Telegram, el mensajero que ya es un secreto a voces

Fundado por los hermanos Nikolai y Pavel Durov, llegó a los 100 millones de usuarios y es el más elegido por los políticos y funcionarios argentinos
Ariel Torres
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12 de marzo de 2016  

Pavel Durov fundó Telegram junto a su hermano menor, Nikolai
Pavel Durov fundó Telegram junto a su hermano menor, Nikolai Crédito: Jim Wilson/NYT

En febrero de 2014, tras una decisión que pocos lograron comprender de forma cabal, Mark Zuckerberg, fundador y hombre fuerte de Facebook, desembolsó 22.000 millones de dólares para adquirir WhatsApp. Dijeron que era mucho dinero para una compañía de 50 empleados. Pero no era eso lo que importaba, sino sus -por entonces- 500 millones de usuarios. Hoy, con 1000 millones, aquella alocada inversión de Zuckerberg está rindiendo sus frutos y expande el horizonte de la red social.

Pero nada es eterno. Mucho menos en Internet. Picados por los escándalos que involucraron a celebridades indiscretas y las revelaciones del espionaje masivo y sistemático de las agencias de inteligencia, una parte del público está mudándose a Telegram, un mensajero que hace hincapié en la privacidad de las comunicaciones.

Telegram fue fundada en 2013 por los hermanos Nikolai y Pavel Durov. Pavel había creado en 2006 la mayor red social rusa, VK, de la que en 2014 se apropió, según el ejecutivo, la facción política de Vladimir Putin. Desde el exilio en Berlín aportó los fondos para que su hermano diera a luz un mensajero que hoy crece sin parar. Hace 2 años, Telegram tenía 35 millones de usuarios activos por mes. Hoy son 100 millones y se suman 350.000 nuevos suscriptos por día. El servicio despacha 15.000 millones de mensajes diarios.

Pero sabríamos poco de Telegram si no fuera por varios hechos fortuitos. Uno, en particular, ocurrió muy cerca, en Brasil, cuando la justicia de ese país bloqueó el uso de WhatsApp porque Facebook se había negado a acatar una orden judicial. El bloqueo dejó a millones de brasileños incomunicados que buscaron refugio en el mensajero de los hermanos Durov. Así, sumaron un millón y medio de usuarios en cuestión de horas y, más importante todavía, alcanzaron los titulares de los diarios. Desde entonces, su marca suena fuerte, despierta curiosidad y suma adeptos también en nuestro país. Pero, ¿qué tiene para resultar tan atractivo?

Su énfasis en la privacidad hizo eco en las generaciones que buscan salirse de los ámbitos de mamá, papá y los tíos; léase Facebook, Twitter y WhatsApp. Además, la tecnología de Telegram está bien conceptuada -aunque no es la más avanzada, en términos de privacidad- y, dato no menor, es muy fácil de usar.

Una de cal y otra de matemática

Curioso como suena, si Telegram es empleado sin mucho conocimiento, sin bucear en sus opciones, resulta sólo un poco mejor que WhatsApp, según este scorecard que mantiene la EFF sobre mensajeros instantáneos ( https://www.eff.org/secure-messaging-scorecard).

Para liberar el verdadero poder de Telegram hace falta iniciar un chat secreto. En ese caso, los mensajes no sólo viajan encriptados (algo común a la mayoría de los mensajeros, incluido WhatsApp), sino que las claves de cifrado nunca abandonan los dispositivos involucrados. Es decir, los intermediarios (por ejemplo, Telegram) no tienen modo de leer esos mensajes. Punto para los Durov.

Pero hay mucho más, y más práctico. Telegram ofrece la función de autodestrucción de los mensajes. Una vez que la otra persona los ha visto desaparecen de ambos teléfonos luego del tiempo estipulado (entre 1 segundo y una semana). Todavía más, el mensajero ofrece la posibilidad de destruir la cuenta si pasa cierto tiempo sin que la usemos.

Por añadidura, si una de las personas intenta capturar la pantalla del teléfono el programa envía un alerta. Obvio, no parece ninguna buena idea que alguien con quien mantenemos una charla muy pero muy privada esté capturando pantallas. Por cierto, nadie en este mundo podrá evitar que un indiscreto le saque directamente una foto al teléfono. Quedan avisados.

Otra de las funciones de Telegram que no existe en WhatsApp es la de bloquear el mensajero con un PIN. ¿Suena a medida contra cónyuges? Lo es, claro. Y también a prueba de asistentes curiosos. Adicionalmente, el mensajero tiene una interfaz Web en https://web.telegram.org, pero no permite chats secretos.

¿La privacidad de Telegram es, pues, perfecta? No hay nada 100% seguro en tecnología, pero los chats secretos (no los normales, insistimos) hacen honor a la fama que este mensajero se ha ganado. ¿Podría implementar WhatsApp funciones similares? Sí, pero no de forma tan creíble. Los hermanos Durov se permiten, por ejemplo, mantener encubierta la ubicación de sus oficinas. A Facebook, una compañía pública, esta táctica le resultaría impracticable.

Dato del estribo. ¿Entre quiénes es muy popular Telegram en la Argentina? ¿Entre las parejas mal avenidas? Quizá, pero, sobre todo, es muy usado por políticos y funcionarios. Y eso ya no es ningún secreto.

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