Ingredientes comunes, secretos de la abuela y muchas ganas, la receta para ganarle al paso del tiempo
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Actualizado el 5 de septiembre de 2020
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ACERO Y PLATA
Contrario a lo que el nombre del material parece garantizar, el acero inoxidable no es infalible. Los cubiertos comunes están hechos de acero, níquel y cromo, y son los dos últimos los que evitan la oxidación con una proporción mínima de 10% cada uno. Esto hay que mirarlo en el packaging antes de comprar: aparece, por ejemplo, como 18/10, correspondiendo el primer número al cromo (18%) y el siguiente al níquel (10%).
Para cuidarlos, no habrá excusa que valga después de la cena: no se deben dejar sucios ni en remojo durante la noche porque algunos alimentos, así como los minerales del agua de la canilla, son muy corrosivos.
Las piezas percudidas recuperarán su brillo con vinagre blanco y un buen enjuague.
En el caso de los cubiertos de plata, al margen de los productos que ofrece el mercado, en casa podemos aplicarles una pasta de bicarbonato y agua, enjuagar apenas y secar vigorosamente con un trapo limpio.
CHAPA Y PINTURA
Los portones metálicos son muy vulnerables a los efectos de la intemperie si no están bien protegidos.
Para recuperarlos, habrá que remover tanto el óxido como todo resto de pintura: primero, con una lijadora eléctrica o una amoladora con discos para superficies metálicas; luego, a mano con una lija o una esponja de alambre; limpiar con un trapo, sellar con una capa de imprimación, dejar secar y aplicar pintura para metal en exteriores; lijar con un papel de grano 200 y aplicar otra capa.