El jeep ha mostrado su cara más feroz durante medio siglo. Ahora, busca revertir la tendencia: como combinar el deporte y la vida en la urbe.
1 minuto de lectura'
Por Juan Ponieman.
Obsesionado con la ciudad como ningún otro jeep, el Patriot representa el génesis de la nueva doctrina americana que enseña cómo vivir pacíficamente, diversificando el uso entre la urbe de cemento y el desprolijo pero interesante campo de juegos, representado por las superficies argentinas: la planicie, los médanos y la nieve.
Su figura muestra una trompa prominente y grandiosa, fiel al estilo jeep. Permanecen en su frente las siete barras verticales que, acompañadas por círculos perfectos –focos lumínicos delanteros–, sitúan al espectador ante una obra clásica del diseño automotriz contemporáneo. En su línea lateral, las pequeñas ventanas acentúan el carácter individualista y moderno.
Por dentro, los detalles clásicos aún persisten. La palanca de cambios es grotesca pero estupenda, las luces del cluster son verdes y ochentosas y los botones, grandes y simples de usar. Los diseñadores no buscaron deslumbrar, sólo hacer lo necesario para crear un recinto ameno. Con espacio para cinco ocupantes y un baúl extenso, su habitáculo es un resumen de cómo debe ser un auténtico jeep. Agrega confortables butacas, control de estabilidad (ESP), entrada para iPod y múltiples airbags.
En su comportamiento, hay una comprensible unidad entre el conjunto motor-sistema de tracción y la puesta a punto de su chasis. Destinado a ser usado gran parte del tiempo en la ciudad, la electrónica participa activamente y distribuye el 90 por ciento de la fuerza al eje delantero. En caso de perder adherencia, las ruedas traseras absorben tracción y equiparan el esfuerzo. No obstante, para mayor seguridad en situaciones complejas, es posible (elevando una tecla situada en la consola) distribuir la mitad de la propulsión a cada eje, imitando el ejercicio de un diferencial central.
El comportamiento de la suspensión amortigua las irregularidades del camino, lo que les evita a los ocupantes sentir el sufrimiento generado por baches y caminos en mal estado. Por último, su motor empuja con justeza los 170 CV emitidos por el block de 2,4 litros. No es lento, y las prestaciones son coherentes con la carrocería.
Destinado a circular a diario en las ciudades y con grandes pretensiones fuera de ellas, el Patriot resulta un vehículo, a la vez, práctico y divertido.

Mirá más: ¿Te comprarías un híbrido? | Lo mejor del Salón de Ginebra | Seat Leon 2010, potencia y diseño | Autos: pequeñas diferencias, grandes rivalidades | Motos para andar en la ciudad | Hyundai i10, la seguridad como estandarte | C-Zero, el nuevo eléctrico de Citroën | Músicos amantes de los fierros | Nueva Delhi 2010: los mejores autos low cost | Cómo es el Toyota Camry 2010
1El dolor de la muerte la hizo acompañar, con yoga y alimentación, a mujeres en su fertilidad: “El camino de cada una no lo podemos saber”
2Efemérides del 25 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?
3Pensó que había tomado un trago inofensivo pero murió horas después: “Le puede pasar a cualquiera”
4El secreto del laurel: por qué deberías poner una hoja en tu zapato antes de salir de casa






