
Un sueño de ciencia ficción
Inspirado en el film 2001, Odisea del espacio, un arquitecto holandés creó una cama flotante que se vende de a una unidad por país y a precio millonario
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Cuántos sueños hechos realidad han sido inspirados por la ciencia ficción Robótica, Internet, veredas móviles, clonación, telefonía celular, videoconferencias: los ejemplos son muchos y las áreas, infinitas, desde la tecnología o la medicina hasta llegar al arte o la decoración. En los últimos tiempos, elementos como el dúctil aluminio o la aparición del led (diodo emisor de luz) han cambiado y modernizado la apariencia de las casas. Los muebles y los colores actuales tienden a ser sobrios, sencillos, simples, prácticos, pero... ¿flotantes? ¿A quién se le puede ocurrir la descabellada idea de un mobiliario… flotante? A un escritor de ciencia ficción, cuándo no. En Las sirenas de Titán, una novela de 1959 considerada uno de los más brillantes clásicos del género, el escritor Kurt Vonnegut Jr. describió la idea del mobiliario sin patas: "La oficina estaba amueblada de una manera fantasmal, pues ningún mueble tenía patas. Todo estaba suspendido magnéticamente a la altura apropiada. Las mesas, el escritorio, el bar, los divanes, eran tablas flotantes".
En tal panorama aparece Janjaap Ruijssenaars, un joven holandés que concibió un sueño en apariencia imposible de cristalizar: una cama sin patas, que utiliza fuerzas magnéticas para flotar, sin necesidad de apoyos: una delgada, rectangular, lustrosa plataforma negra y metálica, cuyo elegante aspecto quita el aliento y que puede tener los usos que la mente dicte y la realidad permita. ¿Su inspiración? El misterioso monolito protagonista de otra obra maestra -fílmica, en este caso- de la ficción científica: 2001, Odisea del espacio, del recordado director inglés Stanley Kubrick...
El proyecto nació cuando Ruijssenaars, observando el ambiente que lo rodeaba, comprendió que la gravedad es el factor fundamental que rige las decisiones arquitectónicas en este planeta. "No importa dónde uno viva o en qué cultura lo hayan educado; todo el urbanismo, el diseño y la arquitectura están dictados por la gravedad. Me preguntaba si era posible hacer un objeto, un edificio o una pieza de mobiliario donde otro tipo de poder dictara la imagen", explica Ruijssenaars, exitoso arquitecto (máster en Ciencias) y fundador de la firma Universe Architecture, con sede en Amsterdam, que opera en las áreas de planificación urbana, arquitectura y diseño. La Cama Flotante es un ejemplo curioso -y notable- de este proceso de interrelación disciplinaria.
Ante el desafío de escaparle al inefable poder de la gravedad, nuestro héroe comenzó usando imanes de refrigerador y luego pasó a realizar sus propios modelos a escala con imanes cerámicos para testear su idea primigenia, hasta llegar a la concreción de lo que denomina "el primer objeto del mundo basado en la no-gravedad", en la forma de esta inusual cama. Fueron nada menos que seis años de duro trabajo junto a varios especialistas en la materia para desarrollar este proyecto. El debut mundial se produjo en junio de 2006, con la presentación del modelo 1:5 (a escala, de 60 x 26 x 4 cm) en la Feria de Millonarios en Kortrijk (Bélgica) y en la Feria del Diseño 100% en Rotterdam (Holanda), causando inmediata sensación por su concepto, pero ante todo por su increíble aspecto. El mobiliario convencional permanece en contacto con la tierra a través de la gravedad, pero mediante imanes instalados dentro del piso y de la cama (mantenida en posición horizontal o vertical por cuatro finos cables de acero), ésta supera dicha energía fundamental y cae... hacia el cielo. De ahí su nombre en inglés, Falling Up.
Gracias al uso de material permanentemente magnético (no utiliza electricidad ni otra forma de energía que el magnetismo), el modelo a escala completa soporta una carga de hasta 900 kilos (unas once personas), suspendida a 40 centímetros del piso; mide 1,3 m x 3 m x 0,25 m y necesita un espacio de 12 m x 6 m para su instalación, que puede ser tanto en interiores como en exteriores. Sus funciones y posibilidades no se quedan en la de simple lecho: también puede ser sofá, mesa de comer japonesa, plataforma para exponer productos o base para un pabellón flotante. Aun así, hay detalles para tener en cuenta: "No es del todo confortable por ahora", admite Ruijssenaars, quien sugiere el agregado de almohadones y ropa de cama antes de usarla. Asimismo, la gente con piercings u otros elementos metálicos dentro o fuera de su cuerpo no tendrá problemas para dormir en esta fascinante superficie, aunque se aconseja no interponerse con el campo magnético que fluye entre la cama y el piso.
Y un detalle extra: el campo magnético encima de la cama flotante ha sido reducido para que las tarjetas de crédito no se vean afectadas. Detalle nada menor, teniendo en cuenta los precios de esta maravilla sólo apta para millonarios: nada menos que 1.200.000 euros por el modelo a escala completa y 115.000 a escala reducida (este último se usa como objeto de arte o deslumbrante estante). La firma se encarga del traslado y la instalación y propone el sistema único de State Exclusivity, que garantiza la venta de una sola unidad por país. Más allá de la fama mundial que le ha traído su invento, Ruijssenaars no tiene que dormirse en los laureles: el mobiliario magnético de la novela de Vonnegut no fue un suceso económico debido a su impracticidad y sus costos. Pero bien sabemos, soñar no cuesta nada... a no ser, claro está, que lo hagamos en esta cama.
Más información www.universearchitecture.com






