
¿UN MENEM POR OTRO?
El senador dice que le sobra capacidad para ser candidato, aunque todavía no se define. En esta entrevista -que empezó en el Congreso y terminó en su casa de Núñez- habló sobre su hermano, sobre Duhalde, Ibrahim, la Alianza, el modelo, Zulema Yoma y Alfonsín. Pero también sobre lo que más le cuesta: su vida, su infancia y por qué se hizo político sólo a los 44 años
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Piensa que puede sucederlo a su hermano en la Presidencia?
-No sólo lo pienso: me siento capaz.
-¿Cuándo empezó a ver esa posibilidad?
-Cuando fui conociendo cómo es esto. Estos han sido quince años muy intensos. Estuve en la oposición, estuve muchas veces a cargo del Poder Ejecutivo, participo en las reuniones de gabinete... Creo que lo conozco bastante al tema. Pero no me desvivo. Si uno pudiera ser útil para el país, desde luego lo haría con gusto. Pero esto de mi precandidatura se debe inscribir dentro de una estrategia general del movimiento, y de acuerdo con la situación del país.
-¿En qué punto de su carrera política se encuentra ahora?
-Mire, yo entré en la política no desde muy joven: a los 44. Llevo apenas 16 años. Si bien, por mis características personales, he tenido siempre un perfil bajo, en este momento hay mucha gente que piensa que puedo representar a mi partido en las próximas elecciones presidenciales. Pero todavía estoy evaluando esa posibilidad.
-La evalúa, ¿y se entusiasma?
-Y... me resulta muy alentador. Pero lo estamos evaluando.
-Está cumpliendo el papel de veedor.
-No diría veedor. Mi convicción es que tenemos que defender todo lo positivo que han sido todos estos años. Es imprescindible defender esta política. Muchas veces, por la lucha política, se dejan de lado cuestiones que hoy se dan como definitivamente incorporadas y yo creo que es un error. Si nosotros no seguimos observando políticas adecuadas, corremos el riesgo de retroceder.
-¿Su probable precandida- tura la ve como un logro personal?
-La tomo como el fruto de un esfuerzo constante, y me halaga que dirigentes de mi partido piensen que puedo candidatearme. Nadie puede negar que he actuado con responsabilidad y seriedad. Yo siempre he pensado que no es compatible, al menos dentro de mi tarea, tener un perfil muy elevado con el trabajo permanente de estudio, de investigación, que requiere estar fuera del estrépito para poder pensar mejor y elaborar las ideas dentro de un ámbito de mayor reserva. Es necesario apartarse un poquito del bullicio para poder pensar con mayor profundidad. Por eso, como senador, he podido participar de los debates más importantes de los últimos años. Y para eso hay que mantener un perfil más sereno.
-¿Es así también fuera del Congreso?
-Sí, sí. Es un estilo de vida.
-Cada uno de ustedes, de los cuatro hermanos, es diferente del otro.
-Sí. Bueno, tenemos muchas cosas en común; pero, en fin, la vida, las distintas actividades, la impronta personal, hacen que configuremos perfiles diferentes.
-¿Quién es el más explosivo?
-Carlos. Por lejos, es el más extravertido, el que siempre ha tenido un perfil más alto.
-Y usted está en la vereda de enfrente.
-Sí... más o menos parecido a mis otros hermanos. Pero tampoco estoy en las antípodas.
-En sus comienzos, ¿cómo imaginaba la política?
-Yo decidí entrar en la política cuando Carlos estuvo preso y toda nuestra vida familiar se convirtió en un calvario, con mi madre enferma, que luego murió de pena. Ahí decidí formar parte de esta causa y trabajar activamente para aportar lo que podía aportar.
-Defendió a su hermano mientras estuvo detenido, ¿verdad?
-Sí, fui su defensor en las principales causas contra él, e hice las presentaciones ante la Comisión Nacional de Responsabilidad Patrimonial. Eso me llevó a realizar una maratón permanente de viajes. Eran viajes interminables... salía de La Rioja para Buenos Aires; iba al barco, donde estuvo preso primero; después a Magdalena; después a Mar del Plata, y a Tandil y a Las Lomitas, en Formosa. Volvía a Buenos Aires a atender los asuntos judiciales, después en La Rioja... y además tenía que seguir atendiendo mi propio estudio y mi familia. Tenía que tratar de consolarla a mamá en los primeros tiempos. Fueron años difíciles.
