TRANSICIONES: DE LA OLIVETTI A LA LAPTOP
El modo de trabajar de los periodistas cambió drásticamente, para bien de muchos y desesperación de otros tantos
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M ark Twain fue el primer escritor en 1883 en terminar un libro en máquina de escribir. Con una Remington 1 dejó lista su obra Vida en el Mississippi. En septiembre de 1973, el periodista Don Lancaster, en un artículo anticipatorio, imaginó "una máquina de escribir con televisor". Poco menos de un año después, la ciencia le otorgó asidero a su ficción con el lanzamiento de las primeras computadoras personales.
Desde entonces, en el mundo y en la Argentina, el avance tecnológico fue imparable y permanente. La era de la computación empalmó la ruta de las letras en la mismísima autopista de la información. En estos años de cambios vertiginosos y notables, dos grandes cosas quedaron firmes en el trabajo periodístico: la pasión y la convicción de que, por sí sola, la máquina nunca será capaz de sustituir al talento personal.
Se esfumaron los ruidos infernales en las redacciones, pero surgió el fantasma de los virus. Se archivaron para siempre los pegoteos y recortes en la elaboración de notas, pero se sumaron los temores de la definitiva desaparición de archivos. Las máquinas de escribir Olivetti ("Confiables, duras, resistentes, las Ford de las máquinas de escribir", ejemplifica el periodista Oscar Serrat) dieron paso a las versiones más portátiles de las computadoras personales o a las poderosas Pentium. Los típicos saltos de letras o el desgaste de las cintas se trocaron por escandalosas caídas del sistema. La religión ordenada por Gutenberg en el siglo XV dio lugar al nuevo catequismo de Bill Gates en estos últimos -sí, apenas- 120 meses.
¿Se cambió un artesanado por otro? Es posible, porque el hombre siempre está. Pero lo seguro es que, con miedo y respeto, con desconocimiento y tesón por aprender los nuevos lenguajes, muchos periodistas, escritores e intelectuales (aunque no todos) se enrolaron en una manera de desarrollar el oficio.
"Platón se quejó cuando apareció la escritura porque pensó que el mundo perdería la memoria. Cuando se inventó la imprenta, los intérpretes de los incunables, dueños hasta ese momento del sentido de los libros, se molestaron porque la masividad daría lugar a lecturas incorrectas", explica el sociólogo, experto en medios masivos y columnista de Clarín, Oscar Landi. Es que a lo largo de la historia se produjo frente a cualquier innovación tecnológica el miedo a que algo se perdiera.
Hasta 1997, Daniela Blanco (hoy directora del mensuario especializado Un Ojo Avizor) trabajó en editoriales que usaban máquinas mecánicas. Aquel año ingresó en la corresponsalía en Buenos Aires del diario económico Gazeta Mercantil, con sede en Río de Janeiro y San Pablo.
"Era una corresponsalía de alta jerarquía, pero virtual. Antes de conocer personalmente a mi jefe había desarrollado con él una relación vía e-mail. De ese modo intercambiamos sumarios, discutimos temas, elaboramos planes y, fundamentalmente, alimentamos malos entendidos", explicó Blanco.
Al frente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y ex decano de Ciencias de la Comunicación de la UBA, Luis Alberto Quevedo evoca a Carlos Marx y Max Weber porque "ellos escribieron toda su obra a mano" y confiesa la impresión que le provocó ver los manuscritos de Borges y los de García Márquez para Cien años de soledad.
"Cuando los vi, pensé que si hubieran tenido en sus manos una tecnología actual se hubieran tenido que esforzar menos para producir mucho más", agregó Quevedo. Dato que confirmó el periodista Alfredo Leuco, al recordar que García Márquez dijo que de haber contado con computadora podría haber escrito 12 libros más de los que escribió.
"En mi caso personal -explica Leuco, que en dos CD-ROM almacena las 800 columnas que lleva escritas para el programa de Radio Bravo 1030-, la computadora me hizo tener más información y me dio posibilidad de trabajar más rápido y mejor que antes. No podría vivir sin la computadora."
Periodista de extensa trayectoria (hizo buena parte de su labor en Crónica) y docente en la escuela de periodismo TEA, Carlos Achával enseña a titular con máquinas de escribir. Todavía advierte desventajas en el uso de la computadora cuando cae en manos inexpertas. Ejemplifica: "Uno escribe Cavallo y cuando pasa el corrector, la máquina lo señala como error, porque ella sólo conoce caballo con b. Si el que opera la computadora no está capacitado, la máquina no se hace cargo de la desinformación".
Entre las ventajas, Achával indica que la computadora enseña a editar "hasta con un desarrollo estético", contribuye a no extralimitarse en la dimensión de una nota y es ideal cuando hay que trabajar con archivos.
Aunque se inició en La Razón en 1958, Oscar Serrat es, desde hace años, un prestigioso periodista de agencia de noticias. Pasan por su recuerdo legendarias marcas de máquinas de escribir como Underwood, Smith Corona y Olivetti, así como las primeras computadoras que tuvo la agencia Associated Press, "a mediados de la década del 80, unas Atlas, enormes".
