¿Tenebroso? Descubrió un inesperado habitante en el techo de su casa
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Está acostumbrada a que los animales invadan su casa. En las afueras de Brisbane, en Australia, las lagartijas, las serpientes, las urracas y las zarigüeyas son los visitantes corrientes que, a lo largo de los últimos años, han elegido las instalaciones del hogar de Sabrina Raven para pasar allí algunos días. Quizás fue por eso que esa tarde mientras ella estaba en el baño y notó algo borroso en el techo, no se sorprendió por completo.
“Pensé que era una oruga peluda gigante o un montón de crías de arañas. Entonces, miré más de cerca y me di cuenta de que en realidad se trataba de un parche de pelo. Lo empujé -y ahora pensando en retrospectiva sé que seguramente no haya sido la idea más inteligente- y resultó algo esponjoso y suave“.
No hacía falta que conociera más detalles. Inmediatamente supo que se trataba de una zarigüeya cola de cepillo. Es que pequeños marsupiales nocturnos han estado invadiendo su hogar durante los últimos 20 años, pero ella siempre se las arregló para encontrar y bloquear sus agujeros. “Tenemos muchas de las colas de cepillo por donde vivo. El estruendo de las zarigüeyas saltando sobre el techo de los árboles después del anochecer es algo hermoso”. Siguió investigando y, al reconocer una pequeña garra, y confirmó que su suposición era correcta.

Raven buscó incansablemente agujeros en su casa, pero no pudo imaginar cómo había entrado la zarigüeya a ese sector del techo en el que se encontraba. También sabía que cerrar el agujero que la zarigüeya había masticado no tenía sentido alguno, ya que el animal simplemente haría otro. “En el estado donde vivo las zarigüeyas están protegidas. Así que, si uno atrapa un animal de este tipo, debe liberarlo a menos de 20 m del lugar en el que lo encontró para que pueda encontrar su rumbo fácilmente. Por eso, hasta que encuentre efectivamente por dónde está entrando a mi casa, todo tipo de trampa es inútil. Tampoco tiene sentido arreglar el techo. Ella solo va a masticar un nuevo agujero”.
Vecinos invasores
Ahora, después de un año de vivir juntos, Raven y la zarigüeya cola de cepillo, a quien apodó Floof, se han vuelto algo amigables. “La mayoría de los días que la veo, es solo un mechón de pelusa, que ella me deja acariciar. Su pelaje es suave como el de un conejo”.

Floof es sorprendentemente considerada para la actividad que suele tener una zarigüeya, y deja que Raven descanse un poco por la noche. “Ella es bastante tranquila en comparación con los demás. De vez en cuando, da un chillido justo antes de irse o cuando regresa”. Raven planea construir algunas cajas nido de zarigüeyas y colocarlas alrededor de su jardín para convencer a Floof de que se mude. Pero hasta entonces, no le importa compartir su casa con el adorable animalito. “Es demasiado difícil estar molesto con algo tan lindo”, dijo.
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