-¿Fue en Las Lomitas donde su hermano dijo que iba a terminar siendo presidente?
-No, en realidad lo dijo antes, en Magdalena. Recuerdo un día que lo fui a visitar y le dije que no bajara los brazos. Y me dijo: Eduardo, no sólo no voy a bajar los brazos, sino que voy a salir de acá para ser presidente. Yo me reí, porque eso, claro, sonaba un poco ilusorio. Y así empecé. Después, vino mi candidatura como senador y cuando llegué aquí sentí que podía ser útil, que podía ser protagonista y que podía abrirse para mí un campo muy importante.
-¿Logró todo lo que se propuso?
-No, no... pero estoy satisfecho. Participé en la sanción de leyes fundamentales para el país. Y no me refiero sólo a aquéllas con contenido político que llevaron a la estabilidad del país, como las leyes de reforma del Estado, de emergencia económica, de convertibilidad, sino otras leyes con contenido humano y social. Fui, por ejemplo, el autor de la ley de modificación del Código Civil sobre el régimen de filiación y patria potestad; de la del defensor del pueblo, que es una ley que motivó debates célebres en la Cámara con Fernando de la Rúa, que era opositor a mi proyecto...
-¿Su proyecto de ley que fija sanciones económicas a las empresas petroleras que actúan en Malvinas es el que más obstáculos encuentra?
-Vea, este proyecto, las dos veces que lo sancionamos en el Senado -el primer proyecto caducó porque no lo trató Diputados- fue por unanimidad. Es una ratificación de nuestra soberanía, pero no por su contenido económico para los que no pagan regalías, sino por la cuestión de fondo. Es un paso importante. Y es un error cuando algunos miembros de la oposición no quieren acompañarnos en esta idea.
-En su última visita al país, el vicecanciller británico, Tony Lloyd, fue lo primero que objetó.
-Claro. A ellos lo único que les interesa es que nos quedemos con los brazos cruzados.
-¿El Presidente conversó con usted acerca de este tema luego de la visita de Lloyd?
-Este tema lo planteó el canciller Di Tella en una reunión de gabinete. Apoyó mi iniciativa, y el Presidente también.
-Usted discrepa, sin embargo, con ciertos aspectos de la política exterior argentina.
-Bueno, algunas discrepancias son conocidas...
-El gobernador Duhalde, en cambio, dice que es brillante.
-Yo acompaño, en general, la política exterior. Puedo estar en desacuerdo con algunos aspectos, como mi posición respecto de Cuba. En el caso Malvinas, siempre mantuve una posición de mayor dureza. Mi postura es no hacer concesiones y dialogar con Inglaterra con mayor firmeza.
-¿Qué es lo que más lo separa del Presidente?
-Mire, me parece que hay que poner más énfasis en las coincidencias que en las discrepancias. Nuestras diferencias deben quedar en un ámbito más reservado.
-¿Pero son diferencias insalvables?
-No, no. Tenemos discrepancias en algún punto, en cómo analizar algún tema o en alguna designación. Pero siempre nos hemos respetado.
-Se llevan bien, entonces.
-Excelente. Aunque hay veces en que él quisiera que las cosas salieran de otra forma.
-¿Cómo se vivía la política en su familia?
-A mi padre nunca le gustó mucho la política. Hay que comprender también su formación, su condición de inmigrante. Mi padre fue vendedor ambulante cuando llegó a la Argentina. Su preocupación no pasaba precisamente por la política. Lo que más quería es que lo ayudáramos en su tarea, tanto en la bodega como en la destilería o en el comercio. Pero nunca nos coartó la posibilidad de hacer una carrera universitaria.
-¿Quién era más confidente con los hijos, su papá o su mamá?
-Mi mamá. Mi padre era un hombre hecho en la dureza, en estar muchos días ausente de la casa, trabajando afuera, en el campo, haciendo recorridos interminables de un lugar a otro de la provincia llevando vino y comprando cuero y frutos secos. El siempre estaba ocupado; la que más se ocupaba de nosotros era siempre mamá.
-¿A su padre lo trataban de usted?
-Sí, y también a mamá. Nunca hemos tuteado a nuestros padres.
