Tras los pasos de John Lennon

Laura Ventura
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1 de marzo de 2015  

Vivir es fácil con los ojos cerrados, film que integra un imperdible ciclo de cine español
Vivir es fácil con los ojos cerrados, film que integra un imperdible ciclo de cine español

MADRID

En un rincón del norte de la ciudad, allí donde se erigen modernas torres, el cantautor Leiva –el músico de rock más popular de los últimos tiempos en España– recomendaba esta mañana una novela de David Trueba. Cerca del Palacio Real, en el casco histórico, suena jazz en la librería boutique de uno de sus siete hermanos mayores. El escritor y director de cine y TV se ruboriza con la sugerencia del cantante, aunque el pudor no sea uno de sus rasgos distintivos. Su osada prosa, delirante y valiente, vuelve a cruzar fronteras con la flamante Blitz (Anagrama): "Un libro sobre cómo afrontar la soledad y el abandono de la persona a quien amas en esos momentos donde te falla todo, incluso la sensación de país, como si fueses huérfano en el extranjero", dice entusiasmado de su criatura treintañera de ficción. Sus personajes suelen ser seres perdedores o frágiles, almas que Trueba cincela en textos y películas, paradójicamente, multipremiados y elogiados, como su novela Saber perder (Premio Nacional de la Crítica en 2008) o Vivir es fácil con los ojos cerrados, la bellísima road trip protagonizada por Javier Cámara, Natalia de Molina, Francesc Colomer, Jorge Sanz y Ariadna Gil, su musa y ex mujer.

Hace algunas semanas, de elegante traje negro Trueba entregaba el Goya al mejor director de cine de su país y así pasaba la posta del reconocimiento que había obtenido el año anterior con Vivir es fácil con los ojos cerrados, ganadora además de la mejor película de 2013. Esta producción bautizada a partir de la traducción de un verso de Strawberry Feels Forever, de Los Beatles, fue también la responsable de inaugurar el Festival Espanoramas que se celebra en Buenos Aires hasta el 13 de marzo.

El énfasis y la pasión de Trueba por contar una historia mínima con un héroe pelado y panzón comenzó a partir de un encuentro casual. El periodista, columnista del diario El País (donde escribe desde política hasta fútbol, siempre con un estilo mordaz) se topó con un artículo que recordaba el aniversario de uno de los visitantes más ilustres que alguna vez haya tenido la provincia de Almería: John Lennon. En plena Andalucía, lejos de la euforia, el twist y los alaridos de sus fanáticos, Lennon se instaló durante unas semanas para filmar una película, Cómo gané la guerra, donde buscaba construir un futuro como actor. Era 1966 y acababa de lanzarse Revolver, el disco de Los Beatles que contiene a Eleanor Rigby y Yellow Submarine. El disparo fue contundente y la bala atravesó varias décadas y se instaló en la cabeza de Trueba, quien le puso imágenes poéticas, licencias y figuras retóricas a un hecho sobre el cual no había demasiados registros, aunque sí un testigo clave. Además de director, como guionista de este relato, Trueba eligió poner el foco en personaje quijotesco y no en el genio de Liverpool, un tal Juan Carrión, quien hoy tiene 90 años. Este profesor de escuela que utilizaba las composiciones de la banda para enseñarles inglés a sus alumnos realizó un largo viaje desde la ciudad de Cartagena para llevar estos cuadernos al músico y hacerle preguntas sobre sus letras: "Todo esto en realidad fue la excusa para contar que el cambio social que se produjo en España con la muerte de Franco fue un cambio que había venido haciendo en la sociedad desde abajo y en silencio, mucho antes de que el sistema político lo realizara. Es decir, no por la gente poderosa, sino que fue promovido por muchas madres en sus casas, por gente que no había crecido con la Guerra Civil. Personas de bien y sin miedo, quienes encontraron una apertura en la cultura extranjera, con el rock, por ejemplo, y sobre todo con el turismo que fue muy importante porque venían nuevas ideas. Aparecía una generación que no copiaba a los españoles sino que copiaban a gente que venía de Inglaterra o Francia."

