
Las primeras citas no son lo que eran. Ahora las redes sociales, los SMS y el MSN están disponibles a la hora de seducir. Pero, ¿cuál es el límite? Aquí, una guía para aprender a no abusar de las nuevas tecnologías y llegar a un segundo encuentro.
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Por Alejo kraus.
Las relaciones humanas han cambiado mucho, en parte debido a los avances en la comunicación, el auge de las redes sociales y otras tantas nuevas tecnologías, pensadas exclusivamente para relacionarse -incluso amorosamente. Ya bien adentrados en el siglo veintiuno, tal vez haya llegado el momento de preguntarnos cuáles son las reglas, cuál es el protocolo de las citas para este nuevo milenio.
Ahora hay muchas formas de invitar a una mujer a salir: podés hacerlo por mensaje de texto, por MSN, por mail o, incluso, por Facebook. Así y todo, la forma más fácil, veloz y efectiva sigue siendo el llamado telefónico: no hay espera ni incertidumbre -ella te dice que sí o que no en el momento. En caso de que no te atienda, es mejor dejar un mensaje corto que una estela de llamadas perdidas. Lo más loser de todo es mandar un mensaje de texto: "Hola, soy Fulanito. Te llamé. Llamame." Ya vio tu llamado, Fulanito, hacete hombre y dejá un mensaje de voz.
Si ella te dice que no puede, ¿cómo saber si es un NO rotundo y permanente o si, realmente, ese día está ocupada? En el segundo caso, ella probablemente te dé una señal: "Hoy no puedo, pero otro día podemos hacer algo…" Esta regla puede fallar, así que tenés hasta dos intentos; si las dos veces responde que no… El viejo proverbio que dice: "la tercera es la vencida", no se aplica en este caso.
Hoy hay mucho que podés hacer antes de una primera cita y, en consecuencia, mucho que ella también puede (y probablemente haga): una búsqueda de antecedentes, por ejemplo. Gracias a las maravillas de Google, es muy fácil hacer un chequeo sobre cualquier persona. Mientras no haya salido en ningún titular de la sección Policiales, no hay por qué alarmarse. Si ése fuera el caso de la señorita en cuestión, considerá cancelar la cita; si es tu caso, empezá a pensar una versión ATP (Apta Para Todo Público) de los hechos. Esta adaptación creíble pero menos amarillista puede servirte para citas y entrevistas de trabajo futuras. Lo más probable es que no haya nada muy llamativo ni relevante.
Si no tenés a la chica enntre tus contactos de Facebook, es mejor esperar a después de la cita –y más, también- para agregarla, de manera de parecer menos acosador y más relajado en los vericuetos cibernautas. Jamás agregues a una mujer que no conocés personalmente. ¿Para qué? ¿Porque es linda? Si es así, le estás dando un pase libre para que vea tu perfil, confirme que sos un perdedor -o lo que es peor, un pervertido mirón- y decida no dirigirte la palabra jamás.
Durante la cita, sólo hay un par de conceptos a tener en cuenta: no vayas demasiado formal, ni demasiado reo (bermudas y ojotas, no). Si venís del trabajo y estás de traje, no pasa nada. Es probable que ella esté más arreglada que vos, pero así son las mujeres y no conviene hacer ningún comentario al respecto. Jamás abuses del perfume.
Hay otro tema en el que me gustaría hacer hincapié: ¿en qué momento los hombres nos olvidamos de que existía ese botoncito fantástico, viejísimo, de bronce o cromado, llamado timbre? ¿Nos volvimos alérgicos al timbre? ¿No? Entonces, ¡usalo! Nada de bocinas, llamados o mensajes de "estoy abajo." Es tan simple como eso: apretar un botón que significa todas esas cosas.
Es bueno ir a la cita con un plan o, por lo menos, con algunas opciones. Pasarla a buscar sin nada pensado no habla muy bien de vos y puede resultar muy aburrido para ambos dar vueltas por la ciudad sin saber a dónde ir. Fuera de eso, mientras la conversación sea relajada y divertida, todos los temas están permitidos. También es importante respetar los silencios, no tratar de llenarlos todos: los silencios son sensuales y sugestivos. Es mejor callarse de vez en cuando que ponerse nervioso y decir pavadas.
Si van a comer, jamás pidas por ella ni trates mal a la moza. Si van a tomar algo, no tomes menos que ella. Hay cosas que no cambian: no importa cuán moderna, feminista, independiente o exitosa sea ella, en una primera cita, pagás vos. Tampoco importa cuánto insista ella: vos la invitaste, te toca pagar (ayer, hoy y siempre, vos pagás). Si te molesta, pensá que ella probablemente gastó más que vos en la ropa que se puso, peluquería, depilación, etc. Al final de la salida, sé un caballero y acompañala a su casa.
Después de la cita, sé discreto: contales a tus amigos, pero no a todo el mundo. No le dejes mensajes en su "muro" de Facebook y nunca -no importa cuán buena sea la historia- hables de tus conquistas en un blog o página de internet. Ya no hay reglas que determinan cuántos días tienen que pasar antes de volver a llamarla. Mientras no sea el mismo día ni más de una semana o diez días después del primer encuentro, está todo bien. Eso sí, siempre es preferible llamar a mandar un mensaje de texto. Si la llamás y atiende diciendo "La Favorita de Almagro, buenas tardes," dala por perdida.
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