-¿Era muy rígido su padre?
-Era rígido, sí. Muy a tono con la formación de una familia con un padre fuerte y una disciplina severa. Ninguno de nosotros jamás fumó delante de ellos. Pero no eran autoritarios, no vaya a creer.
-¿Qué rasgos de personalidad arrastra de ellos?
-De mi padre, una autodisciplina muy fuerte. Y de mi mamá, el de las relaciones de buena vecindad. Mamá era muy componedora en la familia, era la que buscaba hacer las paces cuando surgía alguna dificultad.
-¿Había privaciones?
-No le diría privaciones. Pero, sí, había dos rasgos que mi padre siempre remarcó. Uno, la austeridad. Otro, la humildad. Siempre nos exigía y nos advertía que nunca iba a tolerar en nosotros rasgos de soberbia. Vivíamos como cualquier chico de provincia. Teníamos un auto y, por ahí, una casa un poco mejor, pero vivíamos como todos los demás. Otra cosa que recuerdo es que siempre nos decía que él nunca nos iba a perdonar el despilfarro, o hacer ostentaciones de poder económico.
-Me pregunto qué diría su padre, hoy, en estos días signados por la corrupción y la ostentación.
-Creo que se trata de un problema cultural. La corrupción no afecta sólo al Gobierno, como por ahí se cree. Hay corrupción en los distintos medios de la vida social. Hay corrupción en el periodismo, en el empresariado, en los sectores laborales. Acá se requiere del auxilio de todos para tratar de combatirla.
-La pista de Anillaco, en el mejor de los casos, aparece como un hecho confuso.
La pista, la pista... ¡pero si eso es una calle asfaltada!
-Una calle de 2000 metros.
-Pero eso se hizo por una cuestión de seguridad para el Presidente. Hasta ese momento, él, cada vez que iba, tenía que aterrizar sobre la ruta, esquivando animales. Vea, sobre esas obras se mintió mucho... si hasta se dijo que tenía un campo de golf y no sé cuántas mentiras más. La pista era una obra necesaria para el desarrollo de la región y para favorecer los vuelos sanitarios.
-¿Extraña La Rioja?
-Y, mire... nosotros somos muy localistas, defensores a ultranza de la provincia. Yo nunca en mi vida pensé en irme de La Rioja. Mi deseo es vivir mis últimos años allá.
-¿Cómo se llevaban entre ustedes, los hermanos?
-A Amado, por ser el mayor, le tocó llevar el peso del trabajo en la bodega junto con papá. Por eso, Amado no hizo carrera universitaria. Carlos, en cambio, tenía más contacto con Munir, porque se llevan apenas dos años. Munir es dos años más chico. Y yo, que soy el menor de todos, tengo ocho años de diferencia con Carlos y seis con Munir. Así que tampoco participaba mucho de los juegos y de las barras con ellos. Yo era, digamos, el más protegido. Me cuidaban como el hermano menor; era un trato como paternal. Sobre todo, de parte de Munir.
-Usted nació un 3 de enero, pero fue anotado el 30 de abril. ¿Qué pasó?
-No lo sé, mire. Pero el cumpleaños me lo festejan el 3 de enero.
-¿Le parece que sólo el menemismo es capaz de llevar el país adelante?
-Yo jamás dije eso. Lo que pasa es que yo veo que hay algunos predicadores dentro y fuera de mi partido que adoptan posiciones totalmente voluntaristas, como la de decir: vamos a mantener todo lo bueno y vamos a cambiar todo lo malo. Esto lo dice un chico de diez años. ¿Quién va a decir lo contrario? Ahora, lo importante es decir cómo se va a hacer. ¿Cómo se va a bajar el desempleo? ¿Cómo se va a mantener la convertibilidad?
-El justicialismo, en su momento, tampoco dijo qué iba a hacer para revertir la situación que vivía el país.
-Si usted se fija en nuestra plataforma electoral, nosotros teníamos acciones concretas en algunas materias. Lo que ocurrió es que cuando elaboramos esa plataforma no había ocurrido esa hecatombe económica que obligó al presidente Alfonsín a irse seis meses antes del gobierno. Hubo necesidad de tomar sobre la marcha muchas medidas. Cuando arreciaba la crisis no había tiempo para pensar en ideologías.
-¿Por qué cree que fracasó el gobierno del doctor Alfonsín?
