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Casi todos los ecosistemas del planeta han sufrido una transformación drástica debido a las actividades del ser humano y la sobreexplotación de los recursos. El avance de las urbanizaciones sobre zonas naturales, la contaminación del aire y de las aguas costeras, la deforestación, la destrucción de humedales, la introducción masiva de especies exóticas invasoras amenazan la biodiversidad local y el hábitat de la fauna autóctona. También, el monocultivo sobre terrenos agrícolas, que afecta la permeabilidad del suelo y promueve las inundaciones. Así, las poblaciones de plantas y animales han disminuido en número y en extensión geográfica.

Sin embargo, en todos los ámbitos, se refleja un cambio de paradigma y el paisajismo se sumerge entonces en la tendencia de la sostenibilidad en los procesos de diseño y en la selección del material vegetal para recrear el hábitat original. Este movimiento promueve, entre otras cosas, que se incluyan especies autóctonas para fomentar la biodiversidad.

El paisajismo se suma a la tendencia de la sustentabilidad en los procesos de diseño y en la inclusión de especies autóctonas.

De esta manera, de a poco, los jardines se van posicionando como sistemas naturales y como restauradores del paisaje.
En la actualidad, el trabajo responsable de los paisajistas, los jardineros y que se hace extensivo a los aficionados se basa en recuperar las especies en peligro de extinción –su reproducción–, en remediar zonas degradadas y en incluir plantas descontaminantes y fitorremediadoras.
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