
Un día en ESPN
Es una especie de NASA de la televisión por cable. Con un despliegue tecnológico de última generación, abarca 194 países, produce programación deportiva en 20 idiomas y llega a 300 millones de hogares
1 minuto de lectura'

NUEVA YORK y BRISTOL (Estados Unidos).– Que los estadounidenses son adictos a los deportes no es una novedad. Pero no deja de sorprender que, al llegar al aeropuerto de Nueva York, se ven gigantografías por todos lados anunciando los partidos más importantes de la Liga Nacional de Fútbol, los torneos de béisbol o de golf, el Abierto de Tenis de los Estados Unidos o los principales encuentros de la NBA... Y la mayor parte de esos anuncios contiene la sigla ESPN.
En ese país, casi todo es una sigla. ESPN, o sea, Entertainment and Sports Programming Network, pertenece en un 80 por ciento a la cadena de televisión ABC (American Broadcasting Company), que a su vez es propiedad de The Walt Disney Company.
En el mismísimo Times Square, mezclada entre los carteles gigantes de los musicales Mamma mía, El Rey León o Rent, está la pantalla gigante de la cadena, que anuncia las noticias deportivas más relevantes. Un poco más allá, a sólo una cuadra, en la 5ª Avenida y la calle 42, invade toda la esquina la ESPN Zone, una tienda de souvenirs deportivos con bar-restaurante temático y sala de juegos. "En los Estados Unidos, la marca ESPN está mucho más arriba que Nike o Gatorade", se ufana en advertir Juan José Alfonso, director internacional de marketing de la empresa, en su oficina del edificio de la cadena ABC, rodeado de afiches de las campañas publicitarias de la empresa en todo el mundo. Y lo dice con un acento argentino perfecto, aunque nació en Brasil y se formó profesionalmente en California. Hay una razón: sus padres son argentinos y ése fue su idioma en el hogar. "En la Argentina, nuestra meta es ganar el fútbol, pero tenemos los principales torneos de básquet, de tenis y de rugby. Y nuestra producción de programas exclusiva para el Cono Sur nos permite lograr un balance difícil: darle el toque local al deporte internacional. Como misión, tenemos que servir al fanático", agrega Gonzalo Quiroga, otro argentino, director de marketing de ESPN Sur.
Pero en Nueva York todo el medio televisivo habla del búnker que la cadena tiene en Connecticut, a sólo 40 minutos de allí por la carretera. Con el otoño impiadoso, que ya comienza a desteñir el verde feroz de los bosques norteños, ese estado lindante con la Gran Manzana se abre camino a través de pequeños pueblitos que parecen salidos de una película de David Lynch. Allí asoma Bristol. Es tan pequeño que no parece un pueblo, sino un sitio abierto con casas desparramadas. No hay ruido de bocinas, bullicio ni carteles luminosos. Todo es tranquilo. Demasiado tranquilo. Hasta que una maraña de edificios, no muy altos pero de concreto imponente, y rodeados de 27 antenas satelitales gigantescas, informan que Bristol es eso: un pueblo cuya vida gira en torno de ESPN.
Y sus habitantes están orgullosos. No sólo los empleados, sino incluso los habitantes del pueblo. Una charla improvisada en uno de los comercios de la zona ya dispara datos históricos. ESPN comenzó a existir en 1979, más concretamente el 7 de septiembre, por una idea de Bill y Scott Rasmussen, padre e hijo, fanáticos de los deportes. En un principio, su antena satelital servía para proveer a distintos noticieros de segmentos deportivos no convencionales. Luego siguió como un pequeñísimo canal de cable que mostraba carreras de tractores, la lucha libre más vulgar, el por allí desconocido fútbol australiano y algo de pesca deportiva. Inmediatamente, lograron la unión de dos grandes empresas que lo hicieron crecer: Getty Oil Company y Nabisco.