-Porque los radicales no tuvieron la decisión ni la voluntad política de producir las transformaciones que la realidad mundial estaba empezando a marcar.
-¿El establishment le dio la espalda?
-Las propuestas de Alfonsín no eran atractivas para nadie. No generó confianza y no aparecieron las inversiones. Eso no fue un golpe económico, como muchos aseguran. No creo en una actitud deliberada. Simplemente, no hubo confianza.
-¿Le molesta esa coincidencia entre Duhalde y la Alianza criticando el modelo actual?
-No me molesta. Lo de la oposición es más entendible. Duhalde, creo que incurre en el error de querer diferenciarse del modelo para ver si consigue captar votos dentro y fuera del peronismo. Es un error. Lo que tendría que hacer es decir, bueno, dentro de este modelo vamos a ejecutar tal o cual política para ver cuál es el error. Eso sí: tendría que decir cómo haría él esos cambios. Lo que no puede decir es que el modelo está agotado.
-Agotado por exitoso, dijo.
-Sí, claro, lo dijo como para defenderse de las críticas. Si algo es exitoso, tiene que seguir.
-A los pocos días volvió sobre el tema y fue más contundente: muerto irremediablemente, dijo.
-Sigo sin entender sus palabras. Cuando algo se agota, tiene que venir algo nuevo. Yo espero que aclare esto. ¿Qué propone a cambio? Lo que él está haciendo es instalar la incertidumbre, porque no se sabe qué es lo que viene después.
-¿Lo cree ingenuo?
-Cometió un error grave. Ni siquiera la Alianza dice que el modelo está agotado. Además, Duhalde es parte de este gobierno y no resulta creíble que ahora diga eso.
-Excluyéndose usted, ¿quién podría ser el mejor candidato para el 99?
-Hay varios compañeros que están en condiciones. Ortega tiene un buen discurso; el propio Duhalde también puede ser el candidato del peronismo, pero precisando sus conceptos.
-Da la impresión de que Duhalde no va a cambiar su discurso. ¿Es riesgoso esto para el justicialismo?
-No, no lo veo así. Yo creo que Duhalde a veces trata de diferenciarse. A mí me parece que le falta precisión. Por ejemplo, decir qué va a hacer en materia de desempleo, de educación, de política fiscal. Es una estrategia electoral.
-Muchos están esperando desde el menemismo el pase de factura a Duhalde, primero por su idea del plebiscito contra la re-reelección y después por sus críticas al modelo. ¿Usted lo advierte?
-El Presidente no es un hombre de revancha ni guarda rencores. No lo ha hecho ni siquiera con quienes han sido sus represores. Mucho menos lo haría con un compañero.
-¿Usted vio por televisión el reportaje a Ibrahim Al Ibrahim?
-No. Leí los rebotes periodísticos.
-¿Y?
-Me parece un tema de menor cuantía. Además, es como que siempre se quiere poner a algún personaje en escena... En su momento fue Al Kassar, después Ibrahim... son hechos que no tienen nada que ver con lo que nos debe preocupar a los argentinos.
-¿Cree que fue un plan para perjudicar a Duhalde?
-No creo, como se ha dicho por ahí, que fue una cosa preparada por el Gobierno. No veo en qué se puede beneficiar en una operación de esta naturaleza. No creo que con Ibrahim se ayude a ganar votos o a hacer perder votos. Es absurdo.
-Bueno, ya era absurdo que Ibrahim haya estado en la Aduana.
-Sí, indudablemente fue una decisión desafortunada. Pero eso ya pasó. El tema ya está debatido como para traerlo otra vez a escena. Hoy tenemos otras preocupaciones.
-¿Existe algún riesgo de ruptura en el bloque justicialista en el Senado?
-Yo no lo advierto. Hay senadores que toman partido por un sector u otro. Pero eso no es ruptura.
-Pero hay movimientos...
-Sí, claro, pero yo no creo que el tema de la candidatura presidencial sea causa suficiente como para provocar una ruptura en nuestro bloque. En muchas ocasiones la prensa inventa situaciones o sostiene teorías que en la práctica no existen.
-La pelea entre Jorge Yoma y Augusto Alasino -cuando se discutía un lugar en el Consejo de la Magistratura- no fue un invento de la prensa.
