Teté, miss de misses
Desde muy joven representó la belleza argentina. Ahora, espléndida a los 60, la conductora revisa los momentos más importantes de una vida plena
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Su nombre es un clásico. Hace décadas que aparece en diarios y revistas... porque comienza un programa nuevo, porque conduce la ceremonia de los Martín Fierro o porque salió de compras con su amiga Susana Giménez. En el acervo popular está aquello de “Qué noche Teté”, la frase que acuñó Roberto Giordano en sus desfiles de verano y que se repite como muletilla cada vez que ocurre algo fuera de lo común. La suya no ha sido una vida de estridencias: Teté Coustarot no es una militante de los escándalos. Aquí tiene una carrera como modelo, periodista y conductora; luego, recorre el mundo acompañada por su hija Josefina, profesora de yoga, de 33 años, su nieta Sashi, de 12, y su pareja, Carlos Gaziglia.
Mujer de Géminis, este año cumplió sesenta: siempre impecable, su metro setenta y seis se impone. No hace gimnasia. Tampoco toma dos litros de agua por día. Para reflexionar acerca de los trabajos, los amores y desamores pasados, recibió a LNR en su departamento de Puerto Madero, frente al Museo de la Fundación Fortabat. Una vista maravillosa, desde un edificio inteligente. De punta en blanco, con algunos adornos antiguos y alfombras orientales que aportan color al comedor, que nos sirve de lugar de trabajo y donde estamos rodeadas de teléfonos, agendas y cuadernos.
-¿Cómo armamos un recorrido por tu vida paso a paso?
-Pensemos en los momentos de decisión. Mi mamá nos mandó al colegio a los 4 años. Me recibí de maestra a los 15. Y cuando tuve que elegir una carrera universitaria, fue Periodismo. Ir a La Plata surgió como algo natural, porque mi hermana mayor ya estaba allí estudiando Farmacia y Bioquímica.
-¿Qué significaba La Plata?, ¿la liberación?, ¿las luces de una gran ciudad?
-La liberación no, porque siempre hice lo que tuve ganas. Significaba una gran cuota de confianza por parte de mis padres. ¡Era 1966 y tenía 16 años! Nos comunicábamos por carta, imaginate: para hablar por teléfono había que pedir larga distancia. Por eso digo que fue una enorme dosis de confianza. Irme a vivir sola y manejarme con la plata que me mandaba papá fue un gran cambio. Almorzaba en el comedor universitario y, al poco tiempo, descubrí que tenía horas libres y que podía empezar a trabajar.
-Por tu belleza, ya habías sido Reina de la Manzana en General Roca. Eso debió de haberte dado seguridad en vos misma.
-Sí, claro. Y después fui Reina de la Patagonia, un concurso que no se hizo más. Pero tampoco era una seguridad basada en eso, porque en esa época no todo giraba alrededor de lo físico. Sabía que era una linda chica, me lo decían, pero no me creía súper. No había tantos espejos como ahora.
-Si el acento no estaba en lo físico y eras reina de belleza, ¿qué esperaban de vos?, ¿que fueras una intelectual?
-No, no. Mamá toda la vida fue maestra, directora de escuela y profesora de secundario. Había un valor puesto en la formación y en el trabajo. Nunca recibí el comentario "¡qué linda, Teté!". La mía era una casa austera.
-Era un momento de mucha actividad política. ¿Lo percibías? ¿Eso te marcó?
-Me tocó vivir la Noche de los Bastones Largos y la caída de Illia, pero no tenía mucha conciencia de lo que estaba pasando.
-¿Te recibiste?
-No. Había terminado de cursar, fui a Mar del Plata con mis padres y gané el concurso de Miss Siete Días. Estaba en un baile ese día cuando apareció el famoso fotógrafo Osvaldo Dubini y mi hermana Diana le dio mis datos; después mi prima me prestó un vestido; una amiga, los zapatos, y ahí fui y gané. Ese concurso te daba un contrato para trabajar en la revista Claudia.
-Tenías bien en claro que eras bellísima, y eso, sumado al dinero de los trabajos, da mucha libertad económica y espiritual.
