Tomé un vino de 1957 y fue un fiasco: cómo hacer para disfrutar una botella añeja

Se dice que el vino mejora con el tiempo, pero eso tiene sus límites que es mejor conocer para no guardar en vano
Se dice que el vino mejora con el tiempo, pero eso tiene sus límites que es mejor conocer para no guardar en vano Crédito: Shutterstock
Joaquín Hidalgo
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18 de octubre de 2018  • 18:23

Suele decirse que las decepciones son hijas de las expectativas. Nada más cierto en materia de vinos añosos: guardar con celo una botella querida, hacerlo con cuidados razonables y esperar durante una década para ver qué sucede al cabo de los años es una tarea que demanda temple. Si con el tiempo las expectativas crecen, ¿qué sucede si la botella guardada resulta un fiasco?

Contra todo pronóstico, que falle es por demás frecuente. Sólo que en esos casos, como en un tropezón en plena calle, fingimos que no pasó nada y bebemos de la botella como si la espera hubiera valido la pena. Total, son pocos los que saben diferenciar el aroma a cuero al del encierro o la textura de seda de la falta de cuerpo.

Me pasó en mayo de este año, cuando se descorcharon –degollaron sería mejor expresión– unas cuantas botellas de Marques de Riscal 1957 en el marco del Master Wine Symposium en La Rioja, España. El vino estaba ido y sólo quedaba la huella de un sabor algo abombado. Lo bebí por respeto a la edad, pero no saqué buenas conclusiones acerca de llegar a viejo.

Entonces, ¿vale la pena guardar vinos? ¿cómo hacerlo? Y en todo caso, ¿cómo saber si la botella añosa está en óptimas condiciones?

Guardar sí o no

Ni, es la respuesta adecuada. Porque para guardar bien hay que hacer muy bien algunas cosas. Y la primera de ellas no es técnica, sino psicológica y estadística al mismo tiempo: nunca, pero nunca guardar una sola botella es el mejor de los consejos. La ansiedad por saber cómo evoluciona, si mejora o decae, nos llevará a un aumento proporcional de la ansiedad y las expectativas. O a beberla antes.

Un ejemplo clásico: nace una niña y el padre, pensando el cumpleaños de quince, guarda una botella de su vino favorito del mismo año. Y cuando llega el día del descorche decepciona que no sea algo tan especial como lo esperado, o bien el vino está arruinado y es peor.

Esa es la parte psicológica. Respecto a la estadística, es sabido que un 5 y un 7% del vino en el mundo sufre algún problema de tapón –deja entrar mucho oxígeno o muy poco– con lo que hay un valor errático ya asumido al atesorar vinos. ¿Y si justo la botella está dentro de ese porcentaje?

Consejo de experto: lo mejor es comprar dos cajas de mínima y olvidarse del asunto. Cada tanto, como quien no quiere la cosa, se bebe alguna con la serenidad de que aún quedan botellas para probar. Incluso habremos aprendido algo del vino con los años. Y cuando lleguen los quince, para seguir con el ejemplo, como con los hijos ya le conoceremos las mañas.

¿Cómo conviene guardarlos?

Atesorar vinos es ante todo un dilema de espacio, no de tiempo. Porque juntar botellas y tenerlas en un lugar adecuado –temperatura y humedad uniformes, sin luz– implica mucho espacio. No menos de un cuarto en una casa. Y que ese cuarto casi no se use para otra cosa.

Cuantas más son las botellas, menos ansiedad da la guarda pero más espacio hace falta.

Para no decepcionarse es mejor guardar más de una, e ir probando con los años
Para no decepcionarse es mejor guardar más de una, e ir probando con los años Crédito: Shutterstock

Consejo de experto: el hobby de guardar hay que alimentarlo regularmente con compras de vinos que cumplan la condición básica, buena frescura y estructura, y, además, conviene hacerse asesorar acerca del espacio indicado. Hay compañías que arman cavas y otras que las construyen. Wine World y Vinariis son buenas en esta tarea.

Comprar vinos añosos

Algunas bodegas ahora están soltando a cuenta gotas algunas de sus colecciones añosas. Rutini Wines ofrece vinos desde la década de 1980, Trapiche para sus clientes VIP, también propone etiquetas de Gran Medalla desde la misma década, mientras que Bodega Catena Zapata suelta algunas de sus perlas de los 1990 y hasta la década de 1960. Luigi Bosca incluso arma unos estuches con sus etiquetas. Eso, sin entrar en Bodega López que tiene verticales de más de 50 años.

Pero al comprar vinos añosos hay un par de temas a contemplar. El primero es la historia de la botella. Suena a mucho, pero así como cuando se compra una auto usado se averigua el historial, si una botella estuvo en manos de un coleccionista suma mucho, si fueron muchos coleccionistas el asunto ya es dudoso; si sale de la cava de la bodega, es una apuesta segura.

Luego viene el asunto del tapón. Quien guarda bien guarda sin capuchón. De esta manera sabe cómo viene el avance del vino por sobre el corcho y se tiene clara noción del margen que queda para la guarda. Si el vino está llegando al pico, ha llegado la hora de beberlo o bien reencorcharlo.

Respecto al sabor del vino a beber es difícil saberlo a ciencia cierta. Lo único que se puede tener claro es que el misterio de los años obrará milagros si todo fue bien. ¿Es fantasía? Quién sabe. Mejor no tener muchas expectativas.

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