-Bueno, pasaron algunas cosas, es cierto. Cosas menores...
-Yoma dijo que Alasino, el jefe del bloque, carecía de equilibrio y que no tenía grandeza. ¿Eso es una cosa menor?
-Vea, muchas veces se dicen palabras peores que ésas, sobre todo en épocas preelectorales. Pero el peronismo tiene eso... Al final, nos agarramos del brazo y tiramos todos para adelante.
-El hecho de que el Presidente haya desistido de su propósito de re-reelección, ¿lo dejó más tranquilo?
-¿A mí? A mí, no. El Presidente fue el que se quedó más tranquilo. A mí lo que me pasaba es que no estaba de acuerdo con una interpretación que se quería hacer de la cláusula constitucional. Pero ya es historia.
-¿Usted es mejor candidato que Duhalde?
( Con amplia sonrisa ) -Nunca le respondería esa pregunta.
-Se la cambio: ¿por qué habría que elegirlo a usted y no a él?
-El día que sea candidato se lo voy a decir.
-Esa posición de observador ¿a qué se debe? ¿A ver cómo llega usted o a ver cómo están los demás?
-A las dos cosas.
-¿Quién sería el adversario ideal para el justicialismo?
-Yo no creo que haya un adversario ideal. La Alianza tiene un gravísimo problema porque todavía no están totalmente de acuerdo en cómo elegir su candidato. Están de especulación en especulación y no se ponen de acuerdo en cuestiones de fondo. Mire, la señal de lo que podría pasar si gana la Alianza es lo que está pasando con el Gobierno de la Ciudad.
-La provincia de Buenos Aires, por ejemplo, tiene lo suyo. El peronismo sigue sin resolver el problema de inseguridad.
-Es un tema muy serio. Pero tampoco conozco el plan de la Alianza para revertir la inseguridad. Duhalde, al menos, encaró una reforma profunda, lanzó una idea, una propuesta.
Usted dice que en la Alianza no pueden resolver sus pujas internas, pero también es cierto que el justicialismo vivió, con el tema de la re-reelección, uno de los momentos más delicados en muchos años. Hasta se habló de fractura.
-Nuestro movimiento tiene enfrentamientos pero, al final, terminamos yendo todos juntos. En la Alianza hay dos partidos que no tienen mucho en común, que lo único que los ha unido es la oposición al Gobierno. Son incompatibles.
-Pero arrasaron en 1997.
-En ese momento era una propuesta novedosa que no ofrecía pruebas de su actuación. Ahora se presentó en sociedad y está actuando, y vea cómo bajó el porcentaje de gente que cree en la Alianza.
-¿La Alianza ganó porque era una curiosidad?
-Era una cosa nueva; era decir, bueno, son dos partidos enfrentados que de pronto se unen. Siempre, cuando soplan nuevos aires, a la gente le resulta atractivo, interesante. Además, eran elecciones legislativas, no tuvieron un plan de gobierno... Era una alianza, digamos, simpática. Sumaron votos matemáticamente y ganaron. Pero, ahora, cuando pasa el tiempo y no muestran un programa concreto...
-Da a entender que después del menemismo lo único que existe es el abismo.
-No, no, no... Yo nunca diría el menemismo. Este es un gobierno justicialista.
-¿Entonces?
-Muy simple: el gobierno que venga va a tener que transitar por muchos de los caminos que ha venido recorriendo el Gobierno hasta ahora. De esto estoy seguro. Ellos dicen ahora que defienden la convertibilidad, las privatizaciones... pero lo hacen por conveniencia electoral. Eso me lleva a desconfiar de que en el futuro sean idóneos para mantener estas políticas.
-Cuando el peronismo era oposición y Terragno quería privatizar Aerolíneas Argentinas, lo llamaron vendepatria .
-Lo que ocurre es que esa privatización de Aerolíneas Argentinas era criticable porque él quería privatizar eligiendo un socio a dedo. El dijo: yo le voy a ceder un tanto por ciento de la compañía a SAS, sin licitación, sin concurso. Directamente era un acto voluntario del Ejecutivo. No se había sancionado una ley de reforma del Estado, no había un programa general de privatizaciones. No era precisamente el método más transparente.
-¿Qué lectura hizo de la Carta a los argentinos de la Alianza?
