
En pleno Valle de Calingasta, la posada Paso de los Patos es un oasis de lujo para gozar de la magia de vivir unos días al pie de las montañas
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Si lo hubiésemos pensado dos veces no lo hacíamos", dicen al unísono Chester Gowland y Aurelio Martín cuando empiezan a contarnos su aventura cordillerana. Con hijos ya grandes, estaban acostumbrados a viajar de a cuatro, porque están casados con dos hermanas: "La Gorda" (hace años que no usa su nombre de pila) y Claudia Parenti. "Y siempre íbamos donde recomendaba la revista Lugares". Así llegaron a San Juan, mientras viajaban por Mendoza, y después, a Barreal, pueblo del que nunca antes habían escuchado hablar. "A los veinte días, habíamos comprado este terreno", dicen confesando esa locura genial que les cambió la vida. Desembolsaron ahorros y empezaron una obra respetuosa de la historia y la tradición cuyana; el sonido de las acequias, las cortinas de álamos, el aire límpido, la amorosa atención de sus dueños y una cocina que mezcla platos familiares y recetas nuevas completan la experiencia.
Los anfitriones recomiendan
- "Cabalgatas a la precordillera y en temporada el cruce de la Cordillera por un par de días con baqueanos de aquí, verdaderos hombres de montaña".
- La siesta barrealina es casi una obligación. Para los viajeros, un verdadero disfrute.
- La Pampa del Leoncito es un gran salar donde se hace carrovelismo y es la locación de un observatorio astronómico. Uno de los cielos más límpidos del mundo para contemplar las estrellas.
- La pesca con mosca, que es uno de los secretos mejor guardados en Barreal.
Producción y texto: Silvina Bidabehere.