Se debió a la irrupción de las computadoras el desplazamiento de los teletipistas, un personaje emblemático de las agencias. El caso de Serrat es el de muchos: se reconoce poco dotado para la tecnología y lo que aprendió de las computadoras es sencillamente lo que necesita para manejarlas. Recuerda el ruido ("agresivo", define) de las antiguas teletipos.
El actual director del diario El Cronista, Néstor Scibona, ubica en 1985 el arranque de la computación en ese medio. "Al principio no eran computadoras propiamente dichas, sino las mismas paginadoras que se usaban para diagramar y para los gráficos estadísticos de Juan Carlos de Pablo, un pionero en todo esto", según aprecia Scibona. Se acuerda del repiqueteo "infernal" que en conjunto hacían máquinas de escribir y teletipos sumadas.
"¿Sabe una cosa? -confía Scibona al cronista-. Hace poco tuve necesidad de usar una máquina y los dedos se me iban para todos lados. Me olvidé de cómo se usaban."
Mientras periodistas de generaciones recientes, como Daniela Blanco ("El copy, el delete, el cliqueo del mouse, son cosas que hoy no cambio por nada") o Alfredo Leuco ("No extraño a las máquinas. Le doy un uso total a la computadora, es un avance sin contradicciones"), eligen la computadora, en casi todas las redacciones de diarios y revistas, secretos rincones alojan algunas pocas máquinas de escribir para aquellos que se resisten a las nuevas tecnologías.
Tengo amigos periodistas que no quieren saber nada con las computadoras. Hay uno que trabaja para un diario, escribe a máquina y después un colega le hace el favor de pasárselo en computadora. Es un rechazo total: sienten que ellos no pueden con eso. Sin embargo, hay coincidencias en que sobre la máquina de escribir se podía desatar un cálido aporreo, lo que algunos denominan "golpes de creatividad".
En general, la relación con la compu es definida como más aséptica y limpia. Leuco llega más lejos: antes de adscribirse para siempre a la computadora escribió dos de sus libros con una lógica de división en archivos, que años después se enteraría que era propia de la computadora.
Pero no sólo están los que se quedan con el sonido de las Olivetti. Quevedo recuerda a un amigo sociólogo que enfrentaba a la máquina con un argumento casi romántico: "¿Quiere decir esto que no voy a poder escribir más con un lápiz?" Leuco alude a otro tipo de barreras. "La exigencia permanente de aprendizaje, eso desconcierta y provoca temor." Alejandro Rodríguez Bustamante era periodista de Página 12 cuando por sus amplios conocimientos se ocupó de la informatización del diario, así como hace poco hizo lo mismo en la revista XXI. El periodista-técnico enfrenta una clase de confusión que, según él, es responsabilidad de los analistas de sistemas.
"La computación no es una ciencia. Es una tecnología. Pongámoslo en estos términos: es como si se tratara de un lavarropas sofisticado. En cualquier caso hay un valor agregado: si no está en el medio el ser humano, el aparato no sirve para nada." Todos los entrevistados concuerdan en este tema: "Lo que la computadora nunca dará es el aporte personal y humano", explica Serrat.
La asepsia y el silencio de la era digital desplazaron leyendas como las del ambiente bohemio de las redacciones y el olor a tinta de las imprentas. Pero lo que sí se afirma es que los textos periodísticos actuales, despachados por las computadoras, tienen en su elaboración más orden, aunque menos pasión.
"Los cambios que yo veo tienen más relación con lo humano: antes había más cordialidad y la competencia era mucho menor", expresa Serrat. Quevedo rechaza de plano la hipótesis de la falta de pasión. Por el contrario, ve en la computadora "un torbellino de posibilidades de producciones que, lejos de enfriar, calientan. La pasión depende de las personas y no de las máquinas." Confirma Landi: "La pasión pasa por la perfección de los estilos, el dominio de un lenguaje distinto, la exaltación del oficio". Según Daniela Blanco, el quehacer periodístico es un acto individual: "En un punto la tecnología podrá sumarle mayores posibilidades, pero al fin lo que pesará es la sensatez, el rigor, la ética del periodista".
En el futuro, según Daniela Blanco, las redacciones virtuales se van a multiplicar, "en especial porque abarata costos. Las editoriales saben que desembarcar en cualquier país les costará, apenas, el valor de tres computadoras".
Leuco piensa que en los tiempos venideros se afirmarán " las revoluciones tecnológicas y las revoluciones democráticas" planteadas en los últimos años. Interviene Quevedo: "No creo que las tecnologías desaparezcan; en realidad, se superponen como capas. El papel, lejos de desaparecer, sigue creciendo: cada vez hay más medios impresos".
PC: Pro y Contra
Con P de pro
- La infinita posibilidad de corrección.
- Los accesos a múltiples archivos, desde Internet.
- El acortamiento notable de los tiempos de trabajo.
- La posibilidad de leer en pantalla publicaciones diarias o periódicas del país y el exterior.
- Permite, a través de un sistema en red, seguir y controlar la gestión y edición de cualquier publicación.
- La baja generación de ruidos de las herramientas de tipo digital.
Con C de contra
- El peligro de los virus
- El temor, manifestado por muchos entrevistados, de que un excesivo contacto con la computación y sus variantes les quita demasiado tiempo.
- El riesgo de que, por una maniobra deficiente, se borren materiales difíciles de reconstruir o recuperar.
- Elimina ciertas tareas y funciones que siguen siendo importantes, como la del corrector.
- Las imprevistas y no siempre explicadas caídas del sistema.
Reggini, el del primer módem
En 1964, el ingeniero Horacio Reggini realizó desde Buenos Aires la primera conexión por la red anterior a Internet con una computadora ubicada en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). A partir de esa conquista, el pionero Reggini se dedicó a la investigación y difusión de las computadoras, hizo docencia, escribió libros y divulgó incansablemente el uso de los medios tecnológicos para ser "personas más plenas, creadoras y libres".
-¿Qué cambios produjeron la computación e Internet en los periodistas?
- Ya no conozco periodista que no use estas herramientas. Escriben en su casa o en un hotel durante un viaje, conectan su computadora a la red de telecomunicaciones y envían los artículos a sus medios. Además, todos se dieron cuenta de que la computadora posibilita que el texto sea siempre un borrador, fácilmente modificable, sin tachaduras ni incomodidad. No existe más el texto definitivo. Lo importante en un diario es que sea el periodista el que conduzca los cambios tecnológicos. Antes ocurría que en las empresas se ponía a un especialista al frente de todo lo que sería el aparato informático y, en general, los resultados fueron desastrosos porque esas personas veían todo con ojos de computación.
-Circula como hipótesis que la computadora le restó pasión a la elaboración periodística. ¿Acepta esa idea?
-No. Tal vez los que opinan así tuvieron una vida un poco romántica, la idea de sentir el aroma a tinta o el encanto de escribir con una pluma de ganso. No creo que la llegada de la computación haya cambiado el estilo del periodismo: cada uno tiene su estilo y lo puede mantener. El periodista cuenta con un instrumento muy afinado que le posibilita mayor capacidad de reflexión y de criterio. Eso da más poder, una libertad que antes no disponía porque con la computadora se pueden hacer cosas que con la máquina de escribir era imposible.
-¿Qué ventajas y desventajas encuentra en la utilización de la tecnología en el periodismo?
-La tecnología siempre existió, ¿o acaso la lengua y el sonido no lo son? No veo grandes diferencias entre estas tecnologías y las electrónicas. No me gusta hablar demasiado de la revolución de las computadoras. Los medios periodísticos han tenido un desarrollo continuo y fueron acompañando este crecimiento. Pero cada vez que apareció un nuevo medio se lo anunció de un modo sensacional. Así pasó con la radio y toda su época romántica con los primeros locutores. Después creció con la propaganda, la influencia de los empresarios y se transformó en otra cosa. Con Internet pasa lo mismo: al principio se presentó como algo reducido, pero de a poco la fue invadiendo un sentido comercial. Las cosas toman el carácter que el poder quiere.
-¿Sobrevivirán los medios de información escritos?
-Es probable. No vaticino, pero las pantallas van a ser como papel, más flexibles, y el diario del futuro podrá ser con papel más electrónico, como una gelatina. Por su parte, el periodista será distinto, participará del mundo que se está gestando. A lo mejor podrán tener en el ojo una minipantalla o una computadora diminuta en la cintura o la recepción permanente de información a través del oído. Estará multiconectado para rendir cuentas del latido de su corazón o para determinar el grado de emoción con el que pueda transmitir a los lectores un episodio policial. Todo eso podrá ocurrir, pero yo desconfiaría de ese periodista. No por estar más equipado tecnológicamente se es un mejor profesional.
Cronología, por escrito
- Los primeros instrumentos para escribir fueron las cañas ocas o juncos, en el 4000 antes de Cristo.
- El uso de plumas de aves, en especial de gansos, se inicia en el 500 antes de Cristo.
- Egipcios y chinos, entre 2000 y 3000 años antes de Cristo, se atribuyen la invención de la tinta.
- En 1800, el mecánico inglés Joseph Bramah inventó la lapicera.
- En 1760 el establecimiento de la familia Faber, de Nüremberg, inventó el lápiz, que en 1795 perfeccionó sobre la base de grafito pulverizado el químico francés Nicolau Jacques Conte.
- En 1884, el inventor norteamericano Lewis Edson Waterman presentó el sistema de cargar lapiceras mediante pistón.
- A comienzos de la década del 40, en este siglo, el artista y periodista húngaro Ladislao Biro fabricó en la Argentina las primeras lapiceras esferográficas, a las que la gente denominó biromes.