-Yo siempre trabajé: vendí autos, fui promotora en una casa de electrodomésticos... Soy una mujer “todoterreno”. Como era Miss Siete Días, cada tanto salía en una tapa. Recuerdo que la primera vez fue impactante: caminaba por Florida y me veía ahí, colgada en los quioscos. ¡Era muy fuerte! Mi teoría es que si vos hacés bien lo que te toca, las cosas llegan. Y vinieron los viajes, el Concurso Miss Joven Internacional en Japón, en 1970. Y me quedé dos meses allá, trabajando para Max Factor. Tenía 19 años, vivía en una residencia para estudiantes asiáticos.
-No tenés nada de asiática, pero tu filosofía es bastante oriental. ¿Te dabas cuenta de lo que provocabas?
-Sí, aunque tampoco era una cosa extraordinaria. Si me gustaba un chico, quería que me mirara. Pero nadie entra a un lugar y la gente se muere. Eso pasa en las películas. Pasados los años, varios muchachos me contaron que cuando me veían decían: “Ahí viene la Reina de la Manzana”.
-En relación con los hombres, ¿cuáles eran tus prioridades?, ¿querías un príncipe azul, casarte y tener hijos?
-No, no quería. No me casé. Nunca hubo ni una iglesia ni un civil. Cuando conocí a Quique Villar, el padre de mi hija, yo tenía 19 y él 37, estaba separado y no había divorcio en la Argentina. Estuvo bueno separarse sin tener papeles.
-Esta tranquilidad tuya, ¿es natural o adquirida?
-Creo que la fui adquiriendo con los años. De todas maneras, hacia afuera siempre parecía segura porque tengo una forma de hablar y un tono de voz muy pausados.
-Pronunciás todas las letras...
-¡Igual que mi mamá! Aún es así ahora, que tiene 89.
-¿Nunca “te salta la térmica”?
-Sí, a veces, porque soy impaciente. Cuando discuto con Carlos, me salta la térmica. Con mis hermanas no peleo. Con mi hija tampoco.
-No hablás mal de nadie, no sos criticona, una cualidad tan femenina...
-Me sale naturalmente. Hay gente que te ve y te dice: “¡Qué cara tenés, estás cansada!”. ¿Cómo osan decir algo así? A alguien con mala cara hay que decirle algo agradable.
-¿Te analizaste?
-Sí. Tengo una anécdota bárbara de un analista: en los momentos en que estaba sola, sin pareja, le decía a mi terapeuta: "¿Por qué no tendré una familia para ir a Palermo?" Un día me contestó: "¿Por qué no se baja del auto y escucha las cosas que pasan para que no crea que siempre el pasto más verde es el del vecino?".
-Hablemos de las mujeres en tu vida. Hacés mucho hincapié en tu mamá.
-Soy muy parecida a ella. Aparte de la voz, el no tener miedo de encarar la vida. Mi mamá quedó viuda joven, pero nunca fue una mujer quejosa. No aguanto mucho a las personas quejosas. Hay gente que suspira pesado. No puedo tener al lado una persona así. Con mis hermanas, Nidia, la mayor, y Diana, la menor, somos un bloque. Nos cuidamos mucho, nunca competimos.
-Ahora hablemos de los hombres que te marcaron.
-Mi padre me marcó muchísimo. Se murió muy joven, a los 53 años. Si tengo que pensar en una figura masculina, pienso en él.
-¿Te hacía sentir linda?
-No sé si linda; me hacía sentir querida.
-¿Y tus parejas?
-Quique Villar me enseñó lo que era vivir en pareja. Estuvimos 19 años juntos. Fue la persona con la que más conviví.
-¿Pensabas que era para toda la vida?
-Con cada relación he pensado que era para siempre; si no, no me meto de cabeza. Tengo una especie de apuesta de fe bastante grande.
-Luego estuviste en pareja con el empresario Juan Lalor y, desde hace siete años, con Carlos Gaziglia.
-Sí, tuve otras relaciones, pero después de cada ruptura he tenido períodos de dos años de soledad total.
-¿Que te enamoró de Carlos?
-Varias cosas. Primero, que es una persona muy transparente. Tenemos la misma edad, una experiencia parecida... Puede vivir cada uno en su casa, con tres cuadras de diferencia.
-¿Hay uno de tus trabajos que te hizo sentir “¡esto es!, llegué”?
-Con Siglo XX Cambalache; creo que fue ahí. Y después cuando empecé a hacer radio en Mitre.
-Entonces podemos hablar de los hombres del trabajo.