-Lo que tiene de positivo es que, por primera vez, la Alianza reconoce formalmente los logros de nuestro gobierno al señalar que mantendrían la convertibilidad, la estabilidad, las privatizaciones.
-¿Esperaba más?
-Y, la gente tenía más expectativas porque creía que iban a proponer algo distinto. Pero no lo han hecho.
-La crisis asiática no reconoce fronteras. ¿Cómo imagina la Argentina de los próximos meses?
-No es fácil decir con exactitud qué es lo que nos va a ocurrir. Pero la Argentina está mucho mejor preparada que en otras épocas para hacer frente a una crisis. Creo que se han tomado todas las medidas para evitar un impacto muy fuerte. Ahora, las inversiones en los países emergentes se van a resentir, seguramente. Pero creo que la mayoría coincide en que hemos tomado los recaudos necesarios. El tema es la magnitud del impacto, porque de lo que no cabe duda es que nos va a impactar. Lo que podría ocurrir es que disminuya el ritmo de crecimiento, que haya menos inversiones, que bajen el consumo y la creación de nuevos empleos.
-¿Qué consecuencias podría generar esta crisis sobre aquellos que tienen deudas de distinto tipo en dólares; con los que están cumpliendo con sus créditos hipotecarios, por ejemplo?
-No van a tener problemas porque vamos a mantener las reglas del juego. Se va a mantener la convertibilidad, el valor de la moneda. Todos los que están endeudados en cuotas van a poder seguir pagando.
-Ese es un gran temor.
-Claro, seguro. Es lo primero que piensa la gente cuando alguien viene con propuestas raras o cuando dicen que van a introducir cambios en el modelo.
-Senador, necesariamente tengo que preguntarle por el caso de Carlitos Menem, su sobrino. ¿Cómo está viviendo usted este episodio?
(En voz muy baja) -Es un hecho que afectó profundamente a la familia. Lo único que deseamos en la familia es que se descubra la verdad. A mí me parecieron muy poco serias las manifestaciones de este colombiano... fue realmente patético lo que dijo... y que después diga que estaba borracho, en fin... Me cuesta creer que haya gente que especule con el dolor ajeno.
-¿Usted tiene dudas acerca de la verdadera causa de la muerte de su sobrino?
-Bueno, siempre surgen dudas. En un accidente de esta naturaleza, y con todo lo que se dijo, siempre surgen dudas.
-Su relación con Zulema, ¿en qué punto está?
(La respuesta tarda unos segundos.) -Vea, sobre cuestiones de relaciones familiares yo prefiero no opinar.
Cédula de identidad
- Eduardo Menem se recibió de abogado en 1963, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba, a los 25 años.
- De su matrimonio con Susana Cristina Valente, licenciada en servicios sociales, nacieron sus tres hijos: Eduardo Adrián, el mayor, que es abogado; Martín Alexis, también abogado, y Fernando Nicolás, el menor, que cursa el primer año de la carrera de Publicidad.
- Es senador nacional por La Rioja desde 1983 (lleva dos períodos). En 1989 fue designado presidente provisional de la Cámara alta, y fue reelegido durante nueve períodos consecutivos, hasta el presente.
- Su carrera parlamentaria indica, entre otros puntos, que es miembro de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado desde 1983; que es presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto desde 1989; que fue presidente de la Convención Nacional Constituyente de Reforma de la Constitución Nacional en 1994, y que estuvo en ejercicio de la Presidencia de la Nación durante 237 días, entre el 11 de diciembre de 1991 y el 31 de diciembre de 1997.
- De sus proyectos legislativos y luego convertidos en ley, se destacan: Defensoría del Pueblo; la reforma parcial de la Constitución; modificaciones al régimen de promoción económica de las provincias de La Rioja, Catamarca, San Luís y San Juan; patria potestad compartida; creación del Ballet Nacional en el ámbito de la Secretaría de Cultura; la cláusula transitoria primera, por la que se ratifican los derechos de soberanía de la Argentina sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
- Es consejero nacional del Partido Justicialista desde 1988; secretario de Relaciones Internacionales del PJ y presidente de su partido en la provincia de La Rioja.
- Fervoroso hincha de River, tiene dos libros publicados (Nueve años en el Congreso de la Nación y La Constitución reformada) y seis condecoraciones.






