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Viajes Living

Un convento de clausura de 1600 se convirtió en el hotel emblema de Cartagena

Mariana Kratochwil
Inés Marini
(0)
16 de diciembre de 2018  

Fundado en 1621, la historia del convento de clausura de las monjas clarisas en Cartagena de Indias incluye ataques de piratas, luchas de poder con la Iglesia, gloria y ocaso, pero, sobre todo, magia y misterio. Su restauración en 1995 lo transformó en el icónico hotel Santa Clara, y volvió a convertirlo en el centro de la ciudad amurallada. Los invitamos a recorrerlo.

Corredores de sombra donde sentarse a contemplar fijamente un centro verde, porque acá el mundo exterior parece haber dejado de existir.
Corredores de sombra donde sentarse a contemplar fijamente un centro verde, porque acá el mundo exterior parece haber dejado de existir. Crédito: Daniel Karp

Hay personas, movimientos e instituciones que actúan con la intención de asentarse férreamente en el presente para proyectarse con fuerza hacia el futuro. Pero lo cierto es que el azar y la historia serán los que finalmente decidan con cuánto fervor quedarán fijados en el corazón de las generaciones. Las monjas clarisas que llegaron desde España para fundar un convento de clausura en el siglo XVII tenían una fe inquebrantable en su misión. Seguramente supieran que tendrían que soportar tumultuosos piratas, si hasta el famoso Francis Drake había atacado la ciudad fortificada. ¿Imaginarían también que, contrariamente a lo que haría suponer su retiro, formarían el centro espiritual, pero también social de Cartagena? Tal vez, visto que recibirían a las hijas de los nobles españoles y criollos, muchas veces junto con sus propias criadas.

Quizás después de dos siglos de conflictos de poder, las monjas clarisas habrán llegado a intuir la expropiación de su baluarte y su expulsión definitiva a mediados de 1800. O no. ¿Cómo creer que se las tragaría el mundo tras su exilio en La Habana, o que ya no serían invisibles por libre voluntad, sino que se esfumarían sin más, casi sin dejar rastros?

Las puertas y ventanas del lobby son nuevas, ya que antes el convento de clausura no tenía contacto con la calle.
Las puertas y ventanas del lobby son nuevas, ya que antes el convento de clausura no tenía contacto con la calle. Crédito: Daniel Karp

En el lobby, ‘Sol’, tapiz tejido en cintas de lino con cuero dorado a la hoja. Es obra de Olga de Amaral, considerada uno de los grandes tesoros culturales de Colombia, que lo hizo a expreso pedido del Santa Clara.

"Le pedimos a la señora de Amaral algo que transmitiera lujo, pero también arte, emoción e historia: una suerte de ícono que les dijera a todos que acá hay un Sofitel", dice el director del hotel, Richard Launay.

"El hilo es la imagen del tiempo; y el tejido, de la vida", Olga de Amaral.

El color ladrillo de la fachada y el lobby continúa su influencia intimista en las galerías, y se apoya en almohadones y arreglos.
El color ladrillo de la fachada y el lobby continúa su influencia intimista en las galerías, y se apoya en almohadones y arreglos. Crédito: Daniel Karp

Este es también un ámbito de leyenda en su sentido más literal. De la vida de las monjas clarisas, que tanta curiosidad despierta, a ciencia cierta se sabe poco, como dijimos. Los escasísimos documentos que quedaron, desde luego se usaron en la restauración del convento, después de años de los usos más insólitos y de total abandono.

De gruesos muros, pisos de ladrillón y arcos de medio punto sobre columnas de piedra coralina, el cuadrilátero está punteado por la entrada a la iglesia original, el coro y el reclinatorio exterior del confesionario con reja. Presencias.
De gruesos muros, pisos de ladrillón y arcos de medio punto sobre columnas de piedra coralina, el cuadrilátero está punteado por la entrada a la iglesia original, el coro y el reclinatorio exterior del confesionario con reja. Presencias. Crédito: Daniel Karp

Muchos lo reconocerán como el marco de Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez, que sitúa la historia de amor de Sierva María y Cayetano Delaura en estos mismos claustros, inspirado en una crónica que le tocó cubrir en sus primeros años como periodista en Cartagena

Una primera aproximación al realismo mágico que, pronto nos vamos a dar cuenta, trasciende la mera categoría literaria y deviene una experiencia en la que inexorablemente se sume cualquier visitante de la ciudad. Y del Santa Clara.

