el personal salía del Congreso mucha gente les tiraba cosas desde los balcones, confundiéndolos con legisladores. “Recuerdo que, en el caos de uno de esos días, para volverme a mi casa me tomé un colectivo 37 que venía a contramano y le tiraron una piedra, rompiéndole los vidrios”, evoca y concluye: “Tenía que ir el lunes en que se esperaba a Nisman en la Comisión de Legislación Penal para que brindara información sobre la causa AMIA, pero nunca llegó. En fin, viví la historia parlamentaria del país desde 1983, o sea los últimos 37 años”.

El amor, su mejor historia
Pero quizá la mejor historia ligada a la oficina de Taquígrafos para Eleonora, es su historia de amor. Es que su profesor de Taquigrafía, ese mismo de quien habló al comienzo, Guillermo Castellano, abogado y desde hace siete años director del Cuerpo, se convirtió en su marido. Llevan juntos casi 32 años de casados y tienen 3 hijos: Guille (31), Regina (casi 30) y Gonzalo, (25).
“Guillermo fue mi profesor, el artífice de mi carrera, mi marido y mi director, pero por sobre todo el amor de mi vida”, dice Eleonora, pero aclara: “Nos pusimos de novios cuando yo tenía 22 años, él me lleva diez años, así que para nada me iba a imaginar cuando le pedí que me diera el diploma de graduada en el Pellegrini que algún día íbamos a formar una vida entera juntos”.
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