Pero el espaldarazo lo dieron en 1987. Un contrato con la Liga Nacional de Fútbol Americano les permitió transmitir los partidos de los domingos. Con una rapidez que descolocó a los grandes monstruos de la televisión, ESPN pasó de ser una pequeñísima compañía de cable a convertirse en un imperio dedicado no sólo al deporte, sino al fanático, al hincha. Lo demás es historia y crecimiento incesante desde que fue adquirida este año por la ABC, en un 80 por ciento, y por la Hearst Corporation, en el 20 restante.
Esa especie de barrio grande que es ESPN parece algo así como una ciudad de deportes. Para el fanático, entrar allí puede resultar la gloria. Por todos lados no sólo hay pósters y fotos de equipos de fútbol, béisbol, básquet, fútbol americano y cualquier disciplina deportiva, sino también camisetas originales autografiadas y mucho más que cualquier cosa imaginable. Incluso, en una vitrina de dos por cinco se exhiben todos los premios ganados por la cadena desde sus inicios.
La mayoría coincide en afirmar que se ganan buenos sueldos. Eso se nota por el gesto de cada uno de los que por deambulan por allí. Andan por la vida como si trabajaran en Disneylandia: los directivos saben que ganarse el pan en un pueblito pequeño como un pañuelo tiene sus contras, por eso el lugar de trabajo debe convertirse en un sitio placentero. Los empleados disponen de canchas de básquet, de fútbol, mucho verde para respirar, restaurantes y tiendas, como para esparcir un poco los pensamientos fuera de la labor cotidiana.
Muchos de ellos decoran sus oficinas con el equipo de sus amores, y las pelotas o las raquetas se mezclan con los retratos de los afectos más cercanos. Es en esa decoración personal donde se percibe la cuota de Babel: en ESPN trabaja gente de todo el mundo.
Así, de pronto, aparecen ante la vista una camiseta de Boca Juniors, una bufanda del Valencia, una musculosa de los Chicago Bulls, un banderín del Liverpool o un gorrito del Chivas. Es factible cruzarse tranquilamente, por ejemplo, con el diez argentino Mario Kempes, que participa como comentarista de fútbol junto con el periodista chileno Luis Omar Tapia, que trabaja en la señal desde hace 15 años. Los acentos se mezclan, y no importa de qué parte del planeta se provenga: son todos del mundo del deporte.
Entrar en el estudio donde se graba ESPN News, uno de los noticieros más vistos de los Estados Unidos, impresiona. Por donde se mire, se destaca la más avanzada tecnología » digital. Es el estudio D, uno de los cinco grandes del edificio más antiguo del complejo. En el centro, la escenografía típica del noticiero. Frente a ella apuntan cuatro impresionantes cámaras robóticas, controladas por un operador desde la cabina de control. Alrededor del decorado hay una veintena de escritorios para las 64 personas asignadas a la producción y a la edición. En cada uno de ellos hay tres monitores instalados sobre brazos mecánicos, destinados a tareas que van desde la búsqueda de información hasta la selección de escenas. El trabajo en equipo es esencial y, en la hora pico de trabajo (entre las 16 y las 4), no vuela una mosca. La conexión entre los integrantes del staff está perfectamente sincronizada gracias a la sofisticación tecnológica.
Pero el estudio más impresionante es el del programa Sportscenter, la niña mimada de la señal tanto para los Estados Unidos como para su versión internacional. En la Argentina se graba una versión con la misma escenografía y estructura, conducido por Quique Wolff y Miguel Simón, entre otros.
El estudio de Sportscenter tiene 5 mil pies cuadrados (unos 450 m2), juegos de luces, acrílicos multicolores, sofisticados juegos de proyecciones holográficas, fibra óptica en el piso, siete proyectores y mucho neón. Hay una torre con cámaras en sus balcones y cuatro proyectores. El escritorio semicircular tiene en el centro dos monitores que el espectador no ve, pero que mantiene a los conductores al tanto de lo que se está viendo en pantalla. La cámara robótica principal, que los enfoca de frente, posee un teleprompter (lectura del texto en vivo) de primera generación.
