
Un artista en el campo de batalla
Con la colaboración del Museo Histórico de Buenos Aires, la Facultad de Filosofía y Letras y la Academia Nacional de la Historia, la UCA presenta la obra de José Ignacio Garmendia
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Durante el siglo XIX la fotografía contribuyó al perfeccionamiento de la pintura histórica. Avalada por una escuela realista aparecida en Francia, ayudó a esa precisión extrema que solamente puede lograrse mediante la cámara fotográfica. De alguna manera, los alcances imprevisibles de la fantasía artística quedaban sujetos a una documentación estricta.
José Ignacio Garmendia (1841-1925), Cándido López (1840-1902), el suizo Adolfo Methfessel (1836-1909), el brasileño Víctor Meirelles (1832-1903) fueron testigos, acompañando las tropas aliadas, de las vicisitudes de la Guerra del Paraguay. Provistos de los elementos necesarios, documentaron en breves croquis, bocetos o fotografías, los enfrentamientos ocurridos en los campos de batalla, así como los uniformes, las armas, las tareas cotidianas, los trabajos o entretenimientos que realizaron en los campamentos, donde se concentraba enorme cantidad de soldados.
José Ignacio Garmendia, no siendo él fotógrafo, fue el cronista de guerra que más utilizó la fotografía como fuente referencial de sus obras. En el Album de la Guerra del Paraguay, publicado por Peuser, algunos de sus dibujos ya se reproducen con la leyenda "tomado de fotografía". Garmendia, que había sido capitán del ejército aliado y corresponsal del diario La Tribuna, y había estudiado pintura con el español Eustaquio Carrandi, prefirió el realismo fotográfico a los bocetos que tomó en los acontecimientos bélicos, porque así lo demandaba el espíritu de la época. Una técnica acuarelística que incluye imágenes detalladas como si fueran miniaturas, estructuras pictóricas simples, y veracidad testimonial da como resultado una visión conmovedora a la vez que fidedigna de la cruenta lucha que se sostuvo en la Guerra de la Triple Alianza. Las acuarelas que se exhiben en el Pabellón de las Bellas Artes permiten valorar la aguda percepción y destreza artística de quien fue a la par de un aguerrido militar y valiente camarada de armas, un artista innato y elogiable escritor evocativo.
La autora es directora del Pabellón de las Bellas Artes de la UCA
Best seller
Por Miguel Angel de Marco
Fue un auténtico best seller de su tiempo. Sus obras acerca de la Guerra del Paraguay, que adquirían el vigor de lo experimentado y vivido, se agotaban rápidamente, y su editor, Jacobo Peuser, volvía a publicarlas convencido de que hacía un servicio a la cultura histórica de su país de adopción, pero que a la vez realizaba un buen negocio. Desde la aparición de la primera edición de Recuerdos de la Guerra del Paraguay, un opúsculo casi, en 1883, el autor reunió pacientemente testimonios de sus camaradas de armas y dio rienda suelta a sus marciales evocaciones para ir trazando obras que lo harían notable, más allá de su brillante carrera militar. Paralelamente, como si necesitara volcar en hojas de dibujo, para contemplarlas una y otra vez, las escenas de las que había sido testigo, coloreó bellas acuarelas que guardó celosamente junto con sus colecciones de armas de todo el mundo y de objetos de la cruenta campaña de la que había sido partícipe desde el comienzo hasta el fin.
Cuando marchó como capitán del 1er. Batallón de la División Buenos Aires de guardias nacionales al conflicto bélico que enfrentó entre 1865 y 1870 a cuatro países hermanos, contaba 24 años. Como muchos, llevaba un cuaderno o cartera, según se decía entonces, donde tomaba apuntes y trazaba bocetos. Otro oficial miliciano, Cándido López, hacía lo propio para pintar, muchos años más tarde, con la mano izquierda, pues había perdido la derecha en las trincheras de Curupaytí, sus cuadros hoy mundialmente célebres.
Concluida la lucha, luego de haber actuado en las acciones de guerra, Garmendia se incorporó al ejército permanente, alternó diversos comandos con funciones legislativas, combatió en las luchas del desierto, encabezó una unidad que formaba parte de las fuerzas de la provincia de Buenos Aires sublevadas contra la Nación, y al ser dado de baja por enfrentar a las autoridades nacionales, comenzó a escribir sus Recuerdos de la Guerra del Paraguay.
Reincorporado, ocupó múltiples cargos castrenses hasta llegar a jefe del Estado Mayor General y Ministro de Guerra.
Era una figura respetada y querida entre sus camaradas de armas, a la vez que gozaba de amplio reconocimiento en los ámbitos más selectos de la cultura argentina. Alejado de la vida castrense pero no de sus instituciones representativas, acrecentó su actividad como escritor, pintor y coleccionista de piezas que hoy ocupan un lugar importante en el Museo de Armas de la Nación. Fue miembro de número de la Junta de Historia y Numismática Americana, hoy Academia Nacional de la Historia; autor de notables libros de estrategia y apreciable literato, que dejó, entre otras, una obra llena de hondo respeto hacia sus antiguos subordinados: Cuentos de tropa, con el seudónimo de Fortun de Vera. Murió con fama de auténtico patriarca el 11 de junio de 1925, a los 84 años.
El autor es director de la Academia Nacional de la Historia
Agenda
- José Ignacio Garmendia. Crónica en imágenes de la guerra del Paraguay.
Cuándo: hasta el 6 de noviembre, de martes a domingo, de 11 a 19.
Dónde: Av. Alicia M. de Justo 1300
Procedencia de las obras: Museo Histórico de la Ciudad Brigadier General Cornelio de Saavedra
Organización: Pabellón de las Bellas Artes (UCA); Facultad de Filosofía y Letras.
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