Sentarse junto al aljibe es disfrutar del ruido del agua que corre profunda, el silbido de los muchos pájaros y el aroma embriagador de las frutas.
Sentarse junto al aljibe es disfrutar del ruido del agua que corre profunda, el silbido de los muchos pájaros y el aroma embriagador de las frutas. Crédito: Daniel Karp

Rastros

Dentro del sector colonial, hace cinco se años hicieron las suites icónicas en homenaje a algunos de los más reconocidos artistas del país. La que se ve abajo es la "Botero", ambientada por su hija Lina, diseñadora de joyas e interiorista. Será por esa cercanía en el parentesco que cuando el artista se hospedó allí hace dos años entró y dijo: "Me siento como en mi departamento de Miami".

En fila, los canastos de palma de iraca, tan típicos, le dan más altura a la biblioteca para ajustarla a la escala.
En fila, los canastos de palma de iraca, tan típicos, le dan más altura a la biblioteca para ajustarla a la escala. Crédito: Daniel Karp

Lina Botero incluyó en la puesta en escena muchos elementos privados del pintor. La gran reproducción del cuadro es el elemento más evidente de la filiación del ambiente, pero falta mucho por descubrir: las fotos viejas con viejos amigos en las mesas y la biblioteca; revistas literarias; lo que se supone tragos preferidos; libros de relleno, sí, pero otros claramente tocados por la mano de su dueño.

Hay objetos personales que solo se descubren cuando quedamos solos y a nuestras anchas.
Hay objetos personales que solo se descubren cuando quedamos solos y a nuestras anchas. Crédito: Daniel Karp

La sensación es que Botero se fue, nos dejó la casa por un fin de semana y, como cualquier huésped que se precie, nos atrajo conocer sus gustos a través de sus pertenencias. La experiencia tiene algo de voyeur. "Era la idea", se ríe el director del Santa Clara.

En la suite Amaral, hay otras dos obras con el sello innegable de la artista: el Sol y la Luna. Una gran pareja.
En la suite Amaral, hay otras dos obras con el sello innegable de la artista: el Sol y la Luna. Una gran pareja. Crédito: Daniel Karp

En este espacio dedicado a Olga de Amaral (autora del tapiz de la entrada) y su marido, Jim, el elaborado barroquismo de sus obras (una sobre la cama y otra detrás de un escritorio) tiene como contrapunto las líneas más sobrias del mobiliario europeo.

"Olga de Amaral aceptó de buen grado este homenaje ella y a su marido. Acá están sus tapices; en el jardín, esculturas de Jim"

Personajes

El café se hace con un método tradicional del lugar, con filtro de algodón.
El café se hace con un método tradicional del lugar, con filtro de algodón. Crédito: Daniel Karp

Las personas ("embajadores", como llaman en el Santa Clara a todo el que tenga contacto con los huéspedes) son ingredientes clave en una fórmula que, más allá del trato impecable, se sostiene en una gran originalidad. Como traer al interior el carrito de limonada callejero o el puesto de café (que Jeremy prepara lentamente con filtros de algodón, como lo hacía su abuela) que se convidan libremente.

Tras haber vivido en 12 países, de acá destaco la alegría. La gente es cálida, servicial, espontánea y gentil, lo que hace una enorme diferencia con lugares en los que eso está más construido
Richard Launay

Destino de leyenda

Color ladrillo, la fachada del Santa Clara no pasa desapercibida.
Color ladrillo, la fachada del Santa Clara no pasa desapercibida. Crédito: Daniel Karp

En el mundo, solo cinco hoteles Sofitel llevan el título de "Legend". El requisito para integrar ese grupo tan exclusivo es estar emplazado en un edificio antiguo fuertemente vinculado con la historia del lugar, que a su vez mantenga y transmita ese espíritu del pasado. Y acá, las paredes hablan, sin duda ayudadas por una sutil y constante recreación de su mística tan particular, de capas y capas de vivencias absorbidas por la porosa piedra de sus columnas. Hablan, y el cuerpo las escucha.

Esta nota forma parte de nuestra edición de diciembre.
Esta nota forma parte de nuestra edición de diciembre. Crédito: Daniel Karp

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