Los cinco cuartos de control y edición de ese primer edificio son lo más imponente del canal: su gigantesco panel, de más de 20 pantallas planas digitales, da más la sensación de estar en la NASA que en un canal de TV. En el centro, el monitor mayor tiene ¡970 pulgadas! "Para Sportscenter, ocho monitores es lo mínimo que podemos utilizar. Aunque llegamos a utilizar unos veinte; depende del programa que estemos emitiendo", explica Aaron Coleman, uno de los entusiastas gerentes técnicos y guía turístico del lugar. Y cuenta que el respaldo técnico llega a verdaderos extremos: si la transmisión se cortara por algún motivo, hay un edificio destinado exclusivamente a generarla nuevamente en 25 segundos.
En el sector de programación integrada hay tres enormes piezas, una destinada para las 25 señales internacionales y otras dos para las 7 locales. "Es muy importante la sincronización que existe entre la programación y el personal del área comercial. En el segundo sector de canales locales se decide cómo y dónde se edita cada programa o evento. En forma obligada necesitamos tener dos controles maestros separados, por cuestiones de derechos. Si los Yankees no están jugando en Nueva York, tal vez no podamos emitirlos en vivo allí, pero sí en otros estados. Es un trabajo minucioso de coordinación. Para eso trabajamos con pantalla en negro en el momento de los cortes; entonces cada área de publicidad incorpora los avisos correspondientes. Básicamente, cada hora de programa se cuenta como 48 minutos de programa y 12 de publicidad", explica Coleman.
"Tenemos el canal más grande del mundo. El mejor. Ninguno posee esta tecnología. Los demás canales nos miran para decidir qué van a hacer. Está comprobado", remata orgulloso.
Para saber más
http://espn.go.com
En acción
Flushing Meadows está a unos pocos kilómetros de Manhattan y el congestionamiento brutal de tránsito anticipa que el Abierto de Tenis de los Estados Unidos es uno de los eventos más concurridos de allí. El predio donde se lleva a cabo es casi una ciudad deportiva. A metros, uno puede ver practicar a Nabaldian o a Federer con sus entrenadores. Por allí anda corriendo de un lado para otro Pablo Stecci, cronista argentino de ESPN, junto a su camarógrafo, Javier Durán. Desde la mañana hasta que termina el último partido, el equipo "de batalla" de la señal está alerta para hablar con los protagonistas y transmitir en vivo desde allí. Un poco más allá del estadio principal, unos 50 camiones de transmisión de cadenas y canales de todo el mundo están apostados con sus antenas satelitales y controles de transmisión. ESPN tuvo la exclusividad para América latina, pero no para los Estados Unidos. Por eso tiene un camión en el que transmite en vivo. Sólo ese trailer impresiona. Allí hay 40 pequeños monitores y dos grandes, con los cuales trabajan cuatro personas: un director, un productor, un editor y un asistente para transmitir en vivo el evento. La atención central la ponen en los 6 courts principales, aunque tienen cámaras apostadas en cada uno de los demás. Sólo en la cancha del court central se instalan 21 cámaras en puntos visualmente estratégicos. Y una veintena de productores suben y bajan por el ascensor del estadio principal hacia las cabinas superiores de transmisión. Allí, con una visión que podría ser envidiada por cualquier fanático del tenis, tanto José Luis Clerc como Javier Frana hacen los comentarios para el canal latino de ESPN. Ahí sí todo es vorágine. La premura lógica y el vértigo del vivo hacen que no reine la tranquilidad que puede otorgar la tecnología del estudio.
Perfil
ESPN en números
- Se produce en 20 idiomas.
- Llega a 300 millones de hogares.
- Abarca más de 194 países y territorios.
- El 80 por ciento es propiedad de ABC, a su vez propiedad de Walt Disney Company.
- Posee 30 canales internacionales en todo el mundo y 13 radios.
- Maneja 8 sitios de Internet, 4 canales en América latina y 7 en Estados Unidos.
- Al menos 88 millones de personas al mes miran el programa Sportscenter.
- 1,85 millones de ejemplares es la tirada de Espn The Magazine.
- 90 millones de hogares en los Estados Unidos ven ESPN.
- 3000 empleados trabajan en los estudios de Bristol.
- 4500 empleados trabajan en todo el mundo.