Cámara, el adorable y monstruoso benigno de Hable con ella, de Pedro Almodóvar, y a quien se podrá ver este año en Truman junto con Ricardo Darín, compone a ese maestro de latín e inglés, entrañable y cascarrabias, fiel a su convicción de que la educación crea personas de bien y de que la solidaridad se contagia. "A veces me critican, dicen que quizá tengo una idea del mundo demasiado angélica, basada en la bondad de los demás. Por ahí tenga que ver con que vengo de una familia grande, donde quieres a todos, incluso a los que hacen algo malo."

Trueba eligió poner el foco en un personaje quijotesco y no en el genio de Liverpool, uno de  sus referentes musicales
Trueba eligió poner el foco en un personaje quijotesco y no en el genio de Liverpool, uno de sus referentes musicales

En el universo de Trueba el rock es una pieza clave, un elemento que ronda, o, mejor dicho, la fórmula eficaz y masiva que encuentra el autor para que sus mundos les abran la puerta a la poesía: "Los versos de una canción trazan una especie de vínculo entre vos y alguien que ya pasó por eso, quien lo canta o quien lo escribió. Te hace sentir menos solo. Es una cadena muy bonita y aparece esta idea de compañía". Trueba recurre al rock, y viceversa. Amigo de Andrés Calamaro, escribió la letra de Duermen los niños, a la que luego el músico le puso melodía e integra la banda de sonido de Bienvenido a casa, otra de sus películas. En sus años de juventud, Trueba se nutrió de rock argentino: "En España hay grandes compositores como Serrat o Sabina, pero les decía a mis amigos que escucharan a los argentinos porque nosotros teníamos mucho pudor y prejuicios, nos daba miedo hacer una letra, decir cosas, por eso preferían cantar una letra en inglés".

Vivir es fácil con los ojos cerrados es también una reflexión sobre el sistema educativo y el arte y los tiempos modernos. "Quizá haya algunos intelectuales a quienes no les parezca que el rock o algunos cantantes están a la altura de la gran literatura, pero para mí una clase hoy está incompleta si no tiene la capacidad de hacerles escuchar o de ver a los alumnos a artistas como Dylan o los Beatles. Lo que ellos escribieron va más allá de la música. No son departamentos estancos".

En esta película, además del profesor, aparecen dos adolescentes, uno de ellos escapando de su casa, hecho que tomó Trueba de su propia historia familiar. "Un hermano se fue de casa por unos días porque mi padre no le dejaba llevar el pelo largo. En esos tiempos, mi mamá me tenía en sus brazos, porque yo era un bebe. Me contaba ella que lloraba tanto que tenía que cambiarme de ropa. Ese es mi primer recuerdo, aunque ya no sé si de verdad lo recuerdo o si me lo contaron tantas veces que lo terminé adoptando como propio." La presencia de una familia numerosa (como aparece retratada, por ejemplo, en la novela Abierto toda la noche) es otro espíritu ominpresente en su obra ("siempre he usado el ecosistema familia como una metáfora del mundo").

Trueba confiesa que haber sido el menor de una familia numerosa lo marcó en su carácter y en su carrera: "Kurt Vonnegut decía que en las familias grandes, para que escuchen al pequeño, este tiene que decir algo gracioso. Es muy habitual que tu papel en la familia sea luego trasplantado luego en tu rol en la vida real al modo den el que de desenvuelves".

Realizador popular, en la Biblioteca Central del barrio de Chamberí un lector anónimo subraya una frase del escritor y devuelve el libro al estante. Trueba siente curiosidad por conocer cuál es esa frase que ha causado tanto interés y que la persona destaca. La lee, sonríe y luego la pronuncia en voz alta afirmando con la cabeza: "La poesía es una mentira que nos hemos inventado para hacernos creer que de a ratos podemos ser tiernos y civilizados".

El ciclo Espanorama se presenta en Espacio Incaa Cine Gaumont Km 0, donde el film de Trueba es parte de una selección del mejor cine español. Allí se presenta desde la ganadora del premio de la Academia de Hollywood Belle Époque, de su hermano Fernando Trueba, y ha contado con la presencia de Maribel Verdú, protagonista de otra de las historias seleccionadas, Blancanieves, de Pablo Berger, rodada en blanco y negro y uno de los casos recientes más exquisitos del cine mudo.

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