-Con Fernando Bravo trabajé muy bien, sin pensar en poner un escudo para defenderme. Nunca tuve la fantasía de ser la única conductora. Siempre pienso en una conducción con un hombre, porque la vida es así. Trabajé con César Massetti, con Víctor Hugo Morales, con Rolando Hanglin, con Santo Biasatti, con Chacho Marchetti, con Juan Carlos Rousselot, con Alejandro Fantino.
-¿Qué aprendiste de cada uno?
-En los noticieros fueron buenas las experiencias con César y Víctor Hugo. Rousselot fue un tipo que tuvo mucha paciencia conmigo, porque nadie te enseña en la televisión. Santo Biasatti también.
-Cuando trabajás en televisión es importante confiar en que el otro te va a sostener.
-Pude depositar mi confianza en el otro porque si veo a alguien con la cara torcida me siento a hablar. No dejo que crezca el malestar.
-¿Tuviste participación en política?
-No he tenido militancia. Mi padre era peronista. Yo después voté a los radicales, pero no tengo afiliación a ningún partido.
-¿Cuáles son tus miedos?, ¿quedarte sin dinero, sin trabajo, sin salud?
-A partir del 2001 perdí los miedos, porque me pasó de todo. Me quedé sin trabajo, me quedé sin plata. Tenía todo en el banco, todo, y me di cuenta de que me salió un espíritu de lucha que no creía tener. Hace tiempo que descubrí que nada es tan grave.
-¿Sentís que tenés libertad en los medios en los que trabajás?
-Cada uno sabe en qué medio trabaja. Si acepta trabajar en ese lugar, conoce la línea editorial. Además, las cosas que yo hago son absolutamente honestas: no hago operaciones con mi trabajo; en la radio no tengo que tocar temas de actualidad y en la tele, cuando hice un noticiero, he contado lo que pasaba.
-¿Qué mujer de noticiero te gusta?
-Me gusta Cecilia Laratro, que está en Canal 7 y hace muchos años que hace noticias; Silvia Martínez Casina, al mediodía, en Canal 13. Y me encantaba Mónica Cahen d´Anvers.
-¿Qué te ilusiona? ¿Cómo imaginás 2011?
-Me encantaría continuar con mi universo de afectos. Este trabajo me enseñó a no aferrarme. Los contratos se terminan rápido; te dicen que sos bárbara, pero que no seguís, y después te vuelven a llamar para repetirte que sos bárbara.Y así siempre. Estoy pensando en algunas cosas: me gustaría hacer una línea de decoración para los supermercados; fanstaseo con un programa sobre los inmigrantes. Pero primero tengo que tener claro el deseo. Tener claro lo que quiero.
PASO A PASO
Su verdadero nombre es Stella Maris Coustarot; nació en General Roca, Río Negro, el 20 de junio de 1950. Por su belleza, fue elegida Reina de la Manzana en 1966; luego, Reina de la Patagonia, y más tarde, Miss Siete Días.
Estudió Periodismo en la Universidad de La Plata. Desde 1990 hasta 1995 condujo Siglo XX Cambalache, además de Teté, por el Canal de la Mujer. Estuvo a cargo de la ceremonia de la entrega de los premios Martín Fierro en varias oportunidades. En Mitre tuvo su primer trabajo en radio. Ese mismo año condujo el espectáculo del Mundial de Francia. Trabajó en noticieros y, por Gourmet, hizo Festín de palabras.
Hace 15 años está al frente de los desfiles de Roberto Giordano. Actualmente, conduce un programa los domingos, en Radio 10, y Noticias del futuro, en C5N. Su sello son las presentaciones de eventos empresariales. Tiene en su haber el Premio Alicia Moreau de Justo y el Santa Clara de Asís.
A CADA SANTO UNA VELA
A la pregunta acerca de si es creyente, sorprende la respuesta de Coustarot: "Absolutamente". Y empieza a detallar su fe. Tiene una virgen para cada rubro: la de San Nicolás, para los temas inmobiliarios, porque, según aclara, “como ella tiene que terminar la basílica, entiende”.
Es devota de Ceferino Namuncurá, a quien conoce desde chica porque es de Río Negro. "Como todavía no es santo, no está tan ocupado; entonces le digo: «Ayudame»”.
Los temas muy complicados se los confía en San Expedito. Y se llegó a la gruta de la Virgen de Lourdes, en Mar del Plata, cuando estaba sola: le pidió volver a enamorarse y en ese momento apareció Carlos Gaziglia en su vida. “No tengo vergüenza de pedirle dinero o una pareja. Como son deseos honestos, no tengo culpa.”






