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Refugios Mínimos

Una cabaña en el Delta para desconectar de cara al Paraná

Ana Markarian
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21 de septiembre de 2018  

Las imágenes mentales de ese lugar de serenidad que cada uno tiene dentro –casi siempre inmutables o con muy pocos cambios durante la vida, si nos ponemos a ver– son tan variadas, justamente, como gente existe. Hay algunos que meditan cada día pensando en el mismo paisaje de playa, suyo enteramente. Otros escuchan la palabra "montaña", y por tres segundos están lejos, lejos, en una porción de horizonte particular y entrañable. A otros, la vista de un lago patagónico en el protector de pantalla de su laptop los hace empezar el día con una sonrisa. Y son muchos, sobre todo en Buenos Aires, los que están tomados por el espíritu del Delta. El clac clac del agua contra los pilotes, los juncos que se mueven despacito, las sorpresas que se penetran, el estallido de un aleteo repentino, los sauces, el silencio. Pensándolo mejor, esas imágenes tan personales seguramente se parecen (con alguna diferencia en el matiz de la luz o el encuadre) a las de algún otro. Con ése tenemos que escaparnos a esta cabaña escondida.

Afuera y adentro. Saber que podemos gastarnos los ojos mirando el paisaje que cambia con la inclinación del sol y que, a dos pasos, podemos ir a hacernos un mate para saborearlo mejor.
Afuera y adentro. Saber que podemos gastarnos los ojos mirando el paisaje que cambia con la inclinación del sol y que, a dos pasos, podemos ir a hacernos un mate para saborearlo mejor. Crédito: Santiago Ciuffo

Así recibe la cabaña ‘Los Juncos’, de Isla Verde Lodge, con la tibieza irreemplazable de la leña apenas traspuesto el umbral. Son un par de días, así que el equipaje es liviano. Pero el de la ropa nomás, porque la cosa se presta para el picoteo y todos los rituales del disfrute.

En el sector del living, alfombra artesanal (Quiero Norte).
En el sector del living, alfombra artesanal (Quiero Norte). Crédito: Santiago Ciuffo

En la mesa, una trenza (Oh! Jalá) acompañada de ricuras de la cocina judía (Cinthia Lecman), pingüino de cerámica (Don Terrenal). Cubiertos de madera patinados (BeChic Market) sobre servilletas color crudo (The Simple Room) y repasador de lienzo (Agustina Cerato).
En la mesa, una trenza (Oh! Jalá) acompañada de ricuras de la cocina judía (Cinthia Lecman), pingüino de cerámica (Don Terrenal). Cubiertos de madera patinados (BeChic Market) sobre servilletas color crudo (The Simple Room) y repasador de lienzo (Agustina Cerato). Crédito: Santiago Ciuffo

Cuando el sol apunte a este tramo de galería, será el momento de apropiarse de la hamaca paraguaya. Y si no, ir emponchados, para dormitar entre su vaivén y el de las olitas.
Cuando el sol apunte a este tramo de galería, será el momento de apropiarse de la hamaca paraguaya. Y si no, ir emponchados, para dormitar entre su vaivén y el de las olitas. Crédito: Santiago Ciuffo

Grande como el mar desde la Costanera, es adentrarse en la creciente estrechez del Paraná para encontrar la paz y la delicia de sus recovecos secretos, ideales para un plan de fuga.

En la cocina, agarraderas tejidas a crochet, repasadores, pava enlozada y cafetera Volturno vintage de porcelana (todo de Don Terrenal).
En la cocina, agarraderas tejidas a crochet, repasadores, pava enlozada y cafetera Volturno vintage de porcelana (todo de Don Terrenal). Crédito: Santiago Ciuffo

¿Cocinar mirando al sudeste? ¿O hacer uso y abuso de la pava, la cafetera y correr a la playita? No hay apuro, el día da para todo.

Como respaldo de cama, una larga puerta decapada en turquesa. Almohadones en macramé (Vero Alessandrini para modernmacrame_va) y kilim ‘Outdoor’ (Mihran).
Como respaldo de cama, una larga puerta decapada en turquesa. Almohadones en macramé (Vero Alessandrini para modernmacrame_va) y kilim ‘Outdoor’ (Mihran). Crédito: Santiago Ciuffo

Luz filtrada por la cortina de junco, bien delteña, o por los paños de color de la ventana de vidrio repartido en el corredor vecino.

El machimbre pintado de blanco cubre gran parte del baño.
El machimbre pintado de blanco cubre gran parte del baño. Crédito: Santiago Ciuffo

Una composición de calcáreos viste a la pared de la bañadera. El ambiente se completa con una alfombra de seagrass (Everything) y cortina liviana.

En el muelle, reposeras en madera y colchón turquesa.
En el muelle, reposeras en madera y colchón turquesa. Crédito: Santiago Ciuffo

Uno de esos momentos cuando se siente la satisfacción sonriente y profunda de que no hace falta nada, nada más. Pero el mate sigue andando, ¿no?

Para ablandar la silla de madera, textiles teñidos artesanalmente (Texturas Urbanas).
Para ablandar la silla de madera, textiles teñidos artesanalmente (Texturas Urbanas). Crédito: Santiago Ciuffo

Mansos los perros acostumbrados al ir y venir de visitantes. Y contentos con la perspectiva de que, seguro –segurísimo–, siempre alguien les va a chiflar para que lo acompañen en su caminata exploratoria.

Playa propia y jardín. ¿Qué más se puede pedir?
Playa propia y jardín. ¿Qué más se puede pedir? Crédito: Santiago Ciuffo

Por el río, lancha colectiva recorriendo las islas.
Por el río, lancha colectiva recorriendo las islas. Crédito: Santiago Ciuffo

Nosotros los vemos. Y ellos, ¿nos verán también? Qué bueno estar apostados de este lado por una vez.

Esta nota forma parte de nuestro bookazine Refugios mínimos.
Esta nota forma parte de nuestro bookazine Refugios